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Una manera distinta de aprender a volar

Alumnos de parapente y ala delta practican con elsimulador Smaap en peñas de Aia. / D.B
Alumnos de parapente y ala delta practican con elsimulador Smaap en peñas de Aia. / D.B

La escuela Delta Bidasoa, en Aiako Harria, saca brillo a un simulador de vuelo único en el mundo |

JON MUNÁRRIZ

El sueño de poder volar, de sentir esa libertad en el aire, es uno de los deseos imposibles del ser humano. Obviamente no hay, ni ha habido ninguna persona físicamente capaz de hacerlo, pero sí que se puede experimentar una sensación muy parecida gracias a escuelas de vuelo como el centro de vuelo Bidasoa. La sensación de volar es algo inexplicable, según dicen quienes lo han probado. Fue precisamente eso lo que le motivó a Jorge Ibargoyen, responsable de la escuela Delta Bidasoa, a sumergirse en el mundo de la formación de parapente y ala delta hace ya más de 35 años. Él fue uno de los pioneros en nuestro territorio.

Ibargoyen comienza su andadura en el mundo del parapente en 1977 en Argelez-Gazost (Francia). Cinco años después, el irundarra abre la escuela Delta Bidasoa situada en el parque natural peña de Aia y un par de años más tarde incluyó la disciplina de parapente a su centro formativo.

Uno de los mayores retos para cualquier escuela de altos vuelos «siempre suelen ser las fases de despegue-aterrizaje», según explica Ibargoyen. «Dos partes de vuelo, que difícilmente, se pueden practicar desde el suelo. Lo que supone un alto riesgo para los debutantes. Además, son las dos fases con mayor posibilidad de lesión».

Es por eso que las escuelas se centran en depurar estas dos técnicas. Además, a esto hay que sumarle la dificultad añadida de tener que conocer las múltiples variantes del viento.

Proyecto Smaap

Sin embargo, Ibargoyen, en el 1992 arranca con el proyecto que cambió la vida, tanto la suya como la del mundo de las escuelas de formación: el proyecto Smaap. Un simulador, «que busca imitar las dificultades de las fases de despegue y aterrizaje, para que los alumnos puedan entrenarlas antes del primer vuelo».

Ibargoyen explica que el simulador cuenta con cinco movimientos que recrean lo que sucede en el espacio: «despegue-aterrizaje, desplazamiento lateral, alabeo, cabeceo, giro en el núcleo y mesa de carrera de despegue-aterrizaje».

Los vuelos en el simulador se practican «entre 50 y 60 ocasiones como mínimo» por alumno antes de la primera travesía aérea. Tal es el realismo que ofrece que en la actualidad y debido a su precisión, «más del 70% del proceso de aprendizaje se hacen en él». Los resultados son «positivos», a juicio del responsable de Delta Bidasoa, y les da a los alumnos la oportunidad de trabajar como «nunca antes, además, les dota de la experiencia suficiente para evitar el mayor número de problemas durante los primeros saltos».

Pero sobre todo, una de las mayores ventajas que ofrece el simulador, según explica, «es visualizar los posibles errores y corregirlos antes de pasar a la fase de aprendizaje sobre tierra donde las consecuencias podrían ser mucho mayores». Para más inri, la máquina está instalada en una zona estratégica, al borde de una colina, para que los alumnos practiquen en un ambiente similar al que verán fuera del simulador.

Gracias a la tecnología del Smaap, la escuela de vuelo de Ibargoyen en uno de los centros de referencia en Europa a nivel formativo en ala delta y parapente. Ellos mismos reconocen que sin este proyecto estarían «más limitados técnicamente» y no llegarían a instruir de forma tan precisa como lo son capaces de hacer.

Alumnos internacionales

Ibargoyen detalla que poder entrenar con un simulador tan real da «mucha experiencia a los participantes de altos vuelos y rebajan el riesgo en este tipo de deportes». El método de aprendizaje ha llamado la atención en este curso de casi medio centenar de alumnos procedentes de diferentes países en las modalidades de parapente y ala delta.

Esto ha llevado a la escuela Delta Bidasoa a tener un nuevo reto a la vista: instruir a profesionales para que puedan ser ellos los que después formen a futuros amantes de altos vuelos. «Hemos notado un aumento en las personas que se quieren instruir con este sistema. Además, ahora tenemos casos de pilotos que quieren utilizar el simulador antes de empezar las temporadas como herramienta de preparación. Les sirve para ir cogiendo forma», confiesa Ibargoyen.