Los accidentes laborales en Euskadi se saldan este año con solo medio millón en sanciones

TRAUMÁTICO.Los operarios de Tubacex aplauden a la salida del féretro de Ibai, el joven de 24 años fallecido cuando solo llevaba dos semanas contratado. / SANDRA ESPINOSA
TRAUMÁTICO.Los operarios de Tubacex aplauden a la salida del féretro de Ibai, el joven de 24 años fallecido cuando solo llevaba dos semanas contratado. / SANDRA ESPINOSA

Los inspectores habían levantado 85 actas de infracción hasta mayo, periodo en el que se acumulaban ya 65 siniestros graves y 14 muertes |

ANA BARANDIARANSAN SEBASTIÁN.

La trágica muerte de Ibai, el joven de solo 24 años que falleció la semana pasada en la planta de Tubacex en Llodio, ha vuelto a traer a primer plano la crueldad de los accidentes laborales en Euskadi. La siniestralidad ha disminuido en las últimas décadas, pero sigue habiendo demasiados trabajadores que no vuelven nunca a casa tras precipitarse al vacío, sufrir una descarga o verse atrapados en una máquina. Dramas como el de Ibai lo recuerdan: acababa de conseguir un contrato como eventual tras recibir formación dual; tenía una vida por delante que se truncó al caérsele encima una pieza. Solo en lo que va de año se contabilizan 18 fallecidos en el trabajo en Euskadi, la mitad traumáticos y la otra mitad no traumáticos, debido a infartos, ictus o derrames.

Los accidentes suscitan muchas preguntas. ¿Cuáles son las causas? ¿Es la precariedad la principal de ellas? ¿Son responsabilidad del empresario? ¿Cómo se sancionan? Empezando por el final, la directora de Trabajo del Gobierno vasco, Elena Pérez Barredo, aporta los datos más recientes. Según explica, el año pasado, cuando se produjeron 169 accidentes graves y 34 muertes en jornada laboral, los inspectores levantaron 177 actas de infracción con propuestas de sanción a las empresas por un importe total de 973.574 euros. Sale a una media de 5.500 euros. La propia directora reconoce que es una cifra baja. «Soy partidaria de endurecer la ley de sanciones», confiesa. Las faltas leves se castigan con hasta 2.045 euros; las graves, con 40.985 euros máximo; y las muy graves llegan a 819.780.

Hasta mayo de este año se habían levantado 85 actas de infracción con un importe de sanción total de 480.920 euros. Además, se habían realizado 38 requerimientos para mejorar la prevención. En esos cinco meses se acumulaban ya 65 accidentes graves y 14 muertes en jornada laboral, sin contar la siniestralidad 'in itínere'.

El protocolo de actuación es el siguiente. Cuando se produce un accidente grave o mortal, al lugar se trasladan un inspector de Trabajo y un técnico de Osalan. Los dos hacen sus investigaciones e informes en perfecta simbiosis.

«Contamos con 75 profesionales (ingenieros, arquitectos, médicos...) que realizan el análisis científico técnico», explica Alberto Alonso, el director de Osalan. Pone un ejemplo: «En el caso del trabajador que falleció en Zarautz al desplomarse la grúa a la que estaba subido, analizamos por qué se vino abajo».

Los inspectores de Trabajo realizan su propia investigación y se centran, sobre todo, en los aspectos normativos. Con sus propias conclusiones y el informe de Osalan (que suele tardar entre tres o cuatro meses), levantan acta de infracción si observan incumplimientos en la adopción de medidas de seguridad y proponen una sanción, que deberá ser confirmada por la Delegación de Trabajo. La resolución suele retrasarse años debido a los recursos.

Pena de cárcel

En el caso de los accidentes mortales el proceso se complica debido a la judicialización. Entonces, tanto los inspectores como los técnicos de Osalan suelen tener que testificar para ayudar al juez a determinar las responsabilidades, que pueden ser penales o civiles.

Por ejemplo, el administrador de la empresa Lan Ondo fue condenado por homicidio imprudente a un año de cárcel por el accidente mortal ocurrido en las instalaciones de la UPV/EHU. Al trabajador, que cayó al vacío desde una cubierta acristalada, no se le habían dado medios de protección ni formación; tampoco estaba dado de alta en la Seguridad Social ni contratado como autónomo. La sanción administrativa en ese expediente fue de 250.000 euros.

Por la vía civil, lo habitual es que la familia o el propio trabajador pida un recargo de hasta el 50% en las prestaciones a las que tiene derecho por las secuelas del accidente. Son procesos que se tramitan en los juzgados de lo Social y que pueden demorarse entre dos años y medio o tres. También en estos casos se echa mano de los informes de la inspección y Osalan. «El acta de la inspección es para el juez como el atestado policial», explica Pérez Barredo.

Discrepancias

Todavía es pronto para saber qué responsabilidades se derivarán de los accidentes acumulados este año. Según los datos de Osalan, la cifra de fallecidos se eleva a 18, con uno de ellos en duda sobre su catalogación como accidente laboral (se trata del trabajador de ArcelorMittal que sufrió un infarto en enero). Al margen de futuras sanciones, sí se pueden sacar conclusiones de su análisis, si bien el director de Osalan, la patronal y los sindicatos no coinciden en muchas de las valoraciones.

De los 18 fallecidos hasta ahora, la mitad han sido por accidentes traumáticos como caídas de altura o aplastamientos; y la otra mitad se han debido a infartos, derrames o similares. «En este tipo de casos no traumáticos no hemos podido establecer vínculos entre la muerte y, por ejemplo, el estrés que la persona podía sufrir. Es habitual que el fallecido presente factores de riesgo propios como fumar en exceso o sobrepeso», explica Alonso. Los sindicatos, sin embargo, no han dudado en vincular la muerte del jefe de máquinas de Remolcadores Ibaizabal al turno de 48 horas que estaba realizando.

En los nueve accidentes traumáticos las causas son más evidentes, aunque luego haya que entrar en un estudio exhaustivo para establecer si faltaban medidas de seguridad y depurar la responsabilidad de cada cual. Las caídas de altura, los aplastamientos y las descargas eléctricas siguen siendo los grandes peligros para el trabajador, «accidentes laborales del siglo XIX en pleno siglo XXI», según el director de Osalan. Añade que en los últimos años se ha disparado la siniestralidad entre los taladores de pinos debido al «ritmo con el que se quiere talar para salvar los árboles del hongo que les infecta». En este año ya han fallecido dos trabajadores forestales, uno en Zestoa y otro en Muxika, y en el pasado ejercicio fueron cinco.

¿Está la precariedad detrás de los accidentes laborales? La responsable de esta materia en Confebask, Amaia López Iriondo, cuestiona que se pueda establecer una relación entre la calidad del empleo y las muertes en el trabajo. Se apoya en la edad de los fallecidos. «La mayoría supera los 43 años. Eso denota una experiencia», apunta.

Los sindicatos no lo ven así. «La precariedad afecta a todas las edades. Se hacen contratos por horas y no se pierde el tiempo en formación», apunta Alfonso Ríos, responsable de Salud Laboral de CC OO Euskadi. Apunta, en este sentido, el aumento de la siniestralidad en las carreteras debido a los ritmos que se exigen a repartidores y camioneros. El año pasado se contabilizaron diez fallecidos en carretera durante la jornada laboral (no 'in itínere'), entre los que figuraban dos empleados de Correos que, según sus compañeros, estaban expuestos a una creciente carga de trabajo y de presión por ir rápido.

No hay estadísticas concluyentes con los mortales, pero en la suma total de accidentes sí se observa que, por ejemplo, la incidencia es mayor entre los jóvenes y entre los eventuales frente a los indefinidos. De hecho, un tercio de los siniestros se producen en el primer año.

El director de Osalan, Alberto Alonso, parte siempre de la base de que «la culpa es del empresario porque es el responsable de la seguridad del trabajadores». Pero, ¿y si el trabajador no quiere adoptar las medidas de seguridad» Entonces, apunta, «que el empresario le sancione, pero es su responsabilidad».

Con todo, añade, entre los trabajadores persisten «ideas tan peligrosas» como que «el macho ibérico no tiene que atarse en la obra». Los hombres, señala, son los que más sufren los accidentes graves y mortales por su mayor presencia en sectores como la construcción y la industria, pero alerta de que las mujeres se ven más afectadas por otros riesgos como los psicosociales y los accidentes 'in itínere': «No paran de correr para llegar a todo».

La responsable de Confebask incide en que la siniestralidad ha bajado de forma clara en las últimas décadas. El número de fallecidos en el trabajo se ha reducido un 60% desde el año 2000 y, aunque los accidentes han repuntado con la recuperación económica, la evolución en el tiempo es positiva. «Y eso es fruto de que ha mejorado la conciencia de empresarios y trabajadores», afirma. Pero, reconoce, queda camino por recorrer y la muerte de Ibai lo recuerda.