No ha habido ni color

KOTETO EZKURRA

Urriza es justo campeón. Lo ha demostrado en la cancha. Parecía que tenía dudas porque los resultados que había cosechado en la liguilla -perdió el primer partido precisamente contra Uterga- no eran los que él quería, pero las ha despejado completamente. Esperaba más de la final, como todos, pensaba que se iba a ver otro partido, sobre todo después de ese precedente, pero Urriza se la ha ventilado en un plis plas. No ha habido ni color en la cancha. Su superioridad ha sido incontestable.

A Uterga no le he visto suelto en ningún momento. Al contrario, agarrotado. Apenas le ha inquietado a Urriza. Puede ser por la presión de disputar una nueva final, pero apenas ha intentado cruzarle la pelota por la pared izquierda. Su juego ha sido muy débil y así es muy complicado hacerle daño a un pelotari tan completo como Urriza. Es entendible. Vienes al frontón con el hándicap de que tu rival es el favorito y con la idea de dar la sorpresa, pero cuando las cosas no salen bien desde el principio te vienes abajo.

Urriza ha ido de menos a más durante el campeonato y en la final ha sido más seguro y más fuerte que Uterga. Ha ido adquiriendo confianza a medida que el marcador le era favorable, ha jugado de forma arrolladora. Le ha cogido el tranquillo al mano a mano. Los contrarios cometen el error de jugarle asegurando al siete. Ahí es imposible de rebasar. La única forma de hacerle daño es moviéndole en la cancha. Debes arriesgar desde el primer tanto. Uterga no lo hizo.

No me sorprende que Urriza haya ganado la txapela. Se lo merece por el juego que ha desplegado estos últimos años. Puede ganar más, pero todos los años son diferentes. Para conseguirlo debes llegar a la final bien físicamente y de juego. Como no le inquieten, estará arriba muchos años. Los de atrás deben dar un paso adelante. ¿Si peligra mi récord de once txapelas? Ahí están, el que quiera que llegue. Urriza es el que está más cerca, lleva seis, y si lo iguala o lo supera en un futuro le daré la enhorabuena. Pero en cinco o seis años pueden pasar muchas cosas y, además, ya no es ningún niño.

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