Gipuzkoa Basket

¿Dónde estás, Agbelese?

Los jugadores del Delteco se saludan tras la presentación del equipo ayer en Illunbe./JOSE MARI LÓPEZ.
Los jugadores del Delteco se saludan tras la presentación del equipo ayer en Illunbe. / JOSE MARI LÓPEZ.

La afición donostiarra acabó volcada con su equipo la temporada pasada, pero el inicio de este curso no es como para levantar pasiones Al margen de las carencias deportivas, al Delteco GBC le faltó carisma y espectáculo

BORJA OLAZABALSAN SEBASTIÁN.

Parecía que todo estaba preparado en Illunbe para el inicio de una nueva temporada en la Liga ACB. Teníamos gradas, parqué, canastas, marcadores, jugadores, árbitros, balones, aficionados... Faltaba la música, pero entonces el DJ del pabellón le dio al 'play' para que sonaran esos acordes que evocan basket espectáculo. Sonó la canción principal de la banda sonora de 'Space Jam', esa película noventera que mezclaba animación con personajes reales y en la que los protagonistas eran, entre otros, el conejo Bugs Bunny y el Dios de este deporte, Michael Jordan.

Pero cuando el balón fue lanzado al aire por primera vez esta temporada, no saltó Jordan a por él. Ni siquiera estaban como rivales los monstruos de la película, aquellos que robaron las habilidades a otras estrellas de la NBA como Patrick Ewing o Charles Barkley. ¿Qué pasó ayer en Illunbe? O mejor dicho, ¿qué faltó ayer en Illunbe? Al margen de lo meramente baloncestístico, faltó eso que le da magia a este deporte, el espectáculo. Faltó 'showtime'. Faltó todo lo que divierte a los aficionados. Esos triples que provocan remontadas. Esos mates que merecen aplausos. Esos tapones que levantan puños en las gradas.

Solía contar un colega de profesión que cuando jugaba a baloncesto, tenía un entrenador que siempre le decía: «Hay veces que los partidos no salen como a uno le gustaría, pero hay que intentar meter siempre al público en el partido. Si las cosas no te salen, si no estás fino en la anotación, salta a por ese balón que se va fuera aunque sepas que no lo vas a poder coger. Lánzate a por la pelota aunque te lleves por delante a los aficionados que más pegados estén a la pista».

Algo así es lo que hizo Miquel Salvó en los compases iniciales del encuentro. Todavía no se había producido el desastre, pero voló hacia un balón que se marchaba fuera y, aunque no lo rescató, chocó contra las mesas de comentaristas y se llevó el aplauso del público.

Fue de lo poco vistoso de un partido en el que el único destello de 'showtime' lo puso Gaizka Maiza con un pase bajo las piernas que dejó en boca de canasta a Burjanadze, pero el georgiano no consiguió anotar.

El Corbacho rival

La falta de eficacia de cara al aro rival fue total por parte de los donostiarras, que ni siquiera encontraron a uno de los mejores triplistas de la ACB. Alberto Corbacho ha llegado este verano al GBC y cualquiera que se haya pasado en los últimos años por Illunbe sabe de lo que es capaz el de Palma de Mallorca. Siempre ha sido el clásico hombre que, jugando con la camiseta rival, machacaba al GBC desde la línea de 6,75.

Para colmo de males en el día de ayer, Corbacho no anotó un solo triple. No consiguió ningún punto. La última jugada del encuentro resumió a la perfección lo que había sido el choque. Recogió la pelota en una de las esquinas, en uno de los sitios favoritos para los triplistas. Y en uno de esos momentos en los que los francotiradores más disfrutan, cuando el cronómetro está llegando a cero... Pero no hubo magia, no hubo 'show', no hubo, ni si quiera, un triple sobre la bocina para cerrar un partido que no gustó a nadie.

¿Cómo se levanta esto?

En el transcurso del partido, y mientras el aburrimiento iba hundiendo a los aficionados en sus asientos, uno se preguntaba cómo se podía levantar el partido. Al menos, cómo se podía levantar el ambiente en un pabellón que la temporada pasada disfrutó, al margen de que los resultados fueran buenos o malos, con la entrega de sus jugadores.

Se me vino un nombre a la cabeza. Un jugador que, lo hiciera bien o mal, dejaba cada día un par de momentos para el recuerdo. Un par de jugadas que serían comentadas por los aficionados al término del encuentro. Ayer me faltó en Illunbe el bueno de Danny Agbelese.

El pívot está haciendo disfrutar ahora a los aficionados del Holargos griego. Con sus locos mates y sus celebraciones. Con sus tapones y las caras que ponía buscando las cámaras. Con esos rebotes y miradas cómplices a un público que siempre se levantaba con sus acciones. Esos bailes al son de la música... ¡Jugón! ¡Jugón! ¡Jugón!

Contra el Fuenlabrada el que intentó imitarle fue Bobrov, que protagonizó las pocas acciones vistosas del choque. Machacó bien el aro tras rebote para el 15-26 y fue el único que consiguió levantar a los aficionados de sus asientos con dos mates seguidos para colocar el 32-43. Con la canasta 32 del equipo, el ucraniano hizo tímidos gestos a la grada, pero nada que ver con lo que hacía el de Washington. El fervor del graderío se diluyó en segundos. Ni un alley-oop de Bobrov a pase de Gutiérrez encendió la mecha.

Y para colmo, con el 52-72 en el marcador, empezó a sonar un clásico como 'Txanpon baten truke' de Alaitz eta Maider. Idóneo para bailar de verbena, pero no cuando la verbena es tu equipo. Con esa frase entre su letra, 'otsoaren suizidoa' (el suicidio del lobo). Lo de ayer fue de suicidio colectivo. ¿Dónde estás Agbelese?

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