Fórmula 1

La tercera vida de Niki Lauda

El campeón de la gorra roja. Niki Lauda, en una imagen tomada el pasado 30 de junio en la localidad austriaca de Spielberg. / AFP
El campeón de la gorra roja. Niki Lauda, en una imagen tomada el pasado 30 de junio en la localidad austriaca de Spielberg. / AFP

Los médicos confían en que el tricampeón mundial de Fórmula 1 retome su actividad normal tras ser sometido a un trasplante de pulmón

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEA

La vida ha concedido un segundo comodín a Niki Lauda. Tras agotar el primero hace 42 años en una curva de Nürburgring, el tricampeón mundial de la Fórmula 1 ha echado mano del segundo jóker en el Hospital General de Viena, donde se recupera del trasplante de pulmón al que fue sometido el pasado jueves. «En principio, las futuras actividades no deberían diferenciarse de las que tenía hasta ahora», aseguró el cirujano que dirigió la intervención quirúrgica, Walter Klepetko.

Las palabras del especialista recogidas por la agencia Efe confirman el optimismo que emanaba tras la respuesta física que el expiloto ha ido dando desde que fuera operado el pasado día 2. Fue el propio Lauda quien decidió volar desde Ibiza, donde se encontraba disfrutando de unos días de vacaciones, hasta Viena, después de haber sufrido un virus pulmonar. «En ningún momento se trataba de una simple gripe de verano», especificó el cardiólogo Christian Hengstenberg tras la operación, que duró unas seis horas. Antes, solo le daban una esperanza de vida de una semana.

El austriaco aún permanecerá un tiempo ingresado. Los médicos hablan de varias semanas antes de poder abandonar el centro. Por lo general, en personas jóvenes, el ingreso se prolonga por espacio de ocho a quince días. Y Lauda cumplió 69 años en febrero. Sin embargo, el viejo campeón va limando milésimas cada jornada de entrenamientos de este gran premio al que le somete el destino, a la espera de ver la bandera a cuadros tras la meta del alta hospitalaria.

«Es un luchador»

A las 24 horas del trasplante, ya comenzó a respirar por sí mismo, un síntoma «muy satisfactorio», valoró Hengstenberg. Sin embargo, ayer Klepetko se mostró aún cauto y recordó que el peligro de rechazo a un pulmón trasplantado se prolonga durante el año siguiente a la operación. Y este riesgo aumenta con la edad, pero el especialista en cirugía y enfermedades torácicas subraya la vitalidad del paciente como un factor «muy importante» para su restablecimiento. «Lauda es un luchador conocido internacionalmente», dijo.

En la mente de todos está el grave accidente que el entonces piloto de Ferrari, campeón del mundo en 1975, 1977 y 1984, sufrió el 1 de agosto de 1976 en el Gran Premio de Alemania. Era la décima prueba del Mundial de aquella temporada. Lauda había saldado las nueve anteriores con cinco victorias, dos segundos puestos, un tercero y una retirada, que el reglamento le permitía descartar al final del curso. La revalidación de su título parecía un trámite. Pero una tromba de agua convirtió Nürburgring en una pista de patinaje y perdió el control de su bólido, que acabó en vuelto en llamas contra el guardarraíl.

La rápida intervención de tres pilotos -Brett Lunger, Arturo Merzario y Guy Edwards- evitó que resultara carbonizado. Sufrió graves quemaduras en rostro, cabeza -desde entonces siempre le acompañó una gorra roja- y manos. Un sacerdote le dio la extremaunción pero salvó la vida. Primer comodín.

Se perdió dos carreras en seis semanas de baja. En las tres siguientes sumó siete puntos -entonces se otorgaban 9, 6, 4, 3, 2 y 1 a los seis primeros clasificados- y llegó a la última, el GP de Japón, con tres de ventaja sobre James Hunt. Diluvió, y Lauda vio los fantasmas de Nürburgring reflejados en los charcos del circuito Fuji Speedway. Abandonó en la segunda vuelta y Hunt logró in extremis los cuatro puntos del tercer puesto para proclamarse campeón con un punto. «Esto es un infierno. No hay manera de correr sin arriesgar la vida en cada segundo. Esto me recuerda el GP. de Alemania y no puedo seguir. Tengo aquella pesadilla demasiado cerca. Si quieren decir que es miedo, pueden decirlo». Los médicos hoy no temen por su vida tras el trasplante de pulmón.