El vasco al que el récord olímpico le duró menos de media hora

Ignacio Sola, pertiguista de madre guipuzcoana y padre vizcaíno, tuvo hoy hace medio siglo la plusmarca de la especialidad durante los Juegos de México

Ignacio Sola, Sola México
Ignacio Sola analiza, 50 años después de los Juegos de México, diferentes saltos que completó durante su etapa como pertiguista. / EFE
Karel López
KAREL LÓPEZ

Ignacio Sola no subió al podio en los Juegos Olímpicos de la Ciudad de México. La medalla y el diploma se le escaparon a pesar de su gran rendimiento en un concurso de pértiga para el recuerdo que se celebró hoy hace medio siglo. Sin embargo, el exsaltador de madre oñatiarra y padre bilbaíno siempre podrá decir que, durante unos minutos, tuvo el récord olímpico de la especialidad. Y de eso, ningún otro atleta vasco puede presumir.

«Si unos días antes me cuentan que voy a saltar 5,20 metros y que me voy a quedar sin medalla, la verdad es que le hubiese llamado loco al que me lo decía», destaca ahora a sus 74 años. «Yo creo que, en cuanto al nivel medio, y siempre teniendo en cuenta la época en la que vivíamos, aquel concurso fue el de mayor nivel disputado hasta ahora en pértiga. Competimos un grupo de atletas muy compacto. Nos solíamos ver los mismos diez saltadores en muchas reuniones a lo largo del año, y también coincidimos en México», continúa el hombre que, con la altura superada en aquella cita olímpica de la que ahora se cumplen 50 años, batió su propio récord de España, aunque tuvo que conformarse con el noveno puesto, «empatando con el octavo. El alemán Heinfried Engel saltó lo mismo, pero por nulos, él fue octavo». Ganó, con 5,40 metros, el estadounidense Bob Seagren.

Ignacio Sola, en pleno vuelo en Anoeta.
Ignacio Sola, en pleno vuelo en Anoeta.

«No sé si fue por la altura o por la novedades que llegaron a aquellos Juegos, pero todos saltamos como nunca», explica el hombre que ahora vive en Madrid. «Por aquel entonces, los concursos de pértiga podían durar hasta doce horas. Comíamos en la pista y te daba tiempo hasta a ponerte enfermo entre salto y salto», bromea Sola justo antes de recordar cómo, durante «unos pocos minutos», fue el pertiguista que más alto había volado en unos Juegos Olímpicos.

«Yo ni me enteré. Días antes de llegar a México, había batido el récord de España tras superar el listón en 5,10 metros. Yo estaba obsesionado con mejorar esa plusmarca (quizás porque, días antes, Anselmo López, el jefe de equipo, le propuso un trueque de relojes si lo lograba, y Sola ganaría un Rólex de oro). Cuando salté 5,15, me alegré únicamente por eso. El récord olímpico fue una casualidad, porque fui el primero en saltar esa altura». Poco tardaron en igualar al atleta vasco, que llegó hasta 5,20, aunque aquel listón no lo superó en su primera tentativa.

«Nos fuimos a cenar con Cantinflas»

Uno de los momentos más curiosos de Ignacio Sola en México lo vivió cuando cenó, junto a otros compañeros del equipo español, con Cantinflas. «Nos invitó a cenar», cuenta el exatleta vasco. «La ceremonia de inauguración fue el 12 de octubre, el 14 disputé la calificación de pértiga y el 14 ya salté en la final. Después tuve casi un mes en México. Fueron semanas de diversión. El ambiente allí era fabuloso. También conocimos a Chavela Vargas».

«Mi recuerdo de aquellos Juegos es magnífico. La organización fue buena y lo cierto es que es una cita que rápidamente se asocia con Dick Fosbury, Bob Beamon, el gesto de Tommie Smith y John Carlos... Marcaron la diferencia. El 8,90 fue increíble. Lo viví en primera persona y es un recuerdo imborrable. La revolución del tartán fue importantísima. Era mucho mejor que la ceniza, mucho más consistente y seguro», narra Sola, quien durante más de una década trabajó en Zaragoza como director de marketing de Adidas. Aunque, eso sí, en México compitió con unas zapatillas de la marca Munich.

«Fue un parto»

La mayor innovación que experimentó la disciplina que Sola practicaba no fue el poder correr sobre tartán, sino el empleo de las pértigas de fibra de vidrio desde unos años antes. «Calculo que las empezamos a usar en 1963, un año antes de Tokio. Cada competición previa a aquellos Juegos servía para que alguien batiera el récord del mundo». Las pértigas metálicas ya eran historia, aunque a la ciudad asiática, Sola llegó sin demasiada experiencia con su nueva herramienta de trabajo. «Conseguir una pértiga de fibra de vidrio fue como un parto».

Corría el año 1963 cuando el exatleta vasco se hizo con una. «Sabíamos de su existencia. El estadounidense Tork, que había tenido el récord del mundo, vino a España con motivo de la inauguración de las pistas del Real Madrid. Trajo dos de fibra de vidrio y le dijimos que le queríamos comprar al menos una de ellas. Lo conseguimos, aunque no valía para nada porque cada pértiga se adapta a las características del atleta. Poco después empezamos a comprarlas en París», recuerda Sola ofreciendo todo tipo de detalle. A México, él y sus rivales llegaron con experiencia y se notó. Los récords olímpicos, como él suyo, no dejaban de caer.

Ignacio Sola, en pleno salto en Anoeta.
Ignacio Sola, en pleno salto en Anoeta. / DV

Si ahora es complicado viajar con ellas, imaginen cómo sería hace medio siglo. «Era casi misión imposible. No las metían en las bodegas de los aviones. Recuerdo cómo el personal de Iberia solía ayudarme a quitar las ventanillas de emergencia para poder meter las pértigas debajo de los asientos. Después, claro, las volvíamos a colocar».

Dura lesión

La marca que Sola logró en México 1968 (5,20 metros) fue su tope personal. No pudo seguir batiendo el récord de España en competiciones posteriores. Una complicada lesión tuvo la culpa cuando solo tenía 25 años. «En 1969, en la recién estrenada pista cubierta de Barcelona, caí fuera del foso. Me rompí el maléolo, el peroné, la cápsula articular y los ligamentos del tobillo izquierdo». Sola tenía otro tipo de inquietudes y quería garantizarse el tener de qué comer durante el resto de su vida. No le fue mal en el ámbito laboral.

Su DNI

Nacimiento:
De madre oñatiarra y de padre bilbaíno,Sola nació en Bilbao el 1 de febrero de 1944.
Logros:
Fue dos veces olímpico y en 54 ocasiones internacional absoluto. Su primer récord de España al aire libre fue en 4,25 metros (1963), dejándolo en 5,20 en México.
Lesión:
En 1969, cayó fuera del foso. Se rompió el maléolo, el peroné, la cápsula articular y los ligamentos del tobillo izquierdo.

Ahora, basándose en su experiencia, Ignacio Sola continúa en la ejecutiva del Comité Olímpico Español. «Intentamos ayudar a diferentes deportistas. Es importante que tengan formación para lo que viene después del deporte», explica este histórico del atletismo al que, como a muchos otros deportistas por aquel entonces, disfrutaba compitiendo en las viejas pistas de Anoeta. «Era una pista mágica», apunta. ¿Tanto como la de los Juegos de México 1968, Ignacio?

«Se perseguía al deportista profesional»

Entre las decenas de anécdotas que Ignacio Sola recuerda, hay una que expone a las mil maravillas cómo era el deporte en la década de los 60. «Se perseguía al deportista profesional. Recuerdo una reunión en Estocolmo en la que al que mayor puntuación lograra en el meeting se le daba un coche: un Escarabajo. Le dieron las llaves y, en la grada, se empezó a escuchar cierto runrún. Para quitar hierro al asunto, por megafonía se dijo que era un regalo para su club, para que pudieran desplazarse. Se estaba jugando incluso una descalificación».

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