La grandeza de una afición

La grandeza de una afición
Pedro Martínez
BENITO URRABURU

Anoeta, que cuando está vacío da un aspecto fantasmagórico debido a las obras, cobró ayer vida gracias a las 10.000 almas que se citaron en sus gradas para presenciar uno de esos espectáculos que se ven de vez en cuando por esta tierra.

El partido no defraudó ni desde el punto de vista deportivo, ni tampoco si lo miramos desde la intensidad con la que se vivió en la grada. Desde el 'siva tau' inicial de Samoa hasta el pitido final, en un duelo muy físico, con fuertes defensas, y en el que Estados Unidos halló al final la recompensa a su crecimiento como equipo para lograr la victoria. La exhuberancia samoana no bastó.

Los organizadores pueden darse por satisfechos con la respuesta de Anoeta. Un encuentro así va más allá del césped. Hay baremos como la emoción, los sentimientos, la garra. Y en esa vida alejada del verde, la cena que se celebró en Gaztelubide para agasajar a los visitantes dejó varias perlas. El mánager de Samoa dijo que gracias a estos y otros jugadores, el país sube su nivel económico por las remesas de dinero que envían a sus familiares.

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En una zona de la mesa había un tipo de 1,93m y 140 kilos. Se llama Ben Afeaki. Es el entrenador de delanteros de Samoa, una mole humana, muy tranquilo, humilde, al que le costaba confesar que había jugado con los All Blacks, en un partido contra Francia, sustituyendo a Wyant Crockett, un pilier mítico en Nueva Zelanda. Dejó de jugar a los 27 años. Lo hacía en los Chiefs. Sufrió varios golpes que le obligaron a colgar las botas.

La ignorancia en determinadas situaciones te hace recapacitar. Tenía a mi izquierda en la cena una persona vestida con la camiseta de paseo de Samoa. Era australiano. Luego supe que estuvo pegado a Chris Lattan... campeón del mundo con los wallabies en Gales, en 1999, y subcampeón en 2013. Jugó en la franquicia del Super Rugby de los Waratahs y fue 72 veces internacional con Australia. Casi nada.

Un jugador atrajo las miradas femeninas fuera del campo: el americano Blaine Scully, alguien muy asequible. El jugador de los Cardiff Blues recorrió Donostia con una mochila al hombro en el más perfecto anonimato.

En el estadio, el público vibró con las cargas del pilier de Newcastle Falcons, Logovii Mulipola. Mide 1.93 y pesa 128 kilos. Sus vídeos en youtube causan furor.

Fue una tarde mágica para los aficionados al rugby y para aquellas personas y familias que fueron a pasar la tarde con esos chicos grandes, que no protestan casi nunca al árbitro y tienen enganchones entre ellos, pero no se pegan. El profesionalismo no ha acabado con esas conductas que hacen del rugby un deporte que forma no solo cuerpos, sino mentes, algo que la sociedad actual agradece y necesita.

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