Mucho novillo para un becerrista

Mucho novillo para un becerrista
Miguel Herreros

Peio Etxeberria jugará el Manomanista de Primera tras imponerse en la previa de Aspe en el Adarraga a Zabala, a quien el partido le vino demasiado grande

Enrique Echavarren
ENRIQUE ECHAVARREN

Peio Etxeberria se ganó a ley su presencia en el Manomanista de Primera al imponerse con claridad a Javier Zabala en el Adarraga de Logroño en la previa de Aspe. El delantero de Zenotz se verá las caras en dieciseisavos con otro debutante, Asier Agirre, verdugo la víspera en el Labrit de Jon Ander Peña. El estreno de ambos en la competición reina de la pelota profesional tendrá lugar el domingo, de nuevo en la capital riojana. Al vencedor le espera en octavos Rezusta y en el último peldaño de la escalera figura Elezkano II.

Peio Etxeberria tiró de su aún escaso oficio -debutó el 3 de noviembre de 2017 en Larraintzar-, para desembarazarse de un Zabala al que le vino grande el partido. A pesar de ser dos años mayor que su rival -22 el riojano por 20 el navarro-, dio la impresión de estar poco hecho. Era su segundo partido como profesional tras el estreno de hace dos semanas y, al igual que le paso en su día a su paisano Salaverri, todavía le hacen falta tomar muchos Colacaos para competir con sus nuevos compañeros de empresa.

El delantero logroñés se presentaba avalado por el título de campeón del Mundo conseguido en octubre en Barcelona y tenía ante sí la oportunidad de disputar el Manomanista de Primera sin necesidad de pasar por el filtro del de Promoción. La desaprovechó.

No tiene poso todavía, aunque sí detalles. No puede presentarse a una novillada sin estar suficientemente placeado, sin haber conocido con anterioridad lo que sale por la puerta de toriles. Eso le sucede habitualmente a muchos becerristas. Les regalan los oídos con una ensalada de elogios. «Bien, chaval, eres un fenómeno» o «este chico tiene pellizco», pero a la hora de la verdad quien tiene que atarse los machos en la habitación mientras se viste, quien tiene que hacer el paseíllo y pisar el albero es uno mismo. Y, en la mayoría de ocasiones, la realidad se impone. La falta de experiencia se paga muy caro. Puedes salir por la puerta del triunfo, o por la contraria, la de la enfermería.

Eso fue precisamente lo que le pasó a Zabala. Un novillo encastado proveniente de Zenotz sacó a la luz sus carencias. Con capote, muleta y a la hora de entrar a matar. O sea, resto, peloteo y remate. Alguna pincelada suelta, un molinete o una trincherilla. O sea, un derechazo, un dos paredes. Y poco más. Peio Etxeberria le pasó literalmente por encima. Fue muy superior. El propio Zabala lo reconoció.

El primer puntazo corrido lo recibió con el saque, jugada con la que el delantero navarro se apuntó siete tantos. Las manos del pelotari riojano se mostraron muy endebles, como si no tuviesen fuerza ni siquiera para sujetar la esclavina del capote. El segundo llegó en el peloteo, donde Peio Etxeberria estuvo mucho más entero. Aguantó los arreones de su rival cuando quiso endurecer los tantos y salió casi siempre airoso. Tiró de casta para poner en el frontis pelotas complicadas. Y el tercero y definitivo en el número de errores cometidos. Zabala se fue a la decena. Ahí acabó por hundirse. Se le fue el novillo al corral.

El 8-0 con el que Peio Etxeberria inició la contienda fue una losa pesada de levantar para Zabala, que muy pronto se dio cuenta de que no se puede salir a hombros todos los días, que no todo son días de vino y rosas. Para hacerlo hay que darlo todo en el ruedo, en este caso el frontón. De los errores también se aprende. De las cornadas, también.

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