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Peio Etxeberria, el amigo de la pared izquierda

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Ignacio Pérez

Peio Etxeberria, el amigo de la pared izquierda

Una zurda de lujo y un físico poderoso llevan al de Zenotz a la primera txapela del Cuatro y Medio ante un Zabala desdibujado y sin capacidad de reacción

Joseba Lezeta

San Sebastián

Domingo, 16 de noviembre 2025, 19:42

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La pared izquierda es una de las principales enemigas de los manistas. La mayoría sufren cuando la pelota se aproxima a sus inmediaciones. No es el caso de Peio Etxeberria, que ha entablado amistad con ese muro endiablado, traidor la mayoría de las veces para el resto. En la pared izquierda del frontón de Amorebieta torturó el de Zenotz a Larrazabal. En la de Elizondo buscó las cosquillas a Ezkurdia. En la del Atano III martilleó a Altuna III. Y en la del Bizkaia obligó una y otra vez a Zabala hasta que a medio partido, con ventaja suficiente y la moral por las nubes, se desmelenó el de Zenotz para dibujar jugadas de diversa factura, bonitas la mayoría y eficaces todas.

Desde la pared izquierda resta de maravilla los saques Peio Etxeberria. Posee tal calidad y solidez en ese apartado que es capaz de pasar de supuesto dominado a claro dominador. Mete la zurda a media altura y abre la pelota hacia el ancho. Evita así los posibles ganchos y paradas al txoko del oponente. Y si encuentra el ángulo, asalta el centro de la cancha para tomar la iniciativa del peloteo. Solo si no queda otro remedio, espera a que salga de esa pared amiga para coger la mayor altura posible en el frontis.

El Campeonato del Cuatro y Medio tiene el 21º campeón de su historia. Si Peio Etxeberria celebró la victoria en la semifinal con un saludo emocionado a su botillero y amigo Andoni Gaskue más un guiño a su abuelo, la dedicatoria definitiva la guardaba para la final, para la txapela. Sin calársela todavía sobre su cabeza, corrió escaleras arriba entre las butacas de cancha para encontrarse con su madre, su primera compañera de viaje. Un abrazo para el recuerdo. Al lado de María Nela Vittorini, las lágrimas asomaban en los ojos de Paco Caballero, el pelotazale que ha acompañado a Peio al frontón desde que era un niño. También ayer a la final.

Por fin el especialista es campeón en su distancia preferida, en ese acotado donde ha ganado en cuatro ocasiones a Jokin Altuna. Por fin reina en la jaula gracias a una zurda de oro cada vez más disciplinada y mejor gestionada por una cabeza asentada con el tiempo, capaz de ahuyentar fantasmas como aquellas cuatro faltas de saque cometidas frente a Ezkurdia en Zumarraga en el Torneo San Fermín del cuatro y medio de 2024. Para entonces ya había sido subcampeón en el campeonato oficial.

El Peio Etxeberria de este año comenzó con un tropiezo ante Jaka que le dejó sin margen de error. «A partir de ahora todos los partidos son finales para mí», confesó consciente de dónde se encontraba. «Ojalá juegue cuatro». No solo las ha jugado, sino que las ha ganado.

Crecido ante la dificultad

Hace un tiempo habría acusado caminar encima del alambre. Este Peio Etxeberria, por contra, siempre se ha sobrepuesto a las dificultades. Desde los 15 años, cuando perdió a su padre. También cuando se quedó fuera del Manomanista en dos ocasiones. En la primera se alineó en Segunda y salió campeón. O este verano al quedarse sin titularidad en el Masters. Ha salido de todos los atolladeros a base de dedicación, de insistencia, de entrenamiento... Sabe que es la única manera.

Ya dentro de la cancha posee un arma temida hasta hace poco y letal este otoño. Su zurda pudo esta vez con la de Zabala, también brillante pero menos perseverante. Peio Etxeberria salió con la idea clara de jugar largo al riojano por la pared izquierda. Si la estrategia le había servido antes, por qué no ayer debió pensar.

Zabala no supo cómo salir de allí. Tocó la pared izquierda para abrir la pelota hacia el ancho como hizo ante Peña II en el Beotibar en la segunda jornada de la liguilla. Etxeberria aguantó de derecha para encontrar la manera de poner de nuevo en marcha la zurda. Tampoco el de Logroño encontró los pies del contrario, que adelantó su posición con buen criterio para entrar de aire.

Si bien tres de los cuatro primeros tantos largos subieron al casillero de Zabala, la tarea de demolición estaba en marcha. Cruzaron la barrera de los 100 pelotazos en el 6-4. El futuro campeón, el ganador de la txapela en su tercera final en esta competición, estaba ya inmerso en un parcial de 14-1 -del 2-4 adverso al 16-5 favorable- que dejó el partido visto para sentencia.

Después aparecieron los ganchos, las dos paredes, el lucimientos. Ya lejos de la pared izquierda, de esa amiga inseparable de Peio Etxeberria.

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