Ciclismo

La Itzulia de 2018 fue el trampolín hacia las grandes vueltas para Roglic

Roglic, ganador de la Vuelta a España. /EFE
Roglic, ganador de la Vuelta a España. / EFE

Roglic es un ciclista tardío, porque hasta 2012 fue saltador de esquí de élite

I. I.

Primoz Roglic gana la vuelta con 29 años, pero es un ciclista tardío. No empezó a montar en bici hasta los 22 años, una vez que decidió retirarse de los saltos de esquí. Enseguida destacó en el ciclismo. Tenía condiciones, como había demostrado en el esquí. Fue campeón del mundo juvenil en 2007. El salto más largo de su carrera fue de 183 metros en Oberstdorf. Sufrió una terrorífica caída en 2007 delante de su público, en la estación de Planica, en su país. Casi se mata, pero se recuperó.

Es el primer ciclista esloveno que gana una grande. Eslovenia es un país de montañas y jugadores de baloncesto. En sus regiones más occidentales, la influencia italiana es importante. Y antigua. La huella veneciana sale al paso en cada plaza, en cada campanario. Los primeros ciclistas profesionales eslovenos, como Gorazd Stangelj, hablaban la lengua de Dante en casa, pero no así Roglic, quien aunque pedalea sobre un monumento italiano -una bicicleta Bianchi celeste, como la de Fausto Coppi- pertenece a otra cultura. La cultura alpina.

En 2012, decidió darle carpetazo a los esquís y empezó a competir en el campo amateur de su país. Enseguida le fichó el Adria Mobil, que en 2013 le pasó a profesionales. Al año siguiente ya estaba subiendo al podio en carreras de cierto renombre como el Sibiu Tour, en Rumanía. Después de tres campañas, tras ganar la Vuelta a Eslovenia, el Lotto-Jumbo le fichó en 2015.

Roglic destacó desde el principio como contrarrelojista, pese a no ser un rodador al uso. No es alto (1,77) ni pesado (65 kilos). Sin embargo, tiene un físico versátil. En el llano elige desarrollos imposibles. No le importa ir atrancado porque tiene fuerza para moverlos. Cuando llegan las cuestas, ese físico poderoso sabe reconvertirse en una maquinaria ágil. Sube con mucha cadencia de pedaleo, como los escaladores. En ambos estilos su pedaleo es eficaz, algo difícil de compatibilizar. Su coeficiente aerodinámico es excepcional, y uno de los secretos de su éxito.

De Arrate al rojo de Madrid

El momento clave de su carrera fue la victoria en la Vuelta al País Vasco del año pasado. Ya un año antes se había hecho con dos etapas. Pero su triunfo en Arrate le hizo verse capaz de asaltar las vueltas de tres semanas. La Itzulia fue el trampolín a las grandes para el viejo saltador.

La Itzulia de 2018 acabó el 7 de abril. Ha pasado un año y cinco meses desde entonces y Roglic ha corrido tres grandes vueltas: el Tour de 2018, en el que fue cuarto y ganó una etapa; el Giro de este año, donde ha sido tercero y con dos victorias de etapa; y la Vuelta a España que ganó ayer y en la que se anotó el triunfo en la contrarreloj.

En el año de la explosión de los jóvenes en el panorama internacional, los 29 años de Roglic parecen la edad de un veterano. Pero empezó a correr tarde y lleva muchos menos kilómetros que sus rivales y opina que le quedan muchos años de ciclismo por delante.