Gipuzkoa Basket

Maiza acude a la llamada...

Maiza intenta parar una entrada a canasta de Oliver. / EFE
Maiza intenta parar una entrada a canasta de Oliver. / EFE

El base le puso el sabor guipuzcoano a un triunfo que pone a bailar al Gipuzkoa Basket | El frío ambiente invitaba a pensar en otra tarde desangelada en Illunbe, pero la película tuvo buena banda sonora y final con sonrisas

Borja Olazabal
BORJA OLAZABAL SAN SEBASTIÁN.

Hay veces en las que un resultado dice mucho. Lo dice todo. En tiempo de descanso en Illunbe, este humilde plumilla anotaba ideas en una hoja en blanco para poder redactar estas líneas. Teniendo en cuenta de dónde venía el equipo, los pensamientos se estaban yendo otra vez hacia el lado oscuro de la fuerza. Todo apuntaba a una nueva derrota y el pabellón, por llamarlo de alguna manera, no aportaba nada atractivo.

Y es que Illunbe sigue sin ser ese escenario de película al que cualquiera pudiera sentirse atraído. A pesar de la calefacción, hace un frío que se mete por los riñones y te deja tieso. Que se lo pregunten al compañero periodista que llegó desde Canarias. «¡Qué frío hace, está el clima como el ambiente!».

No le faltaba razón, las gradas volvieron a mostrar un aspecto desangelado. A los que más se escuchaba, al grupo de niños y niñas de la ikastola Orixe, los invitados en el día de ayer. Invitar a los txikis y dejarles jugar en la misma pista que 'los mayores' es una gran idea, pero no es suficiente como para que Illunbe luzca como lo hacía hace no tanto.

La cosa pintaba tan mal que dio la sensación de que el club no quería que los periodistas contáramos el partido. No se entiende de otra manera que no hubiera sitio para todos en la zona de prensa. Incluso Raúl Melero se tuvo que buscar una mesa para colocar su ordenador en sitio diferente al habitual. Aunque salió ganando, ya que se situó a pie de pista.

Pero entonces pasó algo inimaginable. Sucedió un minuto antes de que finalizara el segundo cuarto. Valdeolmillos le dio entrada en el partido al único guipuzcoano que había ayer en convocatoria, ya que había dejado fuera al capitán Xabi Oroz. Hay veces que un equipo necesita la fuerza que dan los jugadores de la casa. Momentos, sobre todo los malos, en los que los que visten esa camiseta que sienten como suya tienen un punto más de, digamos, carisma.

El base de Ibarra recibió la ovación de la tarde cuando se sentó a falta de 3.30 para el final del choque

Un periodista canario que cubrió el choque resumió el clima: «¡Qué frío hace, como el ambiente!»

Y ahí apareció Maiza, con sus veintidós años, en un momento difícil para el equipo. Con el 32-33 en el marcador. Con esa sensación en el aire de que el Gran Canaria acabaría imponiendo su mayor calidad global para ganar. Pero Maiza tiró de raza, se fue hacia la canasta y se sacó una personal que le llevó a la línea de tiros libres. Anotó los dos y el partido se fue al entretiempo con pequeña ventaja local, 34-33.

Llegó el tiempo del descanso y el DJ de Illunbe, con el que tenemos una relación de amor-odio, acertó con su pinchada. Primero sonó Lola Indigo y su 'Yo ya no quiero ná'. Eso era precisamente lo que estaba pensando la afición que se dio cita en la cancha. No quería ná que no fuera la victoria. Así que empezamos a bailar con la mascota 'Gipu', que es otro de los que siempre se salva en Illunbe. Para rematar el momento musical del descanso, apareció la guitarra de Leiva con esos inconfundibles primeros acordes de 'La Llamada': «Cuando no encontramos la velocidad y las piernas se clavan. Cuando no dices nada, entonces empiezo a escuchar... Sueño con estar por encima de todo, por debajo de tu falda, con la noche llena de luz y tu voz pausada. Hoy he sentido la llamada, con toda la fuerza...».

El que la sintió fue Maiza. Y acudió sin miedo a la oscuridad ni a lo que pudiera venir para bajar la espada. Volvió a salir a la pista para anotar el 55-45 y poner diez arriba a los suyos. La grada estalló. Era uno de los suyos. Fue el momento de máxima ebullición.

Aplausos hacia Ibarra

A 3.30 para el final, y con el partido casi sentenciado, Valdeolmillos volvió a sentar a Maiza. En su lugar entró un Dani Pérez que ayer también bailó al son de Leiva. Que también sintió la llamada y lo hizo, como luego diría su entrenador en sala de prensa, a las mil maravillas.

El cambio provocó que los aficionados se levantaran y dedicaran la ovación de la tarde al de Ibarra, que cerró su actuación con 4 puntos, 2 asistencias, 3 rebotes y esa sensación de ser uno de esos jugones que disfrutan con este deporte.

Los minutos finales se fueron consumiendo hasta el final con una suave melodía de relajación de fondo. Esa que permite cerrar los ojos y dormir plácidamente al saber que el trabajo estaba bien hecho y había llegado la merecida recompensa.

La banda sonora la cerró el sonido de las sonrisas de las hijas de Van Lacke, que por fin pudieron abrazar a su aita para celebrar una victoria. La primera de la temporada. La de la llamada.

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