Otro guipuzcoano olímpico

El donostiarra de 27 años Felipe Montoya logra el billete para competir en patinaje artístico en Corea

Felipe Montoya, en una foto de archivo. /EFE
Felipe Montoya, en una foto de archivo. / EFE
Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Felipe Montoya descubrió el hielo una tarde remota en Donostia. Fue su madre la que le llevó a conocerlo. Ambos habían llegado de Colombia para empezar una nueva vida y la encontraron. Aquel niño que llegó a Gipuzkoa con ocho años y patinó por primera vez a los 13 en el Palacio del Hielo participará, con 27, en los próximos Juegos Olímpicos de PyeongChang. Será el tercer guipuzcoano en la cita surcoreana, junto al snowboarder Lucas Eguibar y al esquiador de fondo Imanol Rojo, si confirman su plaza.

Montoya es producto de la cantera del Txuri Berri, el club de patinaje artístico de Donostia. «Llevo seis años en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, pero toda mi base, todo lo aprendí en el Txuri Berri. Ir a la Blume me ha permitido dar el salto al nivel internacional». Debutará en unos Juegos y logró el billete en el Campeonato de España disputado en Jaca el fin de semana, donde se disputaba la plaza con Javier Raya. En Corea compartirá equipo con Javier Fernández.

Su vínculo con Donostia tiene como origen una historia dura. «Cuando tenía siete años, mi padre desapareció en Colombia, algo que tristemente es muy común allí. Al año de su desaparición nos vinimos a Donostia en busca de una nueva vida».

Felipe Montoya explica que «no sabemos por qué desapareció mi padre. No lo supimos entonces y aún lo desconocemos, si serían asuntos económicos, ajustes por alguna cosa suya, un tema de guerrilla, o qué». Explica que la desaparición del padre no ha sido un trauma que haya marcado su carrera, al suceder a tan corta edad y haber iniciado una nueva vida en Donostia.

Inicio muy tardío

No solo la peripecia personal es extraordinaria en Montoya, también la deportiva. «Empecé muy tarde. La gente contra la que compito comenzó con tres, cuatro o cinco años. Es muy difícil encontrar a alguien que se iniciase con seis. Yo lo hice con 13». A partir de ahí, un camino hecho «todo de entrega».

Arriba, Felipe Montoya llora emocionado al enterarse de que ha conseguido plaza para los Juegos Oliímpicos de Pyonyang 2018. A la izquierda, su actuación durante la competición. A la derecha, una imagen de archivo en la que se le puede ver en el Txuri Urdin. / Javier Cebollada (EFE) y DV

El patinador donostiarra no tiene acento colombiano pero sí conserva el gusto por la conversación de las gentes de aquellas latitudes. Habla largo, tendido y bonito. Por eso suena tan garciamarquiano su descubrimiento del hielo, aunque fuera en Donostia y no en Macondo: «Mi madre siempre fue muy partidaria de que yo estudiara y practicara deporte. Iba a clases de judo y a nadar, a las piscinas Paco Yoldi. Lo hacía, pero no me llenaba. Un día, camino de la piscina le pedí a mi madre que me llevara a conocer una pista de hielo. En Colombia no había visto algo así jamás».

Y yendo a descubrir el hielo encontró un mundo nuevo: «Sorprendentemente, me vi muy ágil, con mucha estabilidad. Me apasionó».

La evolución dentro del patinaje «fue bastante rápida. Al año de ponerme unos patines por primera vez fui subcampeón de España infantil. Avancé mucho los primeros meses. Últimamente, lo que más he mejorado es la parte artística y de composición».

El moscardón en la oreja

Felipe Montoya define lo que es el talento, la inspiración, con sus propias palabras: «Siempre sentí un moscardón detrás de la oreja que me decía que yo estaba hecho para esto. El asunto de mi padre me ha enseñado a ser humilde y sabía que no cabe tener sueños tan grandes como ser olímpico, pero lo perseguí y lo he conseguido».

Ahora vive en Madrid, «pero mi ciudad y mi casa sigue siendo San Sebastián», a donde vuelve a menudo. Y su club, el Txuri Berri. «Tengo muchos amigos. La mayoría lo han dejado ya, pero mi mejor amigo está en el equipo del Mundial y los Europeos. Es Aritz Maestu. Mi entrenador en Madrid también salió del Txuri Berri, que es una verdadera cuna de patinadores».

En PyeongChang -donde competirá con la selección española, aunque tiene la doble nacionalidad- su «objetivo principal es hacer mi programa corto bien hecho. Con eso me quedaría satisfecho, pero no me conformo solo con ir. Me gustaría hacer algo bonito». Sabe que ha conseguido un sueño: «Es verdad. Estoy muy, muy contento».

 

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