«Ser subestimado me hace trabajar más duro»

Kenny Chery ha peleado desde su 1,80 como el base y el escolta tirador que necesitaba el GBC

IÑIGO PUERTA SAN SEBASTIÁN.

Desde Montreal, Canadá. Francófono, con raíces haitianas. Kenny se muestra humilde, trabajador y creyente. Se siente «bendecido» y «muy agradecido a Dios» por lo que el basket le regala cada día. Un tipo sencillo. Bajito, pero gigante en la pista.

Militó en la Universidad de Baylor (EE UU), donde su handicap de altura no pudo doblegar su sueño de convertirse en jugador de baloncesto profesional. En su segundo año como 'oso' de Baylor, lideró la Conferencia 'Big 12' en porcentaje de tiros libres y fue seleccionado en el segundo mejor quinteto. Lideró a su equipo en asistencias y fue su tercer mejor anotador. Algo difícil en una camada de oseznos con pedigrí NBA. Sus «hermanos» en la cancha, Royce O'Neale (Utah Jazz) y Taurean Prince (Atlanta Hawks) dieron el salto. «Hablo con ellos cada día». De hecho, O'Neale comparte ahora vestuario con el ex GBC Raul Neto, Ricky Rubio o Joe Ingles, viejos conocidos en la ACB. «Me dice que en Utah parece que ha vuelto a jugar a España». Chery compitió también contra el brasileño Neto en un Mundial sub19, en el que se colgó el bronce con Canadá.

Su primera experiencia profesional fue en la liga húngara, donde fue subcampeón con el Alba Fehervar. Su actuación le valió de escaparate para debutar en la ACB con el Betis, antes llegar a Gipuzkoa.

Determinación ganadora

«Allá donde voy espero ganar». Desde su llegada quería que el GBC hiciese ruido en la ACB. Dicho y hecho. Ha liderado remontadas épicas y regalado actuaciones desequilibrantes que le valieron convertirse en el jugador de la jornada 18 en la ACB. Su motor rugía desde los entrenamientos. Una ética de trabajo que ayudaba a empujar al grupo junto a Clark, Fede, Agbelese o Henk Norel. «Empujábamos especialmente a los jóvenes, que venían a trabajar cada día».

Un rol que varió

«Aquí quería ser un facilitador, hacer funcionar al equipo». Una lesión temprana le sacó de la pista. «Vi y aprendí el control de juego de Dani Pérez». Una vez recuperado, se vio a un Chery muy vertical. Quizás acelerado. Su tiempo llegó y el equipo necesitaba sus puntos. Una conversación con Porfi Fisac fue clave. «Me dijo 'tienes que ser más agresivo, nadie ha visto lo que sabes hacer'». Lo reposó en casa. «Tenía razón. Me sentí capaz». La química subió. Vieron vídeos. Se llevó discos duros a casa. Estudió cómo atacar a otros equipos, día y noche. «Si era más agresivo conseguiría más espacios para mis compañeros abiertos. Puse mucho trabajo para poder merecer esos tiros». Los sistemas cambiaron. «Jugamos con dos bases, pudimos anotar rápido en transición». Su confianza se elevó, lideró con su energía defensiva. «En los partidos igualados y en los últimos cuartos estaba preparado».

Fichado como defensor

«La gente se cree que vine para anotar y fue por mi defensa». Si alguien está caliente en pista, es el primero en salir y decir que no podrán con él. «Tengo orgullo». A pesar de ser una golosina para postear por los contrarios, su fuerza física y la comunicación con sus compañeros lo superaban. «De la misma forma que son amigos fuera, en la pista me han ayudado muchísimo».

Una situación similar a la que vive el pequeño All-Star Isaiah Thomas en la NBA, alguien «inspirador para mi. Llegó sin ser drafteado. Me encanta ser un 'underdog'. Ser subestimado me hace levantarme por la mañana y trabajar más duro».

De la transición al baloncesto europeo, destaca que a falta de espacios «si estás solo tienes que tirar y si dejas un segundo te lo van a hacer pagar. Sube tu lectura de juego, la toma de decisiones».

Seguidor de Chris Paul en la NBA y de Toronto Raptors como equipo a pesar de sus playoffs, le gustaría «tirar desde más lejos, mejorar en todo... Estudiaré a gente como Steve Nash, descansaré dos semanas, y me pondré a trabajar».

 

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