Pelota

Añorga, abonado al 22-10

Murua, listo para golpear entre Agirreamalloa y Artola, mientras Oliden corre hacia atrás. / SARA SANTOS
Murua, listo para golpear entre Agirreamalloa y Artola, mientras Oliden corre hacia atrás. / SARA SANTOS

Peru Labaka repite triunfo en el Memorial Aiestaran, esta vez con Aizpuru |

Joseba Lezeta
JOSEBA LEZETA SAN SEBASTIÁN.

Tres de las cuatro finales de los distintos torneos del barrio donostiarra de Añorga concluyeron ayer con idéntico resultado: 22-10. La coincidencia pesó más que el buen juego en un frontón complicado para los pelotaris. Un frontis bajo y un suelo muy rápido facilitan el trabajo a quien toma la iniciativa y meten en un berenjenal al que se ve obligado a defender.

Peru Labaka revalidó su triunfo del año pasado en la categoría élite del Memorial Evaristo Aiestaran con anécdota incluida. Su zaguero de 2017, el berriztarra Gorka Otadui, fue esta vez su rival. Acompañó al zizurkildarra el asteasuarra Julen Aizpuru, recambio de última hora del lesionado Garmendia. Ganaron con autoridad, 22-10 por supuesto. Ioritz Egiguren, autor de una falta de saque en su primer pelotazo, estuvo fallón. Tampoco Otadui rindió a su altura. Una actuación aseada y sin brillo bastó a Peru Labaka para llevarse el gato al agua. Terminó con seis tantos de jugada. Pocos.

Tampoco la final de promesas sació el paladar del pelotazale. El arrasatearra Ander Murua y el basauritarra Pello Artola sí causaron una buena impresión en su victoria sobre el markinarra Agirreamalloa y el oriotarra Aratz Oliden. Pero los perdedores apenas opusieron resistencia. Esta pareja fue la vencedora de la última edición del Torneo Bankoa Crédit Agricole-DV, donde rindieron a un nivel muy superior al de ayer, sobre todo el zaguero, de quien se esperaba mucho más.

Murua, de 17 años -cumple 18 en el transcurso de 2018-, demostró destreza con el gancho. Sabe cruzarlo. No tuvo tanta suerte a la hora de parar en el txoko. Aprovechó también el saque. Evitó los restos de Agirreamalloa, de 18 años, a base de cruzarlo a la pared izquierda y mandó a botar la pelota cerca del seis y medio para dificultar las devoluciones de Oliden, de 17.

El arrasatearra lleva una temporada en la que llega regularmente a las fases finales de los torneos en los que participa, sobre todo dentro del cuatro y medio. Alcanzó la final del Torneo San Juan de Tolosa y en el Master Kaiola acaba de quedarse a las puertas tras caer en semifinales. Los resultados le avalan.

Artola, la sorpresa

El oriotarra no encontró la manera de sacudirse el dominio de Artola, la sorpresa del día. Sin ser un pegador, posee dos manos y toque. Arrimó mucho a la pared izquierda. Bajó al txoko para defender y no perdió nunca el sitio. Tiene 19 años y, aunque es de Basauri, defiende los colores del club de Galdakao. Cerró el duelo con un derechazo al nueve.

El único partido con resultado distinto al 22-10 correspondió a la victoria de los navarros Txoperena y Apezetxea sobre el aiarra Orbegozo y el oñatiarra Gartzia en juveniles. Terminaron 13-22. Pese a la clara renta en el desenlace, hubo equilibrio... hasta el 12-12.

Antton Apezetxea, natural de Goizueta tal y como invitar a pesar su apellido, firmó el tanto más bonito de la tarde. Orbegozo dejó muerta una pelota en el txoko, pero apareció el zaguero contrario no solo para devolver la pelota al frontis, sino para cruzarla al ancho lejos del alcance de todos. Recibió la mayoría de los pocos aplausos que salieron de las manos de los pelotazales reunidos en Añorga.

Apezetxea mantuvo a raya a Gar-tzia, que perdió gas a medida que avanzaba el encuentro, y Txoperena, delantero de Igantzi, apareció a partir del 12-12 con cuatro tantos de saque y varios remates de zurda para fabricar un parcial de 1-10, definitivo a la postre.

Abrió el programa la final del Torneo Barasa altzariak de féminas, en la que la azpeitiarra Nagore Aramendi y la vizcaína Leire Etxaniz, de Etxebarria, superaron a dos pelotaris bastante más jóvenes que ellas, la gasteiztarra Leire Garai y la bidaniarra Miren Larrarte. La pegada de derecha y la paciencia de Etxaniz determinaron el sentido del juego.

Tras retrasarse 0-6 al poco de comenzar, Larrarte intentó variar la dinámica a base de voleas e incluso de ganchos. Pretendía cortar el ritmo machacón de la zaguera oponente. Lo consiguió en parte. Limaron su desventaja hasta colocarse a tres tantos, 9-12. Apenas avanzaron más.

Aramendi, a quien sus trillizas siguieron atentas desde la grada, protegió firme el ancho. Exatleta de 38 años, no deja huecos y contraataca mandando la pelota a la pared izquierda para complicar la existencia. Resultó un buen apoyo para Etxaniz, líder indiscutible de las manistas.

 

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