Salto de veteranos

Un jinete sin obstáculos

Ilusión. Fernando Martínez de Albornoz y 'Berro' saltan un obstáculo en la Yeguada Militar de San Sebastián. / ARIZMENDI
Ilusión. Fernando Martínez de Albornoz y 'Berro' saltan un obstáculo en la Yeguada Militar de San Sebastián. / ARIZMENDI

A sus 86 años, Martínez de Albornoz monta a caballo a diario y ha sido bronce en el Campeonato de España de salto de veteranos

Macarena Tejada
MACARENA TEJADA

Esquí, vela, salto de trampolín, pesca submarina... No hay disciplina alguna que se le resista a Fernando Martínez de Albornoz. Este oscense con residencia en San Sebastián nunca se ha imaginado su vida sin deporte y si tuviera que elegir una pasión, esa sería la equitación. Es un culo inquieto por naturaleza y a sus 86 años monta a caballo a diario. Esta es su gran «ilusión», que se ha convertido en «una forma de vida», en sus propias palabras.

La primera vez que Martínez de Albornoz se subió a un caballo fue cuando ingresó en la Academia General Militar. Tenía 20 años. Desde entonces no hay día que no trote, galope o salte a lomos de un corcel. Puede estar «entre una y dos horas montando. Ni siquiera la lluvia me hace dejar de practicar. Me relaja y si un día no monto, el día siguiente el cuerpo lo nota. La constancia es muy importante», explica subido a su caballo 'Berro'.

Conocido como 'Pichi', este donostiarra de adopción sigue sumando trofeos a su palmarés. El último, en el Campeonato de España de salto de veteranos por equipos, donde, junto a sus compañeros, se llevó el bronce. Martínez de Albornoz es, a día de hoy, decano en la modalidad de salto en activo.

En las estanterías de su casa acumula más de quinientos premios y 491 caídas. «Creo que soy el único tonto que cuenta las veces que se ha caído», bromea. Y es que 'Pichi' apunta en un cuaderno todas las veces que toca suelo. «Al principio anotaba el número de caídas y una pequeña descripción de lo que había pasado. Ahora solo apunto el número», subraya.

La caída número 489

Entre todas recuerda una en concreto. La caída 489. En un salto, modalidad en la que es especialista, el caballo que montaba paró en seco. «Teníamos esperanza de que siguiera adelante, pero no fue así». El potro rehusó el obstáculo y Martínez de Albornoz salió disparado hacia delante por las orejas del animal. Con la mala suerte de que «en vez de moverme y apartarme de su camino, me quedé tirado a sus pies. Me pisó y me rompió ocho costillas». Afortunadamente, no tardó mucho en recuperarse.

¿Pero cómo una persona sin relación con la equitación acaba dedicándose en cuerpo y alma a ella? «Porque es algo que te engancha. Una ilusión loca imposible de explicar. La equitación es un deporte de esperanza. Es esperanza para siempre», reflexiona.

Nada más ingresar en la academia militar, Martínez de Albornoz fue destinado a Villa Sanjurjo, en Marruecos. Ahí fue donde verdaderamente descubrió el mundillo de los caballos. En 1958 debutó en los concursos hípicos estatales en Asturias y en Melilla. En este último lugar, «a pesar de ir haciendo el indio, descubrí el veneno de la competición hípica, en la que la ilusión es la base de todo».

Le gustó esa forma de actuar y no tuvo dudas: lo suyo era la equitación. En su familia nadie ha montado nunca a caballo, pero todos le han acompañado a lo largo y ancho de Europa en sus campeonatos. Aunque ahora salte alrededor de 1,10 metros, durante sus mejores años llegó a pasar, sin derribar, los 1,90. De hecho, en Logroño se proclamó campeón del Potencia al superar esa altura.

'Amar', 'Infierno', 'Berro'....

Martínez de Albornoz sabe que sus logros nunca los hubiera conseguido solo. Entre otros, recuerda con especial cariño a 'Amar', caballo «al que le debo todo. Es el ganador. Hubo temporadas en las que quedó primero en más de la mitad de sus salidas». También está 'Palta III', «un purasangre que ganó el Gran Premio de Logroño, el de Hondarribia y el de Burgos».

Hubo momentos en los que tuvo hasta más de media docena de caballos, pero ahora continúa su camino con 'Infierno' y 'Berro' únicamente, «caballos de la Yeguada Militar a los que tengo un gran cariño y con los que me entiendo a la perfección».

Sea con quien sea, nadie conseguirá bajar a 'Pichi' de un caballo porque «la vida es mucho mejor desde ahí arriba». Y la compañía, «inmejorable». Por eso, Martínez de Albornoz seguirá, siempre que pueda, subido a un caballo. Ahora, a 'Infierno' o 'Berro'. En un futuro, quién sabe. Lo que sí es seguro que el palmarés de este oscense se ampliará. Y probablemente su lista de caídas. Esperemos que las culadas nunca sobrepasen a los premios. Y, si no, vuelta para arriba.

 

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