Graphenea, líder mundial desde Donostia

Graphenea, líder mundial desde Donostia

JULIO DÍAZ DE ALDASAN SEBASTIÁN

. Dedicado a los aficionados a la historia industrial de Gipuzkoa. No la del pasado, sino la del futuro. Quizás resulte un pelín caro -o no, vaya usted a saber-, pero por 41,97 euros puede comprar 'on line' un tarrito con 0,5 miligramos de óxido de grafeno disuelto en agua. Piense que se trata de un recuerdo que un día podría valer un potosí y que quien se lo vende (desde el Parque Tecnológico de Miramón) es una compañía que -y aquí llega la sorpresa- es desde Donostia líder mundial en este novísimo y prometedor segmento, el de los nuevos materiales, con un 14% de la cuota de mercado global.

Si duda, piense que el silicio tardó veinte años en ser imprescindible y que a la fibra de carbono le sucedió tres cuartos de lo mismo. En este caso, el auge del grafeno, al menos en el campo de la investigación al más alto nivel, lleva ya un cierto recorrido. Algo ha ayudado el Premio Nobel de Física que en 2010 recibieron sus descubridores, los profesores de la Universidad de Manchester Andre Geim y Konstantin Novoselov. Y también, por supuesto, el hecho de que este compuesto, que no deja de ser una estructura bidimensional de un único átomo de carbono, ahí es nada, es el mejor conductor de la electricidad a temperatura ambiente y el material más duro conocido, unas 200 veces más duro que el acero.

investigadores

1.000
es el número de participantes que Graphenea aspira a traer en 2018 a Donostia en el Congreso anual del sector.

kilogramos

500.000
de grafeno al año sería el siguiente paso a dar. Eso supondría «industrializar la producción», según Jesús de la Fuente.

¿De qué empresa hablamos? De Graphenea; el sueño de Jesús de la Fuente (Santander, 1975), quien a fuerza de leer sobre nuevos materiales y de creer que todo es posible abandonó en 2008 (justo después de nacer su tercer hijo) la 'comodidad' de su puesto en Bilbao como consultor en el mundo de la energía en una de las grandes firmas internacionales y se vino a San Sebastián a dar forma a su aventura. Aquí encontró la acogida ideal, en el Bic Gipuzkoa y el CIC nanoGune, pilotado por Txema Pitarke, donde nació y creció un proyecto que ayer se vistió de largo con la inaguración de una planta de 600 metros cuadrados y los equipos más avanzados.

Al acto acudió el diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, quien destacó que «las 'star-up' de base tecnológica son una apuesta segura para generar la economía del futuro». «Esto es un claro caso de éxito del ecosistema de innovación del que disfrutamos», añadió, acompañado de los responsables de Promoción Económica, Ainhoa Aizpuru, y Gobernanza, Imanol Lasa, respectivamente.

Al principio, Jesús De la Fuente acudió a los amigos, pidió un préstamo con el aval de Elkargi y recabó capital de inversores locales hasta sumar 1,8 millones de euros para comprar equipamiento con el que trabajar desde el centro de nanotecnología donostiarra. El trabajo duro, unido a algunas ayudas como un programa Gauzatu del Gobierno Vasco, trajo los primeros éxitos (en 2011 llegó el primer cliente: Nokia) e hizo que Repsol apostara también por la empresa e invirtiera en 2013 un millón de euros en la compra de un 10% de las acciones. «La entrada de Repsol ha sido muy importante para nosotros; es una gran empresa energética que cuenta con sistemas muy avanzados en la investigación de polímeros y en ingeniería química», dice el directivo. Después llegaron 1,6 millones del programa Horizon 2020 SME de la Unión Europea. Todo ese empuje financiero ha permitido a Graphenea multiplicar la inversión y ganar clientes como Intel, IBM, Qualcom, Canon, Mitsubishi, Toshiba, Sygma («el Eroski de los químicos», explica el directivo) o Phillips. Hoy, la firma ya tiene una generación de caja positiva, ha crecido de manera exponencial y vende en medio centenar de países, sobre todo en Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Alemania y Reino Unido.

Su facturación alcanza los 2 millones de euros en un mercado total de 14 millones que, según las previsiones que maneja De la Fuente, llegará a los 300 millones en 2025. Si Graphenea mantuviera su trozo del pastel (el objetivo es aumentarlo de modo notable) no hablaríamos entonces de dos sino de 42 millones.

Los modernos laboratorios estrenados ayer tienen una capacidad de producción de 1.000 kilos de grafeno al año mediante dos técnicas distintas. Una de ellas produce esa dilución en agua y la otra (denominada CVD) logra una lámina finísima con la que experimentar después.

Y ¿quién compra ese material? Aún no hay productos en el mercado, así que los clientes son los laboratorios de grandes multinacionales tecnológicas y también pequeñas 'start-up', como lo fue en su día Graphenea. Con todo por hacer, el grafeno (que ya estaba en la naturaleza en el grafito, aunque dispuesto en miles de capas) se usa en los semiconductores, la fotónica, los biosensores, los polímeros avanzados y las baterías, entre otros. De la Fuente estima que el mercado madurará y habrá ya productos en serie que incorporen grafeno «en unos cinco años más o menos».

El mejor

«No vale hacerlo bien, tienes que ser el mejor», subraya De la Fuente, que este año regresará con su familia de Boston, donde viajó en 2013 (cuando sus hijos tenían 8, 12 y 14 años) para estar en el 'hub' internacional de la innovación; cerca de Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La ambición es tanta como la ilusión, y el siguiente salto que pretende Graphenea es multiplicar por 500 su capacidad de producción.

La bergaresa Amaia Zurutuza es el 'alma mater' y directora científica de esta empresa, que emplea ya a 25 personas, casi todas mujeres. Representa el retorno del talento a casa, pues fue fichada al inicio de la aventura cuando trabajaba para el sector farmacéutico en Escocia.

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