Alberto Zaccheroni, calcio en el país del sol naciente

Zaccheroni, durante un entrenamiento./
Zaccheroni, durante un entrenamiento.

Zaccheroni irrumpió como una moda en torno al cambio de milenio, cuando consiguió el título de su país con el Milan

RAFAEL LAMELAS

Zac ha intentando en Japón reencontrarse con aquella versión de sí mismo que le llevó a dirigir todos los banquillos importantes del fútbol italiano. Zaccheroni, que ha vivido más en el fracaso que en la gloria en las últimas temporadas en su país, fue cayendo en cierta desesperación que consiguió romper con un radical cambio de aires. Ha pasado de entrenador a seleccionador. De la pasta, al sushi. De los calientes banquillos transalpinos, al emergente combinado nipón.

Zaccheroni irrumpió como una moda en torno al cambio de milenio, cuando consiguió el título de su país con el Milan. De repente, alguien adivinó a una especie de heredero de Arrigo Sacchi, pero lo cierto es que su fulgor no duró lo que se esperaba. Emprendió un recorrido por otras grandes escuadras, pero jamás fue lo mismo. Pasó de recurrente a interino. De comandante habitual a mando en la reserva, aguardando crisis en equipos que le devolvieran a la actividad.

Japón apareció en su horizonte como una oportunidad de conocer una cultura diferente aplicar sus métodos entre unos jugadores que por su propia cultura toleran bien la disciplina. Su contribución se medirá en Brasil, pues por ahora es positiva. Levantó la Copa Asiática, clasificó al combinado como primero de grupo ya ahora observa su grupo con prudencia pero sin temor. Igual que el Mundial es un escaparate para futbolistas desconocidos, quizás la celebración veraniega pueda devolver el relieve a un preparador cuya llama aún no se ha extinguido.

 

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