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Los jugadores de Curazao celebran su clasificación para el Mundial tras lograr el empate que necesitaban contra Jamaica en el Esadio Nacional de Kingston, este martes. AFP

Curazao: a ritmo de tumba

La clasificación para el Mundial es un espaldarazo a la lucha por su identidad, donde el idioma juega un papel central, de una isla caribeña que conquistó su libertad hace 15 años pero sigue siendo una nación dentro del Reino de Países Bajos

Miércoles, 19 de noviembre 2025

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Suena la tumba a todo volumen, Curazao se ha clasificado para el Mundial. Es, junto al tambú, la música de la pequeña isla caribeña. Música popular, no reglada, abierta a la improvisación como el jazz de la orilla norte de ese mar. Música negra, claro. Elia Isenia, 'Mama Elia', la reina de la tumba, canta en papiamento, el idioma local. Curazao, del portugués curación o del español corazón, no está claro el origen del nombre. Tres siglos y medio de dominio neerlandés no han borrado el papiamento, el habla de la gente, de las canciones y, ahora ya también, después de tantas luchas, de la universidad.

Esta isla de las pequeñas antillas no tiene rango de estado independiente, pero desde luego es un país y el sentimiento nacional es evidente. Sus jugadores y aficionados viajarán el año que viene a Estados Unidos, Canadá y México sin problemas, con sus pasaportes de la Unión Europea. Curazao es una 'nación constituyente del Reino de los Países Bajos' y no es miembro de la ONU, pero sí de la FIFA. Lo es desde 2011, un año después del referendum que condujo al estatuto político actual. Será uno de los países que no tienen condición de Estado que jueguen el Mundial al ser miembros de pleno derecho de la FIFA, una flexibilidad en las normas de admisión en las que se fijan otros aspirantes a lograr ese mismo estatuto.

De los 26 jugadores que han formado la plantilla, solo uno nació en la isla: Tahith Chong. El resto, en Países Bajos, como su entrenador, el veteranísimo Dick Advocaat con sus 78 años. Curazao se ha beneficiado de las formidables ventajas que los miembros de la Concacaf han tenido en esta clasificación. Se mantenían las tres plazas para su confederación, como en Qatar 2022, pero con los tres países anfitriones ya clasificados de oficio se trataba de superar a Jamaica, Santa Lucía, Bermuda y Trinidad y Tobago, que tampoco son el Brasil del 70.

A nadie en Curazao le ha importado lo más mínimo esa circunstancia. Van a jugar el Mundial, el mayor éxito para la reafirmación nacional de una isla que el verano próximo llevará al imperio una nueva historia de descolonización, lo mismo que hará Cabo Verde. La música fue importante en el despertar de la conciencia nacional en el siglo XX. El auge de los medios de comunicación de masas, la radio, en los años 20 en EE UU, Cuba y Puerto Rico difundió por todo el Caribe los nuevos aires y la tumba enseguida recogió esos vientos, lo que influyó sobre la autoconciencia emergente de los afrocurazoleños en las décadas siguientes, los 40 y los 50.

Por supuesto, las expresiones populares sufrieron la represión legal y eclesiástica, pero la conciencia nacional cívica se sujetaba en la música. Se pierde la relación política con los nuevos países sudamericanos –apenas 40 millas marinas separan Curazao de Venezuela– y la isla gira su mirada a su ámbito natural, el Caribe. De allí llegan en los 60 los aires del 'black power' estadounidense y finalmente la revuelta estalla. Si las novelas de Miguel Ángel Asturias relataban la lucha contra la United Fruit Company en Guatemala, Curazao se alzó contra la petrolera Shell, el 30 de mayo de 1969. Su refinería era la gran gasolinera del Caribe, punto clave para atravesar el Canal del Panamá. Pero, como siempre, esa formidable riqueza no revertía en unos trabajadores empobrecidos. Los obreros se organizaron y protagonizaron un levantamiento en línea a los de la época. La lucha contra el racismo estructural también jugó su papel. Si los europeos piensan en el Mayo francés, en América las referencias eran otras: la masacre de Tlatelolco en México o los hechos de justo un día antes en Argentina, cuando una protesta en la ciudad de Córdoba (que se conocería como el 'cordobazo') provocó el final de la dictadura de Juan Carlos Onganía.

Cuando llegó la noticia al reino de los Países Bajos, ya era tarde para La Haya y el camino hacia la libertad había comenzado. La lengua iba a ser una herramienta esencial. En 1976 se fijó la ortografía del papiamento. En 1984 se formó el comité para la estandarización del idioma (el papiamento 'batua', podría decirse). En 1986 se introdujo la enseñanza del idioma como asignatura en las escuelas y en 1987 se creó el primer colegio con el papiamento como lengua vehicular. Hoy, ya está en la universidad.

Aquella rebelión de 1969 se celebró por todo lo alto en las calles de Ámsterdam, Rotterdam y La Haya, destinos de la imparable emigración curazoleña durante los siglos. En esas mismas ciudades europeas se ha celebrado la clasificación para el Mundial. De esas mismas calles salieron los futbolistas que han logrado la hazaña. Suenan la tumba y el tambú a todo volumen. En Curazao y en Ámsterdam. Y el año que viene, en Estados Unidos.

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