Análisis

La lesión de Dembélé enturbia el buen momento del Barça

Ousmane Dembélé, tras caer lesionado. /Albert Gea (Reuters)
Ousmane Dembélé, tras caer lesionado. / Albert Gea (Reuters)

Estará dos semanas de baja que interrumpen sus últimas exhibiciones en Liga y Copa, competición en la que no podrá jugar ante el Sevilla

P. RÍOSBARCELONA

Afortunadamente para el Barça, sólo se trata de un esguince en el tobillo izquierdo producto de un inoportuno resbalón del que debería esta recuperado en quince días, pero ahora mismo que Ousmane Dembélé se pierda cualquier partido es un problema para Ernesto Valverde, que se queda sin su jugador más desequilibrante en este tramo de la temporada. De momento, de cara a la ida de los cuartos de final que disputan este miércoles en el Ramón Sánchez Pizjuán ante el Sevilla, Messi y Luis Suárez ya no podrán contar con el socio ideal en ataque. Tampoco llegará a la vuelta ni al Girona-Barça liguero de este fin de semana.

El francés ha despertado definitivamente y ha comenzado a tomarse el fútbol en serio. Su primera temporada se vio afectada por una grave lesión muscular que le mantuvo casi cuatro meses de baja. Le costó adaptarse, algo que se pudo entender por su juventud. Pero en su segunda temporada ya no tenía excusa y, pese a extraordinarias actuaciones puntuales, estuvo a punto de tirarlo todo por la borda con un comportamiento extradeportivo infantil. Tras llegar tarde a varios entrenamientos por dormirse, el club decidió hacer público cualquier acto de indisciplina para que no se sintiera protegido por el hermetismo del funcionamiento interno. Las multas no le hacían efecto. Funcionó la medida y también prestó atención a los mensajes de compañeros como Piqué, Alba o Messi que le instaron a aprovechar todo su talento. Un toque de su representante y de su familia ya fue definitivo. Dembélé afiló la mirada y su actitud ya fue otra. Suma trece goles entre todas las competiciones: ocho en la Liga, dos en la Liga de Campeones, dos en la Copa y uno en la Supercopa de España.

La primera parte que completó ante el Leganés en el Camp Nou el domingo fue sensacional. Los defensas del equipo madrileño no sabían cómo frenarle: balón pegado al pie, tomando iniciativas, siendo valiente, retando a los rivales con regates imprevisibles gracias a que nadie sabe si es diestro o zurdo, moviendo su pequeña cintura para cambiar de dirección… Además, logró el 1-0 con calidad y al primer toque con la derecha tras asistencia de Jordi Alba. Hasta su lesión realizó once regates, récord de un jugador en esta Liga. Era su partido 50 como azulgrana, con un balance de 17 goles y 12 asistencias.

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Messi le necesita en el campo porque el rival ya no puede centrarse sólo en él. Dembélé tiene el descaro necesario para resolver partidos por sí solo sin esperar a que todo lo decida el argentino. Eso es lo que se esperaba también de Coutinho, pero, cuando parecía que recuperaba su mejor versión, se atascó otra vez el domingo, como si aceptara que ahora mismo no puede competir por un puesto con el francés, con más carácter.

Y eso que salieron los dos de inicio para que Messi se tomara un descanso, pero el Leganés aprovechó una contra para lograr el 1-1 y Valverde tuvo que recurrir a Leo, quien no rechazó el papel de salvador que tenía asignado: creó el 2-1 de Luis Suárez con un disparo a la escuadra desviado por Cuéllar y que acabó aprovechando el uruguayo y marcó el 3-1 tras otro pase genial de Alba y un derechazo potente.

El Barça mantiene sus cinco puntos de ventaja al Atlético y diez al Real Madrid antes de medirse al Sevilla en la Copa. Todo fluye en el Camp Nou, pero sí es que con Dembélé, mejor.

 

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