Luto en la pelota

El último pelotazo del 'Hércules de Asoliartza'

El funeral en la parroquia de San Vicente, en San Sebastián./Mikel Fraile
El funeral en la parroquia de San Vicente, en San Sebastián. / Mikel Fraile

La parroquia de San Vicente, en San Sebastián, ha reunido a familiares de Miguel Gallastegi y a pelotazales que han querido despedirse del mítico zaguero eibarrés

Enrique Echavarren
ENRIQUE ECHAVARREN

Miguel Gallastegi dio este lunes su último pelotazo. No lo hizo en el Astelena de Eibar, su frontón, donde debutó con 18 años, sino en la iglesia de San Vicente de Donostia, que se llenó para dar cabida a la legión de pelotazales que quisieron despedirse del mítico zaguero eibarrés. El 'Hércules de Asoliartza', caserío del barrio de Amaña de Eibar donde nació el 25 de febrero de 1918, falleció el pasado viernes en su domicilio de la capital guipuzcoana a los 100 años de edad. Será recordado por sus tres títulos del manomanista -1948, 1950 y 1951-, por haber acabado con el reinado del azkoitiarra Atano III, por haber dignificado este deporte enfrentándose a quien hiciera falta y por sus hazañas dentro de la cancha. Gallastegi marcó una época en la historia de la pelota. Entra en la leyenda como uno de los grandes. Su imagen en la contracancha del Astelena perdurará con el paso del tiempo, así como en la memoria de todos.

A pesar de que la temperatura no invitaba -a la hora del inicio del funeral el termómetro marcaba seis grados-, sus familiares se sintieron reconfortados por las palabras de condolencia y ánimo de aficionados de todas las generaciones. La figura de Miguel Gallastegi, aquel mocetón de 1,86 metros que fue llamado a filas en la Guerra Civil y quien tras la contienda sacaba a pelotazos a sus rivales en los frontones, estaba presente. Bonachón, conversador infatigable, amante de la buena mesa, se desvivía por los suyos. Era feliz junto a sus hijos, Miguel, María y Luis, nietos y biznietos.

Misa sencilla y sentida

La misa, oficiada por Xabier Andonegi, eibarrés de nacimiento como Miguel Gallastegi, fue sencilla, pero muy sentida. Un coro formado por miembros del Orfeón Donostiarra cantó el Ave María de Franz Schubert, Euzkitze le dedicó un bertso y José Ignacio Ansorena, director de la banda municipal de txistularis de Donostia, tocó el txistu en su honor.

Euzkitze cantó un bertso y José Ignacio Ansorena tocó el txistu durante el funeral

Su nieto Javier le dedicó unas palabras cargadas de emotividad y cariño. «Hace casi un año celebrábamos el aniversario del aitona. Fue un día mágico para todos nosotros. Al inicio de su carrera como pelotari algunos dudaban de él, siempre nos recordaba aquel partido que le ganó a Mondragonés. Era carismático, elegante, un icono de la cultura. Nos inculcó su alegría y su capacidad de sufrimiento. Trataremos e vivir con esos valores. Un día me dijo 'si tuviese diez años menos no sabrías las cosas haría, me quedan muchas por hacer'. Esté donde esté ahora, volverá a encontrarse con la amatxi y seguirá haciendo lo que más le gustaba, jugar a pelota».

«Esté donde esté ahora seguirá haciendo lo que más le gustaba, jugar a pelota», dijo su nieto

Fueron muchos los rostros conocidos que quisieron arropar a la familia Gallastegi en estos duros momentos. Entre ellos los excampeones manomanistas Luciano Juaristi Atano X, Joxan Tolosa y Ladis Galarza. También otro campeón, Oinatz Bengoetxea, acudió al funeral.

Fernando e Isabel Vidarte, cuyo abuelo Enrique fue el primero en darse cuenta de las condiciones que atesoraba el zaguero eibarrés cuando solo tenía diez años, encabezaron la representación de la empresa Aspe, que regenta el Astelena, el segundo hogar de Gallastegi durante décadas, acompañados por Inaxio Errandonea, director comercial de la empresa armera.

A su lado el expalista, seleccionador nacional y botillero del remontista Javier Urriza, Seve Arcelus, quien charlaba con el zaguero de Amezketa a la entrada de la iglesia. También vimos al expelotari Iñaki Aldazabal, Aldazabal III, el bombardero de Arrate, a quien le unía una gran amistad con la familia Gallastegi. Lo mismo que el exremontista Javier Bereziartua, copropietario del asador Portuetxe de Donostia, acompañado de su hijo Borja. La familia Gallastegi había convertido una de mesas, la que estaba en la entrada, justo detrás del biombo, en su cuartel general durante muchos años. Con ellos compartió mesa y mantel en infinidad de ocasiones Julen Amondarain, corredor de apuestas de Galarreta.

Galarreta, su otra casa

Otro excampeón remontista, Juan Carlos Intxauspe. Gallastegi acudía siempre que podía a Galarreta, acompañado por sus hijos. El remonte era otra de las modalidades de la pelota por la que sentía devoción. Joxe Artetxe, presidente de Pilotarien Batzarra, junto a Rafa Etxeberria, ex gerente de Asegarce.

Los campeones Luciano Juaristi, Joxan Tolosa, Ladis Galarza y Oinatz Bengoetxea, presentes

Pero no todos los presentes estaban relacionados directamente con el mundo de la pelota. El exciclista Txomin Perurena también hizo acto de presencia, al igual que aficionados a la pelota vinculados al mundo del fútbol como el expresidente realista Miguel Fuentes o los exconsejeros Iñaki Gabilondo y Luis Lecona. Otro Gabilondo, Patxi, secretario de la Federación Guipuzcoana. La representación del Eibar, localidad natal de Gallastegi, corrió a cargo de Mikel Larrañaga, presidente de la fundación del club armero. E incluso de la política, aunque ya no ejerzan como el exdiputado general de Gipuzkoa Román Sudupe o el exalcalde de Irun Alberto Buen Lacambra. Y el periodista Xabier Zabaleta, autor de varios libros de pelota. Todos estuvieron con Miguel Gallastegi en su último pelotazo.