Fútbol | Final de la Copa Libertadores

«Las entradas me han costado 200 euros cada una y el hotel, más de 300 la noche»

Miguel Serrano, Julián Saucedo y Maximiliano Serrano con las camisetas de River y Boca. / LUSA
Miguel Serrano, Julián Saucedo y Maximiliano Serrano con las camisetas de River y Boca. / LUSA

Miguel Serrano, carpintero bonaerense que vive en Beraun, estará el domingo en el Bernabéu animando a su equipo, los Millonarios de River | Trabajó tres años y medio en Manhattan y le tocó vivir en 2001 junto a su familia los atentados de las Torres Gemelas

Enrique Echavarren
ENRIQUE ECHAVARREN SAN SEBASTIÁN.

Miguel Serrano vive en el barrio errenteriarra de Beraun y trabaja como carpintero en Donostia. Dirige junto a sus hijos la empresa Artdeco, con sede en Egia. Nació en Buenos Aires hace 53 años. Está casado, tiene tres hijos y dos nietos. «Mi yerno es sevillista y solemos viajar a menudo a ver al Sevilla». Pero él tiene claro cuáles son sus colores. «Soy de River de toda la vida, mi familia también». En su día decidió echar raíces en Gipuzkoa junto a los suyos. Ya han pasado diecisiete años.

Su historia no tiene desperdicio, es la de un trotamundos. «Monté mi propia empresa en Buenos Aires, eran años duros para todos los argentinos. Coincidió con el gobierno de Medem. Todo dependía del estado emocional de cada uno, si eras capaz de aguantar o no. Me llegó una oferta de trabajo en Estados Unidos, en Nueva York, concretamente en Manhattan. Era de un estudio de arquitectura que montaba discotecas. Cerramos la empresa e hicimos las maletas. Estuvimos allí tres años y medio. Nos tocó vivir los atentados a las Torres Gemelas. Fue muy duro».

Su periplo viajero no acaba aquí. «Estuvimos dando vueltas por el mundo. Trabajé como carpintero en Londres, también en París, hasta que un día decidimos todos juntos buscar un lugar donde asentarnos definitivamente. Llegamos a Donostia, buscábamos un sitio tranquilo y compré un pisito. Mis hijos ya habían estado en varios países y pensamos que aquí estarían más cómodos al no tener el problema del idioma. De vez en cuando solemos volver a Buenos Aires a ver a la familia. Solo unos días, se ha convertido en una ciudad insegura».

Retrocede unas cuantas páginas del libro de su vida y recuerda que «he vivido momentos muy lindos como seguidor de River. Llegué incluso a hacer trabajos de carpintería en el interior del Monumental. En aquellos años se podía ir al campo con la familia, iba con mi hijo cuando jugaba en casa».

Las cosas han cambiado en los últimos tiempos. «Antes, las barras bravas se limitaban a animar al equipo con sus cánticos. Solo había una, con un jefe. En cambio, ahora todo está muy dividido. Se encargan de organizar la reventa de entradas, manejan el estacionamiento de los coches, aquí les llaman gorrillas, y te exigen que pagues. Todo es dinero. La Policía encontró grandes cantidades de dinero a varios detenidos tras los incidentes antes de la final de la Libertadores».

Violencia en aumento

Considera que «la final se podría haber disputado en cualquier país de Sudamérica, aunque quizás hubiese pasado lo mismo. Quizás en Chile al ser un país más tranquilo. Si se hubiese jugado finalmente en el Monumental hubiese sido un desastre. Quedó demostrado que la policía argentina no está preparada cuando se producen incidentes de semejante volumen».

Y reconoce que «el argentino que está en el extranjero ha cambiado su forma de pensar. Hace unos días recibí un mensaje de una amiga desde Buenos Aires y me decía 'los violentos nos están ganando'. Esa es la realidad que se vive ahora en el fútbol argentino, en casi todos los campos. Y eso se traslada al resto de la sociedad. Cuando era pequeño solía ir a Santa Fe con mi familia. Estábamos todo el día en la calle, la gente ocupaba las aceras, se sentaban allí a conversar. Hoy en día todos están dentro de casa, no se puede andar por la calle. Hace poco volví y me sorprendió que todas las casas tenían alarma. Siempre ha habido zonas peligrosas en las ciudades, pero ahora se ha generalizado. La culpa es de la ignorancia de los últimos gobiernos. Se han dedicado a dar dinero a gente que no trabaja y se ha perdido la cultura del esfuerzo».

El hecho de que la final de la Copa Libertadores se celebre el domingo en el Santiago Bernabéu le ha permitido poder acudir a la final. «Me da pena porque amigos aficionados de River han perdido la ilusión de la final al jugarse en Madrid. Gane quien gane ya no será lo mismo. Yo voy con mi mujer, Patricia, y con mi hijo Maximiliano. Necesitaba cinco entradas, pero solo he conseguido dos. Me han costado 200 euros cada una y tengo entendido que la reventa está ahora por las nubes. A ese gasto hay que añadirle el desplazamiento y el hotel. Como además es puente, los precios se han disparado. Hemos pagado más de 300 euros por cada habitación. Me sale casi por un ojo de la cara, pero merece la pena. Queremos mostrarles cómo somos los argentinos».

Su hijo, Maximiliano, también es seguidor de River Plate. Lo lleva en la sangre. «Cuando era niño jugaba al fútbol en el barrio, donde había una escuela cercana de Boca Juniors. Se ponía su camiseta en los partidos, pero por debajo siempre llevaba la de River. También jugó a fútbol en Nueva York y cuando llegamos aquí lo hizo en el Kostkas. En 2009 ganó la Donosti Cup con un grupo de amigos», afirma Miguel Serrano.

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