Mundiales de Doha

Bronce de consuelo para Orlando Ortega

Orlando Ortega y Omar McLeod, durante la final de los 110 metros vallas. /EP
Orlando Ortega y Omar McLeod, durante la final de los 110 metros vallas. / EP

La IAAF sube al podio al español, que sufrió la acción antideportiva de McLeod, tras prosperar el último recurso de la RFEA

MIGUEL OLMEDAMadrid

Finalmente, Orlando Ortega es de bronce, una medalla que le sabe a poco. Pero al menos le sabe, que a punto estuvo ni siquiera de probarla por culpa de la enésima temeridad de Omar McLeod. Después de ganar su segunda Diamond League, de estar a punto de batir su propio récord de España, de llegar a Doha en mejor forma que todos sus rivales, el jamaicano le cortó el paso hacia la gloria. Aunque la segunda reclamación de la Federación Española de Atletismo (RFEA) al Jurado de Apelación de la IAAF le concedió este jueves su primera presea en un Mundial, que suma a la plata olímpica en Río 2016 y al bronce europeo en Berlín 2018, y que también estrena el medallero nacional en Catar, donde España suma otros seis finalistas y ya mejora los resultados de Londres hace dos años.

La RFEA presentó en última instancia nuevas pruebas gráficas de la mala intención de McLeod al derribar a Ortega. La baza de la Federación Española pasaba por que se otorgase a Orlando Ortega, como así fue finalmente, la medalla de bronce compartida con el francés Pascal Martinot-Lagarde. El mismo Jurado ya había entregado el miércoles dos bronces en la final de lanzamiento de martillo. El húngaro Bence Halász, primer ganador de la medalla, la había logrado gracias a un intento que resultó ser nulo, por lo que el polaco Wojciech Nowicki ascendería al tercer escalón del podio. Sin embargo, Apelación estimó que la manera de competir de Halász al saberse bronce fue distinta de lo que habría sido con un nulo en su casillero, por lo que decidió no quitárselo.

Miren que Orlando Ortega ya lo sabía. Lo tenía claro y lo había manifestado por activa y por pasiva antes de viajar a Doha: correr junto a McLeod convierte los 110 metros vallas en una odisea. Pero no por saberlo dejó de dolerle a Orlando, como si le hubiesen arrebatado un año de su vida en menos de trece segundos, cuando el jamaicano invadió su calle en plena caída y si no se lo llevó por delante fue porque al español le mantuvieron en pie las ansias de medalla. Llevaba mucho tiempo luchando por ella, haciendo muchos sacrificios por el camino. Incluso rompió con todo y se mudó a Chipre, y aprende griego paso a paso, para entenderse mejor con su nuevo entrenador. Todo para ser quinto por culpa de la maniobra kamikaze de McLeod. Frustración. Impotencia. Rabia.

«Es un robo, una estafa», estalló Ortega, casi hasta mordiéndose la lengua ante lo que acababa de suceder. La Federación Española (RFEA) presentó una reclamación oficial de inmediato, amparándose en el artículo 163.2 del reglamento de la IAAF, que indica que «el Juez Árbitro podrá, si estima que un atleta ha sido seriamente perjudicado (...), ordenar que la carrera (para uno, algunos o todos los atletas) se corra de nuevo». Un intento desesperado para que la final se repitiese, con o sin el estadounidense Grant Holloway, que ganó con un amplio margen sin tener nada que ver en la polémica, o en todo caso para que Ortega recibiese la medalla de bronce, correspondiente a la plaza que ocupaba cuando McLeod se cruzó en su camino.

El Jurado de Apelación, tras horas deliberando, desestimó la primera reclamación de la RFEA «por tratarse de un incidente habitual», y es que los precedentes para repetir la carrera no eran halagüeños. Nunca se había reeditado la final de un Mundial al aire libre. Sí en el Europeo de Praga 1978, cuando la polaca Grazyna Rabsztyn derribó a la soviética Nina Morgulina, aunque ninguna de las dos peleaba ya por las medallas. También en el Mundial 'indoor' de Toronto 1993: la jamaicana Michelle Freeman cayó sobre la suiza Julie Baumann cuando estaba a punto de ganar el oro en los 60 metros, pasada la última valla, y se ordenó repetir la carrera sin la caribeña. En contra de los intereses de Ortega, la final más reciente, en Daegu 2011. Liu Xiang superaba a Dayron Robles, que le agarró dos veces del brazo, frenándole y permitiendo ganar al estadounidense Jason Richardson. El cubano fue descalificado, pero el chino se quedó sin su segundo oro mundial.

«Bienvenido al club»

Omar McLeod es un sospechoso recurrente. Los rivales temen su agresiva forma de atacar las vallas, defendiendo su posición con los brazos abiertos para cerrar el paso a los atletas de las calle contiguas e incluso cruzándose en ellas con inmunidad ante los jueces. Antes de Ortega, el ruso Sergey Shubenkov sufrió en sus carnes las maniobras kamikaze del jamaicano, que estuvieron a punto de costarle el Mundial. En la Diamond League de Rabat, McLeod caía al suelo trastabillado en la última valla cuando agarró de la camiseta a Shubenkov, que terminó ganando, pero de bruces en el suelo y con lesiones en la espalda y el tobillo que arrastraría hasta finales de agosto. «La pasada temporada ya había tenido algún problema con él. Tiene poco equilibrio y falla cuando le acosan otros atletas», analizó el ruso. Justo lo que sufrió Ortega. «Entiendo su reacción y lo único que le puedo decir es: bienvenido al club. Los dos hemos sido víctimas de McLeod», lamentó.

¿Cómo frenar la conducta antideportiva del jamaicano? Sergey Klevstov, el entrenador de Shubenkov, denunció en los medios rusos que McLeod «es un peligro social y no se le puede permitir participar en las carreras», y su pupilo propuso una solución: «Habría que habilitar una décima calle para él y el resto para los demás». En la misma línea se expresó el seleccionador español, Pepe Peiró. «Es una ocasión para que la IAAF vea que hay lagunas en el reglamento a la hora de castigar estas acciones». Orlando, ya con medalla, también podría sentar cátedra.