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Griezmann, el brillo de un predestinado

Alain Griezmann festeja con su hijo Antoine el título de la Europa League en el estadio de Lyon. / EFE
Alain Griezmann festeja con su hijo Antoine el título de la Europa League en el estadio de Lyon. / EFE

El exjugador de la Real Sociedad busca nuevas fronteras después de conducir al Atlético de Madrid a su máxima cota con el título de la Europa League

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Antoine Griezmann avanza por la vida con el brillo que emiten los predestinados. Él solo ganó la final de la Europa League y, cumplida su misión, busca nuevas fronteras. Ningún reto es demasiado grande para el pequeño gran mago de Macon, de donde salió con 13 años hacia la Real Sociedad. En Zubieta se hizo futbolista y antes de hacerse hombre salvó al club con su carisma, su alegría, su optimismo y su talento. Aquella fue la gran obra de su vida. A partir de entonces, su destino ha sido triunfar, el único camino posible para él y los de su estirpe. Muy pocos.

El día que fichó por el Atlético de Madrid -hace cuatro temporadas- pocos aficionados de la Real Sociedad dudaban de que el traje le quedaba pequeño. Griezmann ya era el líder de Francia en la Real. Estaba llamado a algo mejor. Intuitivo y genial, la maniobra ha terminado por ser un prodigio de prudencia y planificación. Se ha bregado en el máximo nivel y, con 27 años, el mundo se extiende a sus pies.

El segundo gol al Olympique de Marsela es Griezmann. Un prodigio de velocidad, técnica, intuición y contundencia. Ese toquecito a la izquierda para tumbar a Mandanda antes del remate definitivo es una obra maestra, una más de una lista interminable. Una lista que empezó cuando lucía el dorsal 27 en la Real Sociedad, con esa camiseta que cambió la historia. Anoeta, un campo triste, desmoralizado, envejecido, resurgió. Miles de jóvenes con la zamarra txuri-urdin y el 27 a la espalda tomaron al asalto el estadio y asumieron el protagonismo en la grada. La Real Sociedad salió del pozo detrás de la luz que emitía Griezmann. El día del regreso a Primera hizo lo que nadie: llenó el estadio hasta la bandera, dentro y fuera. Miles de personas abarrotaron las aceras del perímetro de Anoeta. Un mar blanquiazul.

Griezmann fue el ideólogo de todo aquello y no paró hasta que llevó a la Real a la Liga de Campeones. Fueron cinco años irrepetibles. Pocas veces una generación tiene el privilegio de ver cómo se desarrolla ante sus ojos una revolución. Lo que sucedió entre 2009 y 2014 en la Real fue exactamente eso.

Por supuesto, el equipo blanquiazul no se ha recuperado de la partida de Griezmann, el jugador más importante de la historia después de los bicampeones. No se sutituye a un futbolista así.

Dinero y valor

La increíble operación que terminó con Griezmann en la Real va a seguir dando frutos para el club. Cuando decida a dónde va a partir de la temporada próxima -parece que el Barcelona será su destino- a Anoeta llegará el 20% del montante del traspaso, veinte millones de euros. Mucho dinero. Nada en comparación del valor del legado que ha dejado en el club.

Las presiones que ha recibido y va a seguir recibiendo para continuar en el Atlético son gigantes. Se habla de un contrato 25 millones de euros limpios por temporada. No será lo que determine su decisión. Puede ganar todo el dinero que quiera donde quiera. Su reto es mayor.

Ha sobrepasado todos los límites y ahora, en la plenitud de su carrera, le ha llegado el momento de comparar su estatura con los mejores de la historia. Los aficionados de la Real Sociedad no tienen ninguna duda de que ahí está su sitio. Más allá de lo que el Atlético puede soñar.

 

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