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El críquet, un recién llegado a Gipuzkoa
Un grupo de zumarragarras y urretxuarras nacidos en Pakistán han creado un equipo de esta modalidad, los Sharks, y son ya una imagen clásica en el día a día de la localidad
La pelota retumba en el frío suelo del frontón situado en la plaza Zelai Arizti de Zumarraga. Cualquier paseante pensaría que los más pequeños están jugando bien un partido de pelota, bien al clásico 'barrene' al salir de la ikastola. Nada más lejos de la realidad. Son Hasan Ali y sus amigos que se están entrenando a críquet. No estamos ni ante una extensión de hierba en la campiña de Surrey, ni en una explanada a las afueras de Bangalore, en la India. Estamos en la comarca del alto Urola, donde un puñado de pakistaníes juegan al deporte del bate.
Es la nueva fotografía que tenemos de Gipuzkoa, donde los datos demográficos no engañan. La población aumenta y en buena parte es por la llegada de migrantes que se quieren labrar una nueva vida entre nosotros. Es el caso de Hasan, de 17 años, nacido en Pakistán y que lleva diez años viviendo en el territorio.
«Claro que estoy a gusto en Zumarraga», exhorta Hasan, quien convive con varios compatriotas con los que juega semanalmente a críquet. Estudia un grado medio de técnico en mecanizado en el instituto de formación profesional en Bergara y quiere que este deporte de raíces anglosajonas pero que en Pakistán «es tan popular como el fútbol o más», se asiente en la zona de Zumarraga y Urretxu.
Gipuzkoa suma un nuevo récord poblacional, con 733.700 habitantes a fecha de 1 de octubre pasado, según el avance de datos publicado por el INE (Instituto Nacional de Estadística). Una subida en la cifra de habitantes del territorio de 1.573 personas en lo que llevamos de año, es decir, unos 40 vecinos por semana. Y ese incremento, haciendo un primer análisis general, se basa en el aumento constante de población llegada del extranjero.
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Según los datos del INE en 1995 había tan solo seis pakistaníes censados en Gipuzkoa; en el padrón de 2022 se contabilizaban 2.371 hombres y mujeres, y a día de hoy ya son 3.090 del país asiático, de los que 99 están censados en Zumarraga.
«No nos hace falta un campo, entrenamos en el frontón y los domingos de 3 de la tarde a 9 en el campo de Argixao»
«Nos solemos juntar unos veinte a entrenar», cuenta Hasan. «Venimos al frontón y tenemos la pelota que la recubrimos de celo para que no nos haga daño», relata. A la hora de tomar parte en los torneos que se organizan por España, Hasan tuvo que bautizar al equipo y le llamó los 'Sharks' (Tiburones). «Los que suelen jugar al críquet conmigo hemos nacido en Pakistán y han venido aquí, como hice yo». Hasan se ríe cuando se le pregunta si está integrado en la localidad del alto Urola. «Claro que sí, hablo euskera, tengo amigos aquí: sí, sí soy uno más del pueblo».
Como sucede en casi todas las localidades de Gipuzkoa, en Zumarraga el crisol de nacionalidades y culturas que existe va en aumento y Hasan cuenta que «nos llevamos muy bien con toda la gente que, como nosotros, ha venido a vivir aquí desde el extranjero».
La comunidad sudamericana y gente venida desde África, bien del Magreb, bien desde el centro y el sur del continente va a más en su entorno según cuenta este pakistaní que está ya arraigado en la comarca, que entrena y juega a críquet «pero también he jugado a pelota a mano con los chavales de Zumarraga y Urretxu».
Críquet como el fútbol
«En Pakistán el críquet es muy importante, es como la importancia que le dais aquí al fútbol, nosotros se la damos al críquet», cuenta este zumarragarra de adopción. Comenta que «todos los que jugamos y entrenamos a críquet somos de Pakistán, no hay nadie de ningún otro lugar. Solo en otros equipos de España, hay gente de la India, de Afganistán y algún australiano o neozelandés». Se suelen organizar partidos entre los distintos equipos que se forman a lo largo y ancho de la península. La cifra puede sorprender, pero Hasan Ali cita que «serán unos 23 o 24 equipos de críquet los que están apuntados a los diferentes campeonatos y torneos». Como se espera de un deporte nacido en el Reino Unido, «no hay pique con otros equipos de otras zonas de España o con gente de otros países que lo juegan. Como dicen los ingleses, es un deporte de caballeros».
«Me gustaría que viniera gente del pueblo a jugar con nosotros; por ahora nos miran pero no se atreven a dar el paso»
Este deporte se juega en un terreno de césped en forma de óvalo o círculo de, al menos, 135 ó 150 metros donde se enfrentan dos equipos de once jugadores cada uno. «Un lanzador tiene seis bolas y debe darle al 'wicket', un elemento de madera que está delante del bateador. Si le das, el bateador, está eliminado. Si después de darle a la bola el equipo del lanzador la coge en el aire, también está eliminado», explica Hasan, quien sabe que es un deporte absolutamente desconocido por estos lares. «La gente de aquí no sabe mucho de críquet, les suena más el béisbol, aunque son diferentes. Pero por ejemplo la forma de ganar es la misma, el que más carreras haga, gana el partido».
La actual potencia de críquet es Australia y es un deporte que se ha extendido por las que fueron colonias británicas como India, Pakistán, Afganistán o Irán. Australia y Nueva Zelanda también forman parte de los campeonatos internacionales junto con el Reino Unido y también se practica en lo que se llama las 'West Indies', que son los países del Caribe que fueron colonizados por los británicos.
¿Y la gente del pueblo?
Tal y como se practican deportes de todo tipo en la comarca del alto Urola, los entrenamientos de críquet de este grupo de pakistaníes son ya una fotografía habitual en la localidad zumarragarra. «Los entrenamientos son en el frontón pero también vamos a Argixao (el campo de fútbol donde juega el Urola)», cuenta Hasan.
La comunidad que practica el críquet está «encantada», ya que las facilidades que les ha puesto la corporación municipal para practicar su deporte favorito han sido muchas. «No hace falta que nos construyan un campo solo para jugar al críquet», dice el zumarragarra de origen pakistaní. «El alcalde nos ha dado las llaves del campo de Argixao y si no hay problema ocupacional, solemos entrenar los domingos de tres de la tarde a nueve».
Hasan y todo el grupo de jugadores que viven entre Zumarraga y Urretxu disfrutan con los entrenamientos y partidos. ¿Y la gente del pueblo? ¿Se apunta a jugar? «Es que la gente aquí no quiere, no quiere saber nada del críquet por el momento», responde Hasan entre risas. «Y mira que yo sí he jugado y juego a pelota, eh?».
Cuando les ven entrenar los niños se les acercan y preguntan cómo se juega a ese deporte en el que uno lanza y el otro, con una pala de madera, trata de devolver la pelota. «Nosotros seguiremos intentando que si alguien quiere jugar con nosotros, será bienvenido». Críquet en Zumarraga y Urretxu. Impensable hace años. Ahora, es una realidad.
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