Agustina Otaola se va, pero deja un frontón con su nombre
La legendaria raquetista de Errenteria, que jugó desde los 15 a los 41 años en Madrid, Barcelona, Cuba y México, fallece a los 98 años
J. Lezeta
Viernes, 28 de noviembre 2025
Hace diez años que el frontón de Errenteria, el de las instalaciones de Fanderia, se llama Agustina Otaola. Es el primero al que se le puso nombre de mujer. El 23 de julio de 2015 fue la gran protagonista del acto que oficializó la nueva denominación del recinto, con ocasión del festival que se organiza anualmente durante las madalenas. Aquella vez, los manistas profesionales, entre los que figuraban Olaizola II, Bengoetxea VI, Albisu y Elezkano II, compartieron protagonismo con las raquetistas, autoras de una exhibición.
Agustina Otaola Zapiain ha fallecido a los 98 años, a las puertas de los 99. Iba a cumplirlos este lunes. Pero el nombre y el legado de esta legendaria raquetista se recordarán cada vez que alguien acceda al frontón de su pueblo. Como sucede cuando te aproximas al Atano III en Donostia o cuando entras al interior del Astelena en Eibar y te encuentras con la figura imponente de Miguel Gallastegi en el costado derecho del frontis.
«Que el frontón tenga mi nombre me enorgullece un montón», confesó. «Me decían que entraba en la historia. Además en Euskadi, que no se hacía caso a las pelotaris. Todo esto ha sido un salto y fue bonito estar acompañada por mis compañeras».
Delantera conocida en los frontones con el nombre de Agustina, desarrolló su carrera como raquetista durante veintiséis años entre 1941 y 1967. Empezó a los 15 años en Madrid y se retiró a los 41 después de jugar también en el Principal Palace y el Chiqui-Alai de Barcelona, en México y en Cuba.
Recoge Ainhoa Palomo su historia en un libro dedicado a mujeres de Errenteria. «La familia Otaola Zapirain vivía en el número 3 de Beheko kale, al lado del frontón del batzoki».Con toda seguridad dio allí sus primeros pelotazos y aprendió el manejo de la raqueta. De hecho, era sobrina de cuatro raquetistas. Joaquina, Isidra, Josefina y Marcelina. las hermanas Otaola Oyarzabal.
Ainhoa Palomo ofrece más detalles familiares de Agustina: «Su madre vendía sidra en el sagardotegi que existía debajo de su casa y pescado en el mercado. Eran siete hermanos y compartió muchas horas de frontón con uno de ellos, con Txitxo».
Ni Otaola ni Txikita de Rentería
Comenzó su carrera profesional de raquetista con el nombre de Agustina porque «el intendente del frontón Madrid le impidió jugar como Otaola o Txikita de Rentería, como le había solicitado quien era entonces el alcalde de su pueblo, José Imaz».
«Llegamos a ser más de 700 pelotaris, más que los hombres», indicaba la propia Agustina al recordar su época de raquetista. «El público, si ganabas, se ponía contentísimo. Pero si perdías, era otra historia».
Agustina Otaola tuvo que esquivar dificultades y comentarios inapropiados a lo largo de su carrera como deportista profesional. Demostró valentía. El trabajo de recopilación de Ainhoa Palomo señala que «las raquetistas empezaban en las escuelas de Gipuzkoa y se veían después obligadas a salir fuera. Varias lograron buenos contratos. Otaola firmó en México en 1960 uno de 3.600 pesos mensuales, el equivalente a 17.280 pesetas, el salario de un trabajador medio de Errenteria en aquella época. Antes, en 1957, llegó a cobrar 30.000 pesetas en Cuba. Muchas raquetistas enviaban a casa el salario base y vivían con el dinero ganado en las quinielas».
Un poderoso saque
Sobre las cualidades como pelotari, las crónicas de la época en diarios madrileños apuntan que destacaba por «el saque, con el que castigaba a las rivales. De hecho. los intendentes retrasaban el punto desde donde sacaba para equilibrar los duelos con las demás».
Ainhoa Palomo destaca el comportamiento de Agustina y su implicación con las compañeras. «No utilizó su fama solo para beneficio propio. A menudo se puso del lado de otras pelotaris. En una ocasión, para apoyar a una de ellas, bastó con que pusiera sobre la mesa la posibilidad de hacer una huelga».
Instalada en Donostia junto a una hermana, no tuvo hijos pero sí sobrinos que le acompañaron en el último tramo de su vida.