Pelota

A Urriza no hay quien le tosa mano a mano

Urriza, eufórico con su sexta txapela individual. /JOSÉ MARI LÓPEZ
Urriza, eufórico con su sexta txapela individual. / JOSÉ MARI LÓPEZ

El expalista pamplonés logra su sexta txapela del Individual tras arrollar a Uterga en una final muy fría y falta de emoción

Enrique Echavarren
ENRIQUE ECHAVARREN SAN SEBASTIÁN.

Javier Urriza dio un paso más para entrar en la historia del remonte al conseguir ayer en Galarreta su sexta txapela individual, la cuarta consecutiva, ante Xanti Uterga. El delantero pamplonés se subió a lo más alto del podio casi sin despeinarse tras ser protagonista incuestionable de una final floja, desangelada y en la que impuso su poder desde el principio. El millar de pelotazales que ocuparon las gradas del frontón largo hernaniarra esperaban un partido más competido, con emoción, alternativas en el marcador, pero se quedaron fríos ante la manifiesta superioridad del vigente campeón.

30 URRIZA

15 UTERGA

Tiempo de juego:
52 minutos y 27 segundos. 7:23 de juego real.
Pelotazos a buena:
144.
Tantos de saque:
Urriza, 9. Uterga, 3.
Faltas de saque:
Urriza, 2. Uterga, 0.
Tantos en juego:
Urriza, 18. Uterga, 8.
Tantos perdidos:
Urriza, 2. Uterga, 3.
Marcador:
0-1, 2-1, 2-3, 7-3, 7-4, 9-4, 9-5, 13-5, 13-6, 15-6, 15-9, 16-9, 16-10, 18-10, 18-11, 21-11, 21-12, 24,12, 24-14, 27,14, 27-15 y 30-15.
Momios de salida:
100 a 60 a favor de Urriza. 40 a 100 por abajo.
Botilleros:
Seve Arcelus con Urriza y José Javier Etxeberria con Uterga.
Incidencias:
muy buena entrada en Galarreta. 950 personas. Gran ambiente.

Urriza, que no las tenía todas consigo tras no haber jugado como acostumbra en la liguilla clasificatoria, saltó a la cancha un poco tenso. Además de la txapela, estaba en juego su hegemonía. Pero como bien decía Seve Arcelus, su botillero, lo mejor que tiene es la cabeza. No le tembló el pulso en ningún momento, jugó muy serio, no hubo concesiones a la galería salvo el dos paredes con el que sumó el 13-5. Nada más. Soltó el brazo cuando quiso y tuvo en el saque a su mayor aliado. Logró nueve tantos con el disparo inicial. Ahí cimentó la victoria.

Esperaba encontrarse con más oposición por parte de Uterga, pero el alcalde de Doneztebe tuvo uno de esos días torcidos en los que por mucho que lo intentes no te sale nada. Lo malo es que fue en la final. De nada le sirvió haberse impuesto a Urriza en la liguilla. Él mismo era consciente de que ganar dos veces a Urriza en el mismo campeonato era muy complicado. Pero se lo puso muy fácil, demasiado.

Apenas le inquietó salvo en los compases iniciales. Tocó muy poco la pared izquierda, era incapaz de sobrepasar a su rival al no darle altura a la pelota y entregó mucho para que Urriza sacara a relucir la potencia de su brazo. Así es imposible tener opciones de conquistar la txapela. Era la tercera intentona y volvió a salir rana. Pero Uterga no es de los que se viene abajo fácilmente. El año que viene volverá a luchar por el premio más grande.

La final comenzó con un tanto de saque de Uterga -luego solo lograría dos más-, pero a partir de la igualada a tres, el partido comenzó a romperse a favor de Urriza. El pamplonés, despejados los nervios iniciales, imponía su ley sobre la cancha al no encontrar respuesta en un Uterga al que cada tanto que caía en el casillero de Urriza suponía una puñalada en su frágil moral. Con una tacada de cinco tantos consecutivos, Urriza le dio la vuelta al 2-3 y empezó a edificar lo que a la postre sería un triunfo más que holgado.

Dueño y señor

Llegó a la primera decena doblando a su rival en el luminoso (10-5) y, además, dando la sensación de que era dueño y señor de la contienda. Uterga intentaba incomodarle, pero su esfuerzo caía en saco roto una y otra vez. Por si fuera poco, el vigente campeón abortaba cualquier intento de reacción gracias a sus impresionantes facultades físicas, que le permitieron llegar a pelotas que otros hubieran dado por perdidas.

La gran defensa de Urriza y la falta de intensidad de Uterga provocaron que aumentará la diferencia en el marcador. El pamplonés parecía otro remontista al de la liguilla. A base de constancia se marchó hasta el 15-6. Jugó muy cómodo porque Uterga no le obligaba. También hay que decir que le acompañó la suerte en algunos tantos. No había color salvo el rojo del gerriko de Urriza.

Uterga, con el partido perdido, protagonizó un tímido intento de reacción con tres tantos consecutivos -arrimó primero la pelota a la pared tras mandarla antes al rebote, Urriza envió el cuero al colchón superior y el de Doneztebe logró el segundo de sus saques-, pero se quedó en nada (15-9). Urriza siguió a lo suyo, sin descomponerse. Como un martillo pilón, llegándose a la segunda decena con un más que expresivo 20-11. El dominio de Urriza era absoluto. Uterga, al no poder complicarle las cosas con el saque ni dominar con el resto, acabó rendido ante la evidencia tras encajar cuatro saques en la última decena. La suerte estaba echada mucho antes.

Eso sí, el doneztebarra dejó una pincelada -lamentablemente solo una- de su calidad al devolver una pelota complicadísima de revés en el 3-3. Improvisó sobre la marcha. Le hizo falta más magia para ganar.

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