Pelota

Gallastegi, un grande del Manomanista

Miguel Gallastegi, en Eibar./MORQUECHO
Miguel Gallastegi, en Eibar. / MORQUECHO

Mondragonés, Azkarate, Retegi I, Retegi II, Eugi, Beloki, Olaizola II y Martínez de Irujo, las otras figuras que dominaron su época El reinado del pelotari que arrebató la txapela a Atano III se extendió desde 1948 a 1953

Joseba Lezeta
JOSEBA LEZETA

Las txapelas obtenidas en los tres grandes campeonatos de la pelota a mano profesional, Manomanista, Parejas y Cuatro y Medio, marcan en buena medida el valor de los pelotaris actuales. El brillo del palmarés es la principal referencia de los seguidores de este deporte, principalmente desde que en 1989 la competición de la jaula engrosara un calendario en el que el Manomanista siempre ha ocupado un espacio primordial y en el que el Campeonato de Parejas se disputa de forma ininterrumpida desde 1989, hace ya cuarenta años.

Miguel Gallastegi, sin embargo, fue protagonista sobre las canchas de una época de la pelota con otras consideraciones a la hora de calibrar el valor real de sus actores. En la década de los 50 y de los 60, cesar la actividad habitual de unos frontones llenos para que los pelotaris disputaran cualquier torneo oficial de parejas suponía un contratiempo económico para la empresa. Estas respetaban y conservaban el Manomanista por historia, por el deseo de medir de manera individual a los manistas, algo atractivo cien por cien para el pelotazale. Sin embargo, prevalecía el deseo de mantener una actividad semanal con los frontones llenos, las apuestas a pleno rendimiento y sin necesidad alguna de ingresos por publicidad y televisión. Otros tiempos.

Gallastegi forjó su carrera alejado de cualquier foco ajeno al pelotazale o al de la prensa escrita. Alguna fotografía de vez en cuando... y punto. Eso no le impidió llevar a cabo una revolución personal tanto a nivel de preparación como a la hora de acudir a distintas llamadas para jugar en frontones alejados de los circuitos habituales. Jugaba en Francia, en Madrid... Su estatus, avalado por los resultados y una capacidad pocas veces conocida de equilibrar combinaciones imposibles, le permitía asimismo exigir ante los empresarios.

De todas maneras, el Manomanista forma parte de su leyenda. No podía ser de otra manera. Miguel Gallastegi aparece en los primeros años de una competición que, siendo el eibartarra pelotari, conoció una transformación de primer orden al pasar a manos de la Federación Española de Pelota. El desafío al campeón bajo un formato de tres partidos en el que el aspirante necesitaba ganar dos para desbancarle deja paso a un torneo más abierto y con varios participantes, bajo el formato de escalera en la mayoría de ocasiones. Además, era bianual en aquellos inicios, otra muestra clara de que las prioridades de los empresarios eran otras.

En su época en activo, el desafío al campeón da paso a un torneo más abierto

La duración de los reinados manomanistas ayuda a calibrar la trayectoria de los distintos referentes de la pelota a mano, si bien los tiempos han cambiado. Y no solo porque se dispute anualmente en lugar de cada dos años. Fórmulas que obligan a disputar mayor número de encuentros para alcanzar el objetivo afectan al grado de dificultad. Si alguien está lesionado en el momento de la disputa del campeonato no se le espera hasta su recuperación, sino que pierde sus opciones.

Lo que no ha cambiado es la influencia de la dimensión de los pelotaris a los que debes enfrentarte, principal dificultad que uno encuentra sobre la cancha al margen de sistemas de competición. Así, Gallastegi pasa a la historia por ser quien destronó a Atano III, el campeón de campeones, el pelotari que retuvo el título durante 22 años, desde 1926 hasta 1948, tras arrebatárselo a Mondragonés, txapeldun entre 1917 y 1926. Nadie retó al mítico azkoitiarra durante muchos años. Nadie dudó sobre su hegemonía, refrendada con cuatro victorias desde que en 1942 se instauró el Manomanista como alternativa a los desafíos al campeón.

Entra en la historia por destronar a Atano III, el campeón de campeones

Miguel Gallastegi inscribe por primera vez su nombre en el palmarés a los 30 años, tarde en comparación con otros campeones. Ello no le impide extender su dominio desde 1948 a 1953, fecha en la que desavenencias con la empresa le llevan a renunciar a la defensa de la txapela en una final que proclama vencedor al aspirante, Barberito I, sin que ninguno de los dos protagonistas llegara a saltar a la cancha. El zaguero eibartarra tenía 35 años.

Tras Gallastegi entra el Manomanista en una fase de alternancia con cinco campeones entre 1953 y 1959. Falta un dominador, pero abundan los grandes pelotaris. Arriaran II y Ogueta suman dos títulos cada uno; uno, por sumparte, Barberito, Soroa y García Ariño I, que repetiría victoria unas ediciones después.

La década de los 60 supone la llegada de Hilario Azkarate, vencedor de seis txapelas entre 1960 y 1968 aunque Atano X en dos ocasiones y el citado García Ariño I en una le impiden hacerlo de forma consecutiva.

Juan Ignacio Retegi, el I de la dinastía de Eratsun, toma el relevo entre 1969 y 1976 con otras seis txapelas. Julián Lajos, ganador de dos en ese mismo periodo, es su principal alternativa. Retegi I significa también la primera aparición navarra, a la que seguirán otros muchos. Incluido su sobrino Julián, el más laureado en número de txapelas con once, récord absoluto. Retegi II surge tras los éxitos de Iñaki Gorostiza y de Bengoetxea III, este por partida doble. Entre 1980 y 1994 solo Joxan Tolosa, con una, y Ladis Galarza, por partida doble, discuten la hegemonía de uno de los mejores manomanistas de todos los tiempos, un deportista con un gen competitivo fuera de lo común.

Intercalado Fernando Arretxe, txapeldun en dos ocasiones, el Manomanista adopta entre 1995 y 2003 una bicefalia con Rubén Beloki y Patxi Eugi. El zaguero de Burlada se impone en cuatro ocasiones y el delantero de Aoiz en tres, con la particularidad de que en 1995 se otorgan dos títulos al organizar Asegarce y Aspe torneos paralelos. Sin embargo, cuando todo parece indicar que este dominio se va a extender en el tiempo, otras dos figuras de primer calibre sustituyen a sus predecesores para desarrollar entre 2004 y 2014 otro duelo para la historia: Martínez de Irujo contra Olaizola II. El de Ibero inscribe cinco veces su nombre en el palmarés, mientras que el de Goizueta, todavía en activo a sus 39 años y sin renunciar todavía a ampliar su palmarés, levanta cuatro trofeos de ganador. Durante ese periodo solo Bengoetxea VI en 2008 y Xala en 2011, se inmiscuyen en un toma y daca sin parangón en el Manomanista que da mayor empaque, si cabe, a sus éxitos.

Tras la aparición de Urrutikoetxea en 2015, la competición reina de la mano parece inmersa en un momento que recuerda a aquel entre 1953 y 1959 con cinco campeones distintos en siete ediciones. Ahora lleva cuatro entre 2015 y 2018: Urrutikoetxea, Irribarria, Bengoetxea VI y Altuna III. Nadie ha encadenado dos títulos consecutivos desde que Aimar Olaizola revalidara en 2013 el cosechado en 2012.

Miguel Gallastegi ha sido durante estos años testigo directo y fiel de lo acaecido en el Manomanista. Con saque libre o sin él. Con escalera u otros sistemas de competición. Con pelota fuerte, la que le gustaba, o 'francesa', como llamaba a esa ligera que no iba en absoluto a su forma de entender este deporte. Ha disfrutado de todos ellos sin perder nunca su sentido crítico. Ha acudido fiel a las comidas de campeones en las que ocupaba un lugar de privilegio, bien merecido. Por primera vez en cien años, el Manomanista se disputará lejos de la mirada de una de sus figuras más respetadas. El de 2019 será el primer campeón post Gallastegi.

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