Rugby

El mejor rugby inundó el campo de Anoeta

Los jugadores de la selección de Estados Unidos celebran su victoria ante Samoa, mientras un samoano es consolado por un estadounidense./Pedro Martínez
Los jugadores de la selección de Estados Unidos celebran su victoria ante Samoa, mientras un samoano es consolado por un estadounidense. / Pedro Martínez

Los aledaños del campo se llenaron tarde, pero la cerveza no faltó en los bares de Amara como es tradición en el rugby

Iñigo Goñi
IÑIGO GOÑI

Le costó calentarse, pero al final la afición al rugby de Euskadi no falló. El ambiente fue creciendo con el paso de los minutos y al son de la sintonía de La Frontera las gradas de Anoeta fueron cogiendo color. Estados Unidos y Samoa protagonizaron un buen espectáculo, donde predominó la emoción, y los aficionados lo agradecieron, ya que los tuvieron en vilo durante los 80 minutos que duró el partido.

Al final, la mejor señal es cuando no se mira el reloj. La gente no tuvo ni tiempo para ello, salvo para comprobar cuánto quedaba cuando las 'Aguilas' anotaron el último golpe que les daba la victoria. El banquillo, los jugadores y técnicos, que estaban en la zona alta del estadio, lo celebraron con júbilo.

No lo celebró tanto la afición vasca, ya que incluso antes de comenzar el 'test match' se decantaron por los samoanos. Cuando sonaron los himnos, hubo algunos pitos al estadounidense, se comprobó que a pesar de que el team USA jugaba de local, los samoanos tenían a la grada en el bolsillo. Es uno de los equipos que más simpatía genera y eso se notó en las gradas. Sobre todo, eran los más jóvenes quienes más animaban y exclamaban «¡¡¡ooohh!!!» cuando arrollaban a algún jugador americano.

Pero con el paso de los minutos el equipo americano no solo se ganó el respeto del público, sino que levantó aplausos por sus acciones. Si algo caracteriza al deporte estadounidense es la pasión con la que se juega y la dureza con la que afrontan las competiciones. Son competidores natos, luchadores. Eso se contagia y bien que supieron trasmitirlo al graderío.

Behobia y rugby

Las inmediaciones del estadio de Anoeta no se llenaron temprano, la gente espero al último momento, pero los bares tenían un ambiente especial. El color del rugby, un deporte que se respeta y se hace respetar. Los valores del rugby se transmiten de generación en generación y muchas familias se acercaron a Donostia. Era un ambiente muy familiar el que se vivía en los aledaños de Anoeta. Incluso hubo quien aprovechó su inscripción en la Behobia San Sebastián para pasarse a ver el rugby. Era el caso de unos catalanes, acompañados por una cuadrilla de hernaniarras que les acompañaron para presenciar el partido.

Además, el tiempo acompañó. La lluvia no hizo acto de presencia antes del encuentro y la gente pudo disfrutar en las terrazas de las plazas de Amara con la tradicional cerveza del rugby. Una bebida muy unida al deporte del balón oval.

Las obras de remodelación de Anoeta tampoco fueron un impedimento y la gente no tuvo problemas para aparcar. Era un día perfecto para disfrutar del ambiente del rugby y un partido de altísimo nivel. Pocas veces se tiene la oportunidad de poder gozar de un evento deportivo de esta talla.

Comunión con el público

Al final del encuentro los jugadores de ambos equipos se acercaron a saludar a los aficionados que se quedaron unos minutos más para estrechar la mano a sus ídolos. Algunos iban atabiados con las camisetas de Samoa y la bandera del país oceánico y otros con la de las barras y estrellas de Estados Unidos.

Llovió algo a lo largo del partido y los espectadores se movieron hacia los asientos de más arriba, pero duró poco y volvieron abajo, para sentir o, mejor dicho, escuchar más de cerca las embestidas de los colosos delanteros cuando impactaban sus cuerpos.

Fiesta también en Landare

Otras de las grandes ovaciones de la jornada se las llevaron las chicas ganadoras del Torneo disputado por la mañana en Landare. Antes de ir a A noeta, el ambiente se calentó en el campo hernaniarra con diez equipos enfrentándose en memoria de Kote Olaizola. Al descanso salieron al centro del campo para recibir su trofeo. A la salida, --los aficionados se quedaron con más ganas de rugby y estaban deseosos de volver a Donostia para disfrutar del mejor espectáculo del rugby.

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