«El estruendo de los truenos daba miedo y no se podía ir a Aralar»

Participantes de la Ehunmilak y la G2H relatan los tensos momentos vividos durante la tormenta

Imagen del frontón de Beasain a las 5 de la mañana del sábado./Mayayo
Imagen del frontón de Beasain a las 5 de la mañana del sábado. / Mayayo
TORO / LARRUNARRI / SILVANO

Con el paso del tiempo, lo que ha sucedido en la Ehunmilak y en la G2 Handiak Goierri Trail será recordado como una anécdota. La del 2018 quedará en el recuerdo como aquella edición que se suspendió por culpa de una tormenta eléctrica. Como aquella edición en la que la organización actuó a las mil maravillas para evacuar de los montes del Goierri a cerca de 2.000 personas entre atletas y voluntarios. Pero cuando cada atleta eche la vista atrás, a buen seguro volverá a sentir un pequeño escalofrío recorriéndole la espalda.

Cuando una prueba de estas características se suspende –hay que recordar que la Ehunmilak consta de 168 kilómetros–, siempre saltan voces discordantes sobre las decisiones tomadas por la organización. No fue el caso. Cuando todo el mundo está de acuerdo en que lo mejor fue suspender la carrera, es que los momentos previos al paro fueron más tensos de lo que uno pudiera imaginar. Y es que la lluvia, el granizo y una tormenta eléctrica no son el mejor plan para estar por el monte. Ymenos, de noche.

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Un experto en carreras de esta índole como el irundarra Iñaki Catalán, no esconde que «desde el jueves estábamos preocupados por las previsiones meteorológicas y la tormenta me pilló por la zona de Azpeitia. El aparato eléctrico estaba muy cerca y el estruendo de los truenos daba miedo. Además, me comentaron que en la zona de Larraitz cayeron piedras de granizo de un tamaño considerable».

El pronóstico no era bueno, pero cuando comenzó la 'ultra' la climatología no era del todo mala. Muchos corredores agradecen la lluvia, pero los rayos que asomaban por las montañas no eran ninguna broma.

El donostiarra Lander Fraile cuenta que «iba muy bien, sin problemas. Después de tres horas corriendo, cuando pasamos Irimo, en Zumarraga, empezamos a ver unos rayos y nos dimos cuenta de que se nos venía la tormenta encima. Entonces llovía poco. Incluso no venía mal esa lluvia para refrescarnos y hubo muy poca gente se puso el cortavientos. Yo, al menos, estaba corriendo a gusto. Pero en Azkarate sonó un tremendo trueno, de esos que dan miedo… Nos quedamos helados del susto. Yo ya iba viendo que aquello tenía mala pinta, venía la tormenta de Aizkorri y venía hacia nosotros directamente».

La sensación de peligro era evidente y Fraile añade que «estábamos con sensación de miedo ante esa tormenta. Cuando nos dijeron que se suspendía la carrera, en lo único en lo que estaba pensando era en llegar a Azpeitia, quitarme el susto y sentirme seguro».

También se vio envuelta por la tormenta Uxue Fraile, hermana de Lander. La donostiarra corrió la prueba de 88 kilómetros, la G2 Handiak. «Nos dijeron que no se podía atravesar Aralar. La tormenta eléctrica podía ser muy peligrosa y estaba claro que no podíamos entrar allí».

La distancia corta también la afrontó Carlos Hernando, el que fuera director de la carrera de esquí de montaña más importante de los Pirineos, la Altitoy. El donostiarra habla de la tormenta, pero también de lo peligroso que se estaba poniendo el recorrido. «En el kilómetro siete, en Zaldibia, nos cayó una tromba de agua de impresión y el camino para subir hacia Auza Gaztelu se convirtió en un auténtico río. Por esa zona nos enteramos de que la carrera iba a ser neutralizada y cuando llegué a la Larraitz ya estaba suspendida. Hubiera sido una auténtica locura meter a casi mil corredores en Aralar con esa tormenta».

La decisión tomada por los organizadores evitó, a buen seguro, sustos mayores de los que pudieron provocar los golpes de los truenos. Y menos mal, ya que hay veces que los atletas, en carrera, no se dan cuenta de los riesgos que puede conllevar seguir con una tormenta así en la montaña.

Lo reconoce la corredora castellonense Xari Adrian, ganadora de la Ehunmilak en 2012. «Cuando nos pararon me quedé súper sorprendida porque pensé que en un caso así habría un recorrido alternativo. La verdad es que si no me llegan a parar yo tiro hacia arriba, y es que a veces no vemos el peligro. Han hecho muy bien en suspenderla».

Una buena decisión

La afirmación de Xari es común a las del resto de los que tomaron la salida en Beasain en cualquiera de las dos carreras. Lo mejor fue parar la prueba ante el peligro que podía suponer para los atletas continuar en esas condiciones. Y todos, además, elogian la celeridad con la que quedaron a salvo.

Iván Álvarez, que llegó desde Girona, subraya que «en todo momento estuvimos muy bien cuidados. Nos trasladaron en autobuses al frontón de Beasain y una vez allí no nos faltó de nada. Teníamos ducha caliente, comida, mantas, camas para descansar... La organización de la carrera es de diez, de las mejores del mundo».

También quedó satisfecho, a pesar de todo, Patxi Imanol Godoy, de Aramaixo. «La evacuación y el trato que hemos tenido por parte de la organización me ha parecido excelente y diría que inmejorable». Igual que Lander Fraile, que indica que «la sensación general de todos los que estábamos era que la suspensión fue una decisión super acertada y lo han hecho de una manera genial».

Los ganadores

Aunque las carreras fueron suspendidas, la organización dictó que los ganadores fueron los primeros en llegar a las zonas en las que se pararon las pruebas. Así, Javi Dominguez y Ewa Majer se impusieron en la Ehunmilak y Álvaro Ramos y Uxue Fraile, en la G2H. Para hoy queda la maratón de montaña Marimurumendi.

 

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