Pelota

Veintiún tantos para desbloquearse

Irribarria ejecuta un saque ante la mirada de su compañero Zabaleta y Olaizola II./IRATI AIZPURUA
Irribarria ejecuta un saque ante la mirada de su compañero Zabaleta y Olaizola II. / IRATI AIZPURUA

Irribarria corrige el rumbo y jugará mañana la final del Labrit con Zabaleta. El zurdo de Arama atacó con seriedad atrás y, pese a la presión del resultado, cobró un puñado de buenos remates, la mayoría antes del 11-12

Joseba Lezeta
JOSEBA LEZETASAN SEBASTIÁN.

Iker Irribarria celebró su tanto 21 la noche del miércoles en el Labrit con un gesto mitad alegría mitad rabia, más propio de un campeonato oficial que de un torneo de verano. Pegó fuerte atrás y Ander Imaz no pudo devolver a buena la pelota. Significaba el pase junto a su compañero Zabaleta a la final del Torneo San Fermín, que se disputa mañana por la tarde.

La presión, los nervios, la responsabilidad y seguramente la exigencia que se marca él mismo después de proclamarse campeón manomanista con 19 años y del Parejas con 20 persiguen al de Arama desde que entró en una dinámica negativa de resultados. El sábado, en el primer partido del grupo A, encendió las alarmas con una pobre actuación pese a la victoria. En su segunda aparición en Pamplona, por contra, firmó un partido convincente en la línea de lo que el pelotazale espera de sus condiciones, de su pegada, de su prodigiosa zurda, de su potencial indudable.

Atacó con sentido a Ander Imaz, mantuvo a raya a Olaizola II, se sumó al bombardeo de Zabaleta hacia el rebote del Labrit y se lanzó al remate con el gancho, la volea, la parada al txoko y la cortada. También defendió la pared con la solvencia de la que careció cuatro días antes en el mismo escenario. La cascada de fallos de su zaguero obligó además a que la aportación ofensiva de Irribarria fuera fundamental ante una pareja de Asegarce que, dominada en el peloteo, resistió en la medida de lo posible.

Irribarria llevaba ocho tantos de cosecha propia cuando los azules tomaron por primera vez la delantera en el electrónico: 11-12. Aimar Olaizola y Ander Imaz, que necesitaban ganar 22-14 o con mayor diferencia para ser finalistas, vieron arrancadas de cuajo sus opciones personales en cuanto Irribarria y Zabaleta sumaron el 14-15. Sin embargo, el de Goizueta y el de Oiartzun siguieron como si no pasara nada en busca de la victoria y de hacer un favor a Arteaga II y Albisu, compañeros de Asegarce pendientes del resultado ya que tenían opciones de acabar primeros de grupo.

Iker Irribarria se encogió. No a la hora de pegar porque mantuvo su persistente ataque atrás, sino en el momento de apuntillar. Pesaban la obligación de sumar 21 tantos y la necesidad de un logro deportivo después de meses alejado de los focos cuando llegan las grandes citas del calendario, llámense semifinales o finales.

Aguantó Ander Imaz de tal manera que los colorados llegaron a adelantarse 20-18. Los de Aspe estaban a tres tantos de su objetivo, el 21, mientras que a Olaizola II y a su zaguero les faltaban dos para llegar al ansiado 22.

Liberado de la presión

Reaccionaron a tiempo el delantero de Arama y el zaguero de Etxarren. Tres de los cuatro últimos tantos llevaron la rúbrica de Irribarria, quien con el 21 en su casillero, liberado ya de la posibilidad de caer eliminado, resolvió con un remate de aire. Entró de zurda para poner larga la pelota por la pared izquierda y rebasar la defensa de Olaizola II. Hacía veinte tantos que no terminaba uno de aire. Desde el 11-12.

Tanto el resultado como el rendimiento personal dentro del nivel de exigencia que corresponde a su talla, deben ayudar a Irribarria a despojarse de las urgencias que parecen asaltarle en los últimos tiempos cada vez que salta a la cancha para demostrar los frutos de su indudable trabajo en los entrenamientos.

Tampoco basta con dar un paso al frente. Necesita encadenar varios para borrar de su cabeza que ha ganado únicamente 21 de sus 64 encuentros desde la derrota ante Bengoetxea VI en la final del Manomanista de 2017. Su porcentaje de triunfos se sitúa desde entonces en un bajo 36%. Sin olvidar de donde viene y sin perder de vista hacia dónde va, la final de mañana hay que tomarla como una oportunidad. Gane o pierda.

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