El revés ha muerto, adiós a Pietrangeli
El gran tenista italiano, ganador de Roland Garros en 1959 y 1960 y protagonista central de la 'dolce vita' romana, ha fallecido a los 92 años
El revés a una mano ha muerto. Nicola Pietrangeli no ha podido prolongar la dolce vita más allá de los 92 años. Uno de los ... más grandes tenistas italianos de todos los tiempos, con Adriano Panatta, su enemigo íntimo, y Jannik Sinner, ha muerto en Roma.
Amigo de Frank Sinatra, Marcello Mastroianni, Omar Shariff y Grace Kelly, Pietrangeli ganó dos veces Roland Garros (1959 y 1960) y fue el capitán del equipo que dio a Italia la Copa Davis en 1976, en aquella recordada final contra la Chile de Pinochet en Santiago, cuando Panatta lució un más que vistoso polo rojo en protesta política contra el dictador. Ayer, el día del adiós, el ganador en París en 1967 lloró: «Nicola era mi amigo, aunque nos peleábamos de vez en cuando. Quiero recordarlo con alegría, era una persona extraordinaria, además de un campeón absoluto que lo ganó prácticamente todo». Enfermo desde hace tiempo, Panatta intentó levantarle el ánimo hasta el final: «La última vez que lo llamé, hace unos días, le dije: 'Sal de la cama'. Me dijo que no quería. Pero vivió una vida maravillosa».
Pietrangeli tenía una elegancia pura, sin contaminar por el sudor. Era de esa clase de genios que se sustentan solo en el talento y la clase: «Lo mío no es trabajar», decía. Tituló sus memorias 'Se piove, rimandiamo', si llueve, lo aplazamos, una frase que describía su actitud vital. Uno como Pietrangeli no es de los que se moja. Su filosofía está en las antípodas de figuras como la de Nadal, forjadas en torno a una mística del sufrimiento rayana con el fanatismo.
Nació en Túnez, como Claudia Cardinale, otro icono italiano fallecido en este 2025. Vino al mundo en 1933, cinco años antes que la diva del cine, pero en el mismo exilio que ambos abandonarían tras la II Guerra Mundial. Si Cardinale llegó a la península hablando solo siciliano y francés, ni palabra de italiano, el tenista solo sabía francés y ruso, porque su madre era la aristócrata Anna Von Yourgens, que recaló en el norte de África tras ser expulsada por los bolcheviques. Hija única, Pietrangeli podría haber heredado de su madre el título de conde Shirinsky si no llega a ser por la Revolución de Octubre.
El caso es que con 13 años llegó a Roma y fue a parar al Club de Tenis Parioli, que regentaba el padre de Panatta. Adriano nacería cuatro años después. Había aprendido a jugar solo en Túnez. «Jugaba contra la pared, era una buena maestra y me enseñó mucho, pero nunca conseguí ganarle», solía bromear. Llegó a ser futbolista del equipo juvenil del Lazio, pero su dominio magistral de la raqueta (de madera) y su asombroso juego de muñeca le decidieron a elegir el tenis (tampoco el Lazio estaba muy convencido, porque quiso cederle a la Viterbese).
Aún hoy mantiene un récord imposible de batir: jugó 164 partidos de la Copa Davis y ganó 120. Gran tenista, su éxito deportivo casi quedaba relegado por su vida social. Acudía a todas las fiestas de la alta sociedad en Forte di Marmi en los veranos de la Toscana, era protagonista del 'Swinging London' en Carnaby Street y era un asiduo del palacio de los Grimaldi en Mónaco, por su amistad con la princesa.
Tras ganar Roland Garros en 1959, tuvo la opción de pasar a profesionales, en la época en que el circuito se dividió, antes de la era Open. Prefirió seguir jugando la Copa Davis, Roland Garros, Wimbledon y Montecarlo, así como los Juegos Olímpicos de Roma en 1960. Fue amigo y rival de Manolo Santana.
Su capilla ardiente se instalará este miércoles en la pista que lleva su nombre en el Foro Itálico, una de las más bellas del mundo, con gradas de mármol de Carrara y rodeado por 18 estatuas que representan a atletas olímpicos, obra mayor de la arquitectura racionalista de la era fascista. 'Si llueve, lo aplazamos', llegó a bromear con su propio entierro.
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