Natación

Todo un campeón en el agua

Todo un campeón en el agua

El donostiarra Edu Blasco acumula 43 medallas y 32 récords estatales en las modalidades de natación con aletas y salvamento y socorrismo

ANA VEGA

La pasión por el agua y el mar le viene de familia. Su abuelo fue campeón de España de pesca submarina y asegura que de él heredó la capacidad pulmonar que le está haciendo triunfar en mar y piscina. Es raro encontrar a un deportista que sea capaz de despuntar en más de una modalidad, pero el donostiarra Edu Blasco lo ha hecho hasta en tres. Empezó con la natación clásica, deporte que practicó en sus primeros años y en el que llegó a competir a nivel nacional pero que dejó para dedicarse de lleno a las otras dos disciplinas que le han llevado a la élite mundial: natación con aletas y salvamento y socorrismo.

A sus 23 años, el nadador donostiarra cuenta con un currículum deportivo que impresiona. A nivel nacional no tiene rival. Así lo confirman sus 43 medallas y 32 récords de España en aletas y el hecho de que se haya proclamado por cuarto año consecutivo campeón de España de salvamento y socorrismo. Pero sus éxitos no se limitan a las competiciones domésticas. En aletas logró un quinto puesto en los Mundiales de 2016 mientras que en salvamento y socorrismo fue tercero en los Europeos en 2015 y quinto en los mundiales de 2016.

Acaba de ser reconocido como deportista de élite por el Consejo Superior de Deportes, algo que agradece ya que su intención es vivir de los deportes que practica. Al menos mientras el cuerpo aguante. «He tenido mucha suerte con mi físico. He heredado una capacidad pulmonar excepcional y unas piernas con gran potencia, pero además es que tengo mucha fuerza en el tren superior, lo que me permite ser competitivo en las dos modalidades que practico. Eso sí, creo que también he llegado hasta donde he llegado gracias a que estoy un poco loco y a que a mí lo que me gusta es entrenar, competir, esforzarme y exprimirme a tope en todo lo que hago», asegura.

Este año Eduardo Blasco afronta un reto poco habitual. Competirá en dos mundiales de dos deportes distintos. En julio partirá hacia Serbia para participar en el de natación con aletas mientras que a finales de noviembre le tocará viajar a Australia para tomar parte en el de salvamento y socorrismo. Y de ambos espera volver con alguna medalla al cuello.

Donostiarra y trotamundos

Nació en Donostia, pero a los seis años se fue a vivir a Fuerteventura, donde se trasladaron sus padres por razones profesionales. «Pero toda mi familia vive en Donostia y vengo cada vez que puedo. Soy donostiarra a muerte. Durante el curso vivía en Fuerteventura, pero todas las vacaciones viajaba para ver a la familia», señala el nadador.

A los 17 años dejó Fuerteventura y empezó su periplo en busca de mejores condiciones que le permitiesen hacer de su pasión, su profesión. Pasó un año en Donostia, donde coincidió en los entrenamientos con Markel Alberdi y otros nadadores de élite guipuzcoanos. Después llegaron Valencia, Tenerife, Las Palmas y Guadalajara. «Cinco ciudades en cinco años. Una paliza».

En la actualidad compite para el Club Noja de Natación y Salvamento y reside en Santander, donde sigue estudiando Derecho «porque soy consciente de que esto no durará para siempre y también hay que pensar en el futuro». Como todo deportista de alto rendimiento lleva una vida monacal dedicada en cuerpo y alma al entrenamiento y la competición. Buena alimentación, descanso y nada de salir de fiesta. «Me levanto antes de las seis de la mañana y entreno hasta las nueve. Después voy a la facultad y a la tarde, vuelta a entrenar. Normalmente dedico las mañanas al salvamento y socorrismo y las tardes a la natación con aletas. Trabajo sobre todo la velocidad y la potencia. Mucho de autocargas y muchas pesas que no me gustan, pero son necesarias. Los entrenamientos que hago son más parecidos a los que hace un gimnasta que a los de un nadador. Pero por suerte los dos deportes que hago son complementarios y lo que entreno para uno me sirve para el otro».

No puede, ni quiere, elegir una de las dos modalidades. Una le apasiona, la otra puede llevarle a participar en unos Juegos Olímpicos. «Confío en que en un par de ciclos la natación con aletas sea considerada modalidad olímpica. Y cuando esto ocurra espero estar ahí. Un nadador con aletas puede alcanzar su máximo rendimiento a los 30 o 32 años, así que si sigo entrenando bien y cuidándome. Me quedan al menos otros diez años de carrera deportiva, por lo que confío en llegar», proclama.

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