Mundial de atletismo

En la velocidad mundial manda mamá

Fraser-Pryce, eufórica tras su victoria. /Giuseppe Cacace (Afp)
Fraser-Pryce, eufórica tras su victoria. / Giuseppe Cacace (Afp)

Fraser-Pryce, que tuvo a su primer hijo en 2017, regresa con su cuarto oro y la segunda mejor marca de la historia del 100 en los campeonatos, mientras que Allyson Felix, abogada de los derechos de las madres atletas, gana su decimoséptima medalla en el relevo mixto

MIGUEL OLMEDAMadrid

En el sector de la velocidad femenino se vive en la 'dictadura' del matriarcado. Shelly-Ann Fraser-Pryce se tomó un respiro de las pistas para tener su primer hijo a finales de 2017, y dos años después ha regresado más en forma que nunca, sin dejar ni media oportunidad a sus rivales. Esta temporada había bajado de 10.80 en tres ocasiones antes de volar a Doha, donde este domingo ganó su cuarta medalla de oro en el hectómetro con 10.71, la segunda mejor marca de la historia de los campeonatos. Nadie ha ganado tantos títulos en el 100, ni siquiera Bolt.

Fraser-Pryce escribe la historia del esprint mundial en el siglo XXI. De la quinta de su compatriota Bolt, como él también brilló en los Juegos de Pekín 2008: 21 añitos y el oro en el 100 con 10.78, una marca de dos rombos para una niña que apenas levantaba metro y medio del suelo. Cuatro años después repetiría en Londres y también ganaría los Mundiales de Berlín 2009, Moscú 2013 y Pekín 2015 antes de dar a luz al pequeño Zyon, que ahora la acompaña en las pistas de todo el planeta y se reboza en el foso de la longitud mientras mamá quema el tartán una serie tras otra, más rápida que cualquier otra mujer.

A estas alturas de su vida, Allyson Felix ya trasciende de la categoría de leyenda, más incluso que Fraser-Pryce. El legado de la norteamericana va mucho más allá de la pista, y eso que en la pista ha sido, todavía es, y probablemente seguirá siendo durante años, mucho más grande que cualquier otro atleta. Tras el nacimiento prematuro de su hija Camryn, Felix denunció que no había renovado su contrato con Nike porque en plena negociación la compañía le ofreció una reducción del 70% al enterarse de que estaba embarazada.

El pasado mes de julio, Felix volvió a competir vestida de negro, de luto por sus derechos y los de sus compañeras, madres que quizás no pudieron serlo por temor a quedarse sin contrato tras el embarazo. Y semanas después la velocista ganó su carrera más importante, cuando Nike le comunicó que ya no rescindirá acuerdos ni aplicará reducciones económicas a sus atletas durante un año y medio, comenzando ocho meses antes del parto.

A Doha, Felix viajó como parte del relevo, y de Doha se marchará, como poco, con su decimoséptima medalla (doce de oro) y su segundo récord mundial. Ya tenía el de 4x100 y ahora también posee el de 4x400 mixto, esa nueva modalidad olímpica que debutaba oficialmente en Catar. En este relevo largo, Felix exhibió de nuevo su zancada elegante, hipnótica, que lleva quince años enamorando. «Soy una madre común: limpio biberones, cambio pañales, preparo competiciones», aseguraba antes del Mundial la estadounidense. Una atleta común sí que no es.

Taylor, más leyenda en el triple

No ha habido jamás un saltador de la regularidad de Christian Taylor, a quien solo le falta el récord mundial para que nadie le discuta como el rey del triple. Nueve centímetros le separan de la plusmarca de Jonathan Edwards (18.29), que nunca supo competir con la fiabilidad del estadounidense de nervios de acero. Llevaba dos nulos en la final de Doha y corría peligro de quedarse sin mejora: saltó 17.42 metros sin ni siquiera pisar la tabla y se metió en un concurso que parecía propiedad de Will Claye, un viejo conocido.

Rapero y diseñador de moda, Claye ya le disputó a Taylor medallas incluso en la misma universidad (ambos estudiaron en Florida). Este 2019 llegaba con dos brincos de más de 18 metros y en Doha parecía encaminado a su primer oro con una serie repleta de saltos ganadores, pero entonces regresó Taylor con su 'mordisco' de siempre. Salvado el 'match-ball' se fue hasta 17.86 y redobló después su apuesta con 17.92, una marca reservada a los elegidos. No pudo con eso Claye, que se quedó con la plata y 17.74; ni tampoco Zango, bronce con 17.66, el récord de África.

En la pértiga, Anzhelika Sidorova rememoró las mejores noches de Yelena Isinbayeva con un salto ganador de 4.95 cuando ya se decretaba el empate técnico por el oro. Sandi Morris, plata ya en Londres 2017, había fallado su tercer intento y aplaudía a su rival, que buscaba el triunfo y su marca personal. También fue la primera en abrazar a la rusa (atleta neutral autorizada, oficialmente) cuando franqueó el listón en una noche que jamás olvidará.

China, intratable en marcha

La china Hong Liu se confirmó en Doha como la mejor marchadora de la historia al ganar su tercer título mundial sobre 20 kilómetros (2011 y 2015), el primero después de dar a luz. Liu, que también es la vigente campeona olímpica, posee los récords del mundo de la distancia corta y también de la larga, los 50 kilómetros, que logró este mismo año. En Catar dominó la prueba desde el inicio, con un ritmo progresivo que pasó de 4:42 minutos por kilómetro en el tramo inicial a 4:10 en el último parcial y que le sirvió para detener el crono en 1:32:53, nada desdeñable teniendo en cuenta las condiciones de calor y humedad extremos. Tras ella, sus compatriotas Shenjie Qieyang y Liujing Yang completaron el barrido chino en el podio, que certifica el monopolio nacional en el sector de la marcha: el sábado, en los 50 kilómetros, Rui Liang y Maocuo Li ya habían ganado el oro y la plata.