Vida y obra de 'El joven Zlatan'

Un documental repasa con imágenes inéditas los años de juventud que pasó Ibrahimovic en Suecia y Holanda, lugares en los que la estrella escandinava empezó a darse a conocer en todo el mundo

Vida y obra de 'El joven Zlatan'
ENEKO PÉREZ

«No haré ninguna prueba. Me coges o no, no estoy aquí para perder el tiempo». Esa fue la respuesta que recibió Arsene Wenger, sempiterno exentrenador del Arsenal, de Zlatan Ibrahimovic (Suecia, 1981) en el año 2000, antes de que el excéntrico ariete sueco fuese conocido en todo el mundo. Con apenas 18 años y siendo aún un jugador de categoría juvenil, 'Ibra' les rechazó. El chico era especial y sabía que en su carrera ese no iba a ser su último tren a un grande. Con todo, el personaje que hoy conocemos empezó a fraguarse más o menos por esos años en Suecia, concretamente en el Malmö FF. Su salto de este modesto equipo nórdico al gigante del fútbol holandés, el Ajax, es la historia sobre la que gira el documental 'El joven Zlatan' (en versión original 'Becoming Zlatan').

El reportaje audiovisual está compuesto en su mayoría por imágenes inéditas que muestran el día a día de Ibrahimovic en un periodo de tiempo comprendido entre 1999 y 2004. «Relájate, estás nervioso. De verdad, me refiero a tu trabajo, relájate y diviértete». Así empieza este documental, con un Zlatan de apenas 20 años dando consejos paternalistas al entonces director deportivo del Malmö, Hasse Borg, con quien está viajando en tren hacia Amsterdam, ciudad en la que va a cerrar su fichaje por el Ajax. 'Ibra' destila confianza por todos sus poros. En la capital holandesa arrancó un nuevo capítulo en su carrera hacia el estrellato. Pero, antes de vestir la mítica camiseta 'ajacied', Ibrahimovic fue puliendo su particular carácter y su fútbol en Rosengard, un barrio humilde de clase obrera que le vio crecer en su adolescencia.

Alejado de los focos de la élite europea, la vida del joven Zlatan en Suecia era mucho más tranquila, demasiado tal vez para él. «Este año te has saltado 350 horas de clase, ¿no? Es un nuevo récord…», le espeta el presidente del Malmö en una fría y lluviosa mañana otoñal de 1999. «¡Claro que es importante ir a clase! Pero he estado centrado en el fútbol… Después de Navidades me portaré mejor», le contesta Ibrahimovic con una media sonrisa. El delantero de ascendencia serbo-croata ya era conocido en su país por aquel entonces por provocar varias trifulcas dentro del terreno de juego. Una personalidad volcánica y la aversión a la derrota le hacían perder los estribos a menudo. Ni siquiera el paso de los años le ha apaciguado.

'Ibra' sufrió en sus propias carnes la decepción que supone un descenso. «Entré en el primer equipo justo cuando perdieron la categoría. Solo tenía 17 años, no sé ni qué minuto era, pero me acuerdo que perdimos 3-0 y yo llevaba unos guantes rojos», rememora en el documental el jugador, quien agrega que «ya en el vestuario, pensé que ese era mi momento para demostrar quién era yo. Tenía que ser quien les devolviese a 1ª». Dicho y hecho. Aunque él fue el gran artífice del ascenso, sus compañeros más veteranos no terminaban de entenderle. «Está claro que tenemos que comprender su juego, pero él también debe jugar más con nosotros. Se cree que es una estrella, pero aún no es nadie», criticaba uno de ellos. Un rival del Djurgarden pensaba parecido: «Tiene la capacidad de hacer maravillas con el balón, pero a veces parece que disfruta más humillando a un contrario que metiendo goles. Es muy inmaduro».

No obstante, en el club había alguien que velaba por él. Hasse Borg, el director deportivo. «En el fondo es un tío majísimo, su problema es que no confía en la gente. Debe ser duro no poder recurrir a nadie siendo tan joven…», apuntaba el alto cargo. Con sus padres separados y habiendo cambiado de hogar en numerosas ocasiones, Ibrahimovic decidió emanciparse con apenas 19 años. «Ha sido una decisión inteligente. Es bueno saber cuidar de uno mismo, aunque aún no me lavo la ropa yo solo», revelaba en el año 2000 un risueño Zlatan, que se pone muy serio cada vez que habla de sus padres o de su infancia. «Mi padre era muy exigente conmigo, casi nunca estaba satisfecho con nada de lo que yo hacía. Supongo que eso me ha hecho más fuerte, aunque no fue fácil», admitía. También se puede ver al delantero por aquellos años en su casa de Malmö junto a su hermano pequeño -son idénticos-. Cuando este último saca una foto de 'Ibra' de pequeño, Zlatan ríe con añoranza. «Míralo, ¿eh? 'Zigge', el gitano. Qué tiempos», señala.

Y Amsterdam conoció a Zlatan

Era verano de 2001 e Ibrahimovic acababa de firmar el contrato que le uniría por cinco temporadas al club más grande de Holanda, el Ajax. La relación se acabaría antes. «El presidente me lo preguntó 10 veces: ¿estás seguro, Leo? Mira que es mucho dinero. Yo le dije que sí. No me digas por qué, pero solo con mirarle a los ojos supe que el chaval iba a ser un grande», desvelaba tiempo después Leo Beenhakker, el responsable de la contratación del sueco, quien, conociendo el carácter «especial» de su nuevo delantero, le advirtió de que «si me jodes yo te jodo a ti, olvídate de tu carrera».

El primer año de Ibrahimovic en la Eredivisie fue decepcionante. Con la losa de ser el fichaje más caro de la historia, Zlatan jugó poco y marcó menos -9 goles en 33 partidos-. Esa personalidad tan particular de la que hacía gala continuamente le pasó factura en la adaptación al estilo de vida holandés. Su entorno le tachaba de «frío y solitario». No encajaba y su fútbol tampoco, y eso le carcomía por dentro. «Yo le decía que se dedicase a jugar, que era fuerte. En los entrenamientos era el mejor, pero en el campo… Algo le bloqueaba», advertía Andy Van der Meyde, compañero de filas por aquel entonces. En efecto, la soledad en casa y la falta de confianza de su entrenador, Co Adriaanse, provocaron que 'Ibra' siguiese naufragando en el verde, algo que desató las iras de sus aficionados y, sobre todo, de una prensa excesivamente dura.

«Me encantaría decirle a este inmigrante perezoso que es un extranjero de segunda clase y que tiene que marcharse de nuestro país, porque aquí no cabe nadie más». Este discurso de tintes xenófobos salió de la boca del periodista neerlandés Hugo Borst. En realidad, la relación del estilete escandinavo con los medios siempre ha sido turbulenta. «Os gusta mucho hablar mal de nosotros cuando no estamos bien. Tú también habrás cometido errores en tu vida, seguro. Pero solo eres un simple periodista, a nadie le importa», disparó Ibrahimovic en el campo del entrenamiento a otro reportero.

La llegada de Koeman a finales de 2001 empezó a despertar al león que llevaba dentro. Los goles y los regates hicieron que los silbidos de la grada se convirtieran en aplausos y vítores. Se había ganado a su hinchada, pero un desagradable incidente en verano de 2004 ensució todo lo hecho hasta entonces. En un amistoso entre Holanda y Suecia Ibrahimovic realizó una entrada horrible a Rafael Van der Vaart, el capitán del Ajax. La prensa volvió a ponerle en el disparadero, y esto derivó en una reunión privada entre el presidente, el entrenador y los dos jugadores. «No me gustas como capitán, me caes mal. Si vuelves a hablar mal de mí a mis espaldas, te cortaré la cabeza». Con esa frase lapidaria del sueco a Van der Vaart «se hizo un silencio sepulcral», confesaba años después David Endt, 'team manager' del equipo. Después del terremoto mediático, 'Ibra' firmó una obra de arte en forma de gol ante el Breda y logró, de nuevo, silenciar los insultos de parte de la grada. Días después se cerró su traspaso a la Juventus previo pago de 20 millones de euros. El resto de la historia es conocida por todo el mundo. «Si quieren pararme, tendrán que matarme». Esta es la vida y obra de 'El joven Zlatan'.

Ibrahimovic, 'verdugo' (involuntario) de la Real subcampeona

La 'Teoría del caos' apunta a que el aleteo de una mariposa en Dublin puede provocar un terremoto en Seul. Algo parecido -salvando las distancias- sucedió con Ibrahimovic y aquella Liga 2002/2003 que la Real Sociedad llegó a rozar con los dedos. Fueron varios los momentos en los que los realistas fallaron ante la presión de ser campeones -Valencia y Villarreal en Anoeta, por ejemplo-, pese a ello, toda la afición se acuerda de aquella maldita noche en Balaídos. Era la jornada 37 y la Real llegaba al envite líder y con un punto de ventaja sobre el Real Madrid. Desgraciadamente, el Celta, que se jugaba su pase a la Champions League, derrotó a los txuri urdines con un doloroso 3-2, siendo uno de los tantos gallegos obra del egipcio Ahmed Hossam (Egipto, 1983), más conocido como Mido.

El ariete africano pasó a formar parte de las filas celestes apenas seis meses antes. Recaló en calidad de cedido procedente del Ajax, club en el que compartía vestuario y demarcación con el protagonista de estas líneas, Zlatan Ibrahimovic. A pesar de haber firmado una primera temporada notable en su primer año en Holanda, en la segunda campaña Mido empezó a causar muchos problemas. «Si el entrenador no me saca a jugar, me lo tomo muy mal. Desde ese momento, entre él y yo surge un conflicto personal», desvelaba el 'Faraón' en una de las escenas del documental. Tras recuperar 'Ibra' el olfato goleador y la confianza perdida, Koeman relegó al banquillo al delantero egipcio, quien se sentía «muy frustrado».

El incidente que acabaría desencadenando una gran polvareda tuvo lugar en diciembre de 2002, en un duelo que enfrentaba a Ajax y PSV. Tras haber protagonizado alguna que otra discusión dentro del campo, Zlatan y Mido llegaron a los vestuarios al final del partido gritándose, en medio de un ambiente muy crispado. «Se escuchaban portazos y muchos gritos. Se respiraba la tensión en ese momento», rememora David Endt, 'team manager' del Ajax. Tras haberse dedicado varios insultos, Mido, en un acceso de rabia, perdió los papeles y lanzó a la cabeza de Ibrahimovic unas tijeras «que le pasaron rozando por la cara», recuerda Endt. La bronca tuvo sus consecuencias. El egipcio tuvo que hacer las maletas para viajar hasta Vigo, donde meses después hizo trizas los corazones de los 10.000 aficionados realistas que se desplazaron en masa hasta Balaídos. Caprichos del destino.

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