VINOS Y OSTRAS

El fútbol no deja de ser un juego y racionalizar algo que tiene una base en el azar resulta bastante baldío

Piqué se lamenta tras la eliminación ante Rusia./Afp
Piqué se lamenta tras la eliminación ante Rusia. / Afp
Alicia Giménez Bartlett
ALICIA GIMÉNEZ BARTLETT

Antes (no me atrevo a decir 'antiguamente', no soy tan vieja) había una expresión tipificada para cuando España era eliminada de alguna competición internacional. Solía decirse: «No pudo ser». Yo, en mi ignorancia, siempre había pensado que se trataba de una frase neutra, sin ningún tipo de connotación ni significación añadida, una especie de premio de consolación para los que no habían tenido la fortuna de ganar. Pues bien, como sucede la mayor parte de las veces con los ignorantes, me equivocaba. Bien he podido comprobarlo después de la eliminación de La Roja en este Mundial. He leído muchos, muchos periódicos (sobre todo los del grupo Vocento, of course), centrándome en las explicaciones que daban los comentaristas de deportes sobre la derrota española. Ni uno solo de ellos decía el consabido «no pudo ser».

Los motivos que aducían los expertos sobre nuestra eliminación eran variopintos: el cambio de entrenador en el último momento, la falta de coordinación entre los jugadores, la ausencia de seguridad en sí mismos, el juego ramplón y sin ambiciones traducido en el tiqui-taca, e incluso la sumisión al poder central (este último no lo he entendido muy bien, pero lo cito de todas maneras). El hecho de que ni uno solo de estos especialistas se haya dignado a escribir el «no pudo ser», me hace pensar que semejante acuñación lingüística tiene algo de exculpatorio. Es como el «Yo no he enviado mi armada a luchar contra los elementos». Debe emplearse cuando el equipo ha luchado con todas sus fuerzas y sabiduría pero, debido a una notoria superioridad o a mil imponderables, no ha sido capaz de salir vencedor del reto. Se le perdona todo o casi todo. Nada que ver con la actualidad, aquí, hasta la excusa racial de Ramos jurando que le habían echado orgullo, sentimiento y «huevos» ha caído en saco roto para la opinión pública. Quizás los huevos no estaban en su punto de cocción.

En cualquier caso, hay un veredicto de culpabilidad unánime, aunque la opinión sobre quién empuñó el arma homicida es variable. Como no soy una conocedora del tema les haré una comparación para aclarar mi punto de vista. ¿Verdad que han oído a algún amigo suyo decir: «Yo no entiendo de vinos, pero cuando pruebo uno y me gusta, resulta que es de los buenos»? De igual manera les confesaré: «Yo no entiendo de fútbol, pero en el partido de España contra Rusia me aburrí como una maldita ostra». Ahí está el punto, es banal, pero puede resultar significativo. De todos modos, seamos conciliadores: el fútbol no deja de ser un juego y racionalizar algo que tiene una base en el azar resulta bastante baldío. Así que, por mi parte, muchachos, os concedo el «no pudo ser» y pelillos a la mar. Veamos solo las ventajas: ¿y los nervios que vamos a ahorrarnos a partir de ahora? Por no hablar de los comentaristas de los encuentros en directo: ¿no los notan ustedes más profesionales y calmados, más analíticos, y, especialmente, menos vociferantes? Debo reconocer que los aullidos que pegan cuando juega España acaban por incordiarme y hasta me ponen de mal humor.

Por lo demás, todo va bien. Los encuentros están entretenidos y hasta la final nos queda mucho buen fútbol por ver. Lo único sorprendente son las numerosas tandas de penaltis que acaban decidiendo la cuestión. Se trata de un capítulo del reglamento futbolístico que nunca ha acabado de gustarme. Es como si después de esfuerzos y luchas sin cuartel se dejara todo casi en manos de la casualidad. ¿No serían posibles otros sistemas? Por ejemplo, un comité de peritos que, después de haber observado el partido con plena concentración, dictaminaran cuál de los dos equipos ha exhibido un juego más bello, de mejor estilo? Sería una manera de acabar con la dictadura de lo numérico y conceder un pequeño espacio a la estética, que importa también.

¿Algo más que contarles hoy? ¡Ah, sí, la salida impoluta de la selección japonesa! ¡Qué chicos tan pulidos, qué gustazo! Igual un día los invito a tomar la merienda en mi casa. Tengo los cristales fatal.

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