Vuelta a España

Markel Irizar: «Llego a la Vuelta a España más fresco y con más hambre que nunca»

Markel Irizar
Markel Irizar. / EFE

Tras renovar por un año su contrato, el oñatiarra iniciará en Málaga su vigésima ronda de tres semanas, con la idea de ayudar y pelear la fuga

Oskar Ortiz de Guinea
OSKAR ORTIZ DE GUINEA

Desde finales de marzo, Markel Irizar (Oñati, 1980) solo ha corrido el Giro y, ya en agosto, la Clásica y el Eneco Tour. «Estoy con hambre de bicicleta», señala desde Jaca, antes de subir hoy al AVE en Zaragoza y dirigirse a Málaga.

- ¿Cómo se presenta en Málaga?

- Hace quince días estaba muy verde, pero ahora me encuentro muy bien. Llego más fresco que nunca. Tras el Giro iba a correr dos pruebas en Dinamarca pero me puse enfermo y estuve dos meses sin correr nada hasta Donostia. La Clásica no es la mejor carrera para debutar, y se me hizo dura. Luego fui al Eneco Tour y día a día me sentí mejor. En la última etapa, la más importante, estuve en la escapada. Se subía tres veces el Muro de Grammont y tenía muy buenas piernas. Esta prueba me ha venido muy bien y además Jasper (Stuyven) ganó una etapa. Llego fresco, pero con el ritmo ideal.

«Se repite el guion con puertos duros e inéditos recién asfaltados; es lo que pide la afición»

- Por cierto, qué forma de ganar Stuyven, con un ataque tras un trabajo de pizarra del Trek.

- Pocas veces suele salir lo hablado por la mañana en la reunión, pero salió perfecto. Cada compañero teníamos claro de qué punto a qué punto teníamos que tirar. Yo debía hacerlo hasta la curva de 4,2 kilómetros. Recuerdo que creía que no iba a llegar y Matthias (Brändle) me decía que me iba a dar un relevo. Pero mantuvimos la cabeza fría y las piernas para hacerlo como estaba pensado. Luego Jasper atacó cuando tocaba y llegó. Es una de esas victorias que nos quedarán grabadas.

- Antes del Giro estuvo otro mes sin correr. ¿Por qué tanto parón?

- Hace años la UCI puso la recomendación de no pasar de 85 días de competición, y yo venía tiempo superándolo. Lo hablamos en el equipo y la previsión era correr menos, haciendo Giro y Vuelta. Siempre me había respetado la salud, pero este año he pasado dos gripes, una después de la Volta a Catalunya, justo tras la París-Niza a la que fui sustituyendo a otro compañero enfermo, lo que me impidió ir a la Itzulia. Después del Giro iba a correr dos pruebas en Dinamarca pero me puse enfermo. Para contrarrestarlo, tras la Vuelta haré la Vuelta a Turquía.

- Lleva 52 días y se acercará a 85...

- Pero tuve dos periodos largos de descanso, y noto esa frescura. En pleno agosto estoy con un hambre de bicicleta tremendo. Acabar el año desahogado es importante para empezar a preparar el siguiente.

- ¡Otra campaña más!

- Soy consciente de que estoy dando mis últimos coletazos. Hace cinco años firmé un contrato de tres temporadas; luego, otro de dos; y ahora, por uno. Hablaré con el equipo para ver cuándo y cómo pondré punto y final. Será mi última temporada en este equipo, que pese a ser extranjero me ha hecho sentirme en casa. No será el equipo más ganador ni el que más rendimiento saca, pero me siento muy feliz y superagradecido. Soy un privilegiado.

- ¿Con qué idea va a la Vuelta?

- Echar una mano al equipo. Tenemos a Nizzolo para las volatas, Brambilla querrá luchar alguna etapa y Bauke (Mollema) no corre desde la Clásica, así que habrá que ver cómo llega. Personalmente, me gustaría meterme por ahí. En las carreras que he tenido libertad he cogido fugas. En Omán pensé que podía trincar la etapa porque iba con cuatro compañeros a los que solté, y me cogieron a falta de muy poco. En Eneco me alcanzaron en la última vuelta. En el Giro y la Volta también estuve escapado... Este año he tenido más libertad y me he podido mover. Pero en el ciclismo actual es muy difícil llegar, y mucho más rematar. Aunque el recorrido es muy duro, intentaré tener mi oportunidad.

- ¿Se hace pelota pensar en correr la Vuelta en agosto?

- A mí no. Otros años, tras el Tour sí llegaba saturado. Al ser euskaldun, hacía la Clásica, y diez días después estaba en la Vuelta. Este año, además, Alaitz (su mujer) ha cogido excedencia y en julio hicimos nuestro agosto: aunque seguí entrenándome, la familia nos movimos de aquí para allá, y en agosto toca trabajar.

- ¿Conoce el recorrido?

- Casi todo. Es el guion de los últimos años: duro, con puertos al final, algunos explosivos y otros inéditos con carreteras asfaltadas para la carrera. Es lo que pide la afición. Las etapas de 250 kilómetros, en estos tiempos en los que vivimos la instantaneidad, no tienen sentido. La sociedad ya no aguanta cinco horas ante la tele. Se buscan etapas más cortas, y la Vuelta es atractiva.

- ¿Le gusta al corredor?

- Somos conscientes de que donde se junta la gente es en el Angliru, el Zoncolan, o en Oiz y Lagos en la Vuelta... A nivel de material, con el 'compact' estamos muy preparados. Llevamos años con estas subidas en el Giro y sobre todo en la Vuelta. Al principio pensabas que era un circo, y ahora a la afición le encanta. Y este deporte se debe a los aficionados que se acercan a las cunetas. Siempre que se respeten unos mínimos de seguridad, está bien.

- Quitando esas etapas y las de los velocistas, pocas opciones tiene un corredor como Markel Irizar.

- Así es. Habrá que echar una mano a Nizzolo y traer bidones a Bauke o ayudarle junto a otro compañero cuando pare a orinar. Es cierto que en las etapas de montaña llegas al puerto fusilado, pero por suerte el equipo valora esta labor, los líderes son agradecidos, y eso nos gusta.

- ¿Tiene su quiniela de favoritos?

- Los hermanos Yates, sobre todo Simon, que estará más fresco. Nairo, Porte y Nibali si se han recuperado de las caídas del Tour. Aru también puede estar ahí. Lo bueno es que nadie sabe quién ganará porque no sabemos cómo llegan. Y luego gente como Superman López.

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