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Un deporte para la resolución pacífica de los conflictos

El grupo infantil, uno de los más numerosos de Aikido Club Amagoia, cuenta con quince alumnos instruidos por el profesor Juantxo Ruiz./UNCITI
El grupo infantil, uno de los más numerosos de Aikido Club Amagoia, cuenta con quince alumnos instruidos por el profesor Juantxo Ruiz. / UNCITI

Más de 35 años lleva Aikido Club Amagoia instruyendo a personas de todas las edades en la práctica de este peculiar arte marcial moderno

MIRARI GÓMEZ

A simple vista, y echando una ojeada a las imágenes, cualquiera puede deducir que los niños están practicando un arte marcial, pero solo los más experimentados acertarán que se trata de la modalidad denominada aikido. De origen japonés, esta disciplina creada y desarrollada por el maestro Morihei Ueshiba entre 1930 y 1960 cuenta con unas características muy singulares que la distinguen de forma nítida de cualquier otro arte marcial.

Pese a ser un deporte de los denominados «minoritarios», hay aikidokas repartidos por todo el mundo; y también en Gipuzkoa, donde uno de los centros de referencia es Aikido Club Amagoia, cuyo presidente es Juantxo Ruiz. Fundado en mayo de 1983 y ubicado en el barrio donostiarra de Egia, hace un par de años que Amagoia trasladó su sede a un nuevo centro en el que entrenan en la actualidad, compuesto por un tatami -lugar para el ejercicio-, unos vestuarios y la oficina.

Además de dirigir el club, Juantxo es uno de los socios fundadores del mismo y echa la vista atrás con orgullo: «Cuando miramos el registro de socios puesto en marcha hace casi 36 años nos damos cuenta de que, sin llegar a tener un gran crecimiento, casi un millar de personas han pasado y se han formado aquí». Todo un logro, si se tiene en cuenta que se trata de un arte marcial «poco conocido, aunque con unas características pacíficas y de no competición que consiguen llegar a un público, pese a que el mismo sea minoritario».

Para todas las edades

El presente curso, el club Amagoia cuenta con cerca de cien alumnos divididos en seis grupos -dos de niños y cuatro de adultos- e instruidos por cuatro profesores. El turno infantil está compuesto por 15 niños y niñas de entre cuatro y nueve años y la clase de los 'juveniles', por la misma cantidad de chavales, que oscilan entre los diez y los quince años. Entre los adultos se encuentra gente de todos los rangos de edad, aunque llama especialmente la atención que los más mayores estén rozando los 70 años. «No hay edad para que te entre el 'gusanillo' del aikido», bromea Juantxo.

No en vano, cabe destacar que el aikido es una disciplina apta para todas las edades debido a que «ofrece la posibilidad de trabajar y entrenar a diferentes niveles y, además, se le puede dar tranquilamente continuidad a lo largo de toda la vida».

El club lo forman cien alumnos divididos en seis grupos e instruidos por cuatro profesores Juantxo Ruiz, presidente del Aikido Club Amagoia

«La práctica tradicional está integrada por la acción a mano libre y por el trabajo de armas»

El aikido es una disciplina marcial de defensa personal con varias características que las diferencia del resto de artes. Por una parte, la falta de competición, lo que según Juantxo «es uno de los alicientes que lleva a los practicantes a decantarse por el aikido». Por otra parte, además del carácter no competitivo, este arte marcial cuenta con una filosofía muy particular, ligada a la idea de saber mediar y resolver de manera pacífica diversas situaciones violentas, pero huyendo de la agresividad: «Se trabaja con la idea de solucionar o controlar un conflicto violento desde el pacifismo, desterrando la idea de competición y sobreposición respecto al adversario; es decir, sin buscar el enfrentamiento violento, ni la derrota a cualquier precio del atacante».

El aprendizaje del aikido se basa, por lo tanto, en el conocimiento de diversas técnicas de autodefensa que incluyen métodos de posición, de desplazamiento, de caída, de rodamiento, de proyección, de inmovilización y de bloqueo.

Asimismo, la práctica tradicional del aikido está integrada por la acción a mano libre; es decir, por la defensa manual en un conflicto de golpes; y también por el trabajo de armas. Son tres los elementos utilizados para esta última modalidad: 'Jo', un bastón de madera de 1,20 metros de longitd; 'Bokken', una réplica de la katana en madera; y 'Tanto', un cuchillo del mismo material que los anteriores. El objetivo de la incorporación de estas armas es «estar preparados para saber cómo reaccionar ante un atacante que puede ir provisto de diferentes elementos en el conflicto», desvela.

Los niños trabajan por parejas para aprender las diferentes técnicas de este arte marcial.
Los niños trabajan por parejas para aprender las diferentes técnicas de este arte marcial. / UNCITI

En ese sentido, uno de los condicionantes del aikido es el trabajo siempre en pareja, en el que se requiere que uno ejerza de atacante y otro, de defensor: «Suele gustar más desempeñar el rol de atacado, ya que es en el que se aplican las técnicas, pero es importante experimentarlas como atacante. Así se consigue refinar la sensibildad de ambos roles -atacante y atacado-, un conocimiento muy valioso para la práctica en situaciones reales».

Trabajar mente y espíritu

El plano técnico del aikido se complementa con una filosofía inherente a su práctica, lo que lo convierte en un arte marcial que requiere afrontar los desafíos combinando todos los niveles de una persona: físico, emocional y mental.

En este sentido, se requiere un proceso de acondicionamiento de la persona; es decir, una preparación «centrada en la concentración, que permite disciplinar la mente a un nivel que sepa trabajar la fuerza de manera relajada, aunque con la misma efectividad. Para ello, es necesario crear unas pautas y dinámicas de comportamiento».

Se trata, por lo tanto, de un planteamiento que exige «la creación y el acompañamiento de unas pautas y dinámicas de comportamiento que enriquecen la personalidad» de los aikidokas, quienes «se envuelven en un proceso educativo para entrenar y disciplinar no solo su cuerpo, sino también su mente y su espíritu». Juantxo apunta que se trata de un aprendizaje que los practicantes aplican en su rutina diaria y que, por ello, «más allá de los beneficios físicos, este arte marcial cultiva diversos aspectos de la personalidad».

«La idea de competición y sobreposición respecto al adversario queda desterrada» Juantxo Ruiz, presidente del Aikido Club Amagoia

«Se disciplinan todos los niveles de una persona: cuerpo, mente y espíritu»

En consecuencia, esta disciplina ofrece frutos a nivel físico y a nivel psicológico. En primer lugar, la práctica del aikido, como la de cualquier otro deporte, conlleva «una evidente mejora de la forma física y de la salud. A nivel corporal se trabajan la velocidad, el estallido de la fuerza, la elasticidad y la flexibilidad». De igual manera, cabe resaltar «la mejora de la psicomotricidad, consecuencia de un gran dominio del cuerpo, al que se le dan recursos para gestionar los movimientos, sumándole agilidad y consiguiendo estar más activo y alerta». En definitiva, se trata de un deporte que «contribuye al desbloqueo del cuerpo, logrando la persona un lenguaje corporal más suelto».

Por otro lado, la filosofía que acompaña al aikido influye sobre las personas, «reforzando el control sobre uno mismo. Ello influye positivamente en el refuerzo de la autoestima y en la gestión de las emociones, como la ansiedad y el estrés, que pueden aparecer en nuestro día a día. Además, a los niños les sirve para aprender a realizar un trabajo de calma interior y concentración que les ayude a serenarse».

También otras actividades

Aikido Club Amagoia tiene la puerta abierta a ceder su espacio para la práctica de nuevas disciplinas deportivas. Además de yoga y jiu-jitsu, a principios de año comenzaron a ofrecer kick-boxing. «La actividad prioritaria del club es y seguirá siendo el aikido, pero somos conscientes de la dificultad para encontrar lugares, por lo que hemos puesto los horarios libres de nuestro club a disposición de quien pueda estar interesado en impartir una nueva disciplina», explica Juantxo, argumentando que Amagoia, tras el «momento de fuego que supuso el traslado, quiere seguir yendo a más y creciendo poco a poco».

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