Ciclismo | Vuelta a España

La historia del cartel de Oiz

La historia del cartel de Oiz

Un cicloturista madrileño coloca sus obras en montañas «especiales», como la que acogerá una etapa de esta Vuelta

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAMálaga

La semilla de un pedazo del monte Oiz se plantó en un garaje de Carabanchel, en Madrid. Ricardo Landaburu, 'Buru', y su suegro, «un fontanero capaz lo mismo de hacer un grifo que un armario», tienen allí un taller repleto de imaginación. Si hace falta un aparato para inflar las ruedas de la bicicletas sin fatigarse, el suegro de 'Buru' agarra una vieja nevera e inventa un artilugio. Y funciona. A 'Buru' le gustan el cicloturismo y las montañas. Desde su ventana ve el monte Abantos. Recuerda bien el incendio de agosto de 1999. Las cenizas que caían sobre su tristeza, su impotencia. Puso sus manos voluntarias para apagar aquello. Abantos es su casa verde, su océano de pinos. Pedalea mucho por allí. Pero algo le faltaba. ¿Por qué no había un cartel en la cima como en los puertos franceses? A la pregunta sucedió una idea. El taller. Manos a la obra. El cartel de Abantos fue el primero. Ha llenado las cimas de la península con su firma de madera. Y en julio clavó su última obra en Oiz, donde terminará la 17ª etapa de la Vuelta a España el 12 de septiembre. Allí, junto a las antenas, ha brotado la semilla traída desde Carabanchel por 'Buru'. Hecha de viento y madera.

¿Cuántas cosas han surgido en una conversación de café? Al lado de la estación de metro de Aluche, en Madrid, hay una cafetería. Allí andaba 'Buru' charlando con los colegas del foro 'altimetrías'. Ander Guaza y Juanto Ulibarri, dos entusiastas del ciclismo y los puertos de montaña, han recorrido durante años cientos de cuestas para fijar con precisión sus desniveles. Su 'web' es la referencia. La biblia del cicloturismo. 'Buru' es de su cuadrilla. Y en aquella conversación surgió la idea de colocar los carteles. Ricardo Landaburu acudió a una serrería. Pidió un costal de madera de pino. El dueño le preguntó para qué era. Cuando 'Buru' se lo contó, le dio dos costales. El taller se llenó de pino, aguarrás, pintura... A golpes con un martillo de goma nació la señal que corona Abantos.

Mensaje en euskera

De hablarle de Oiz se encargó otro amigo, Sergio Palomar, probador de bicicletas en la revista 'Ciclismo a fondo'. «Me envió fotos. Vi que era un lugar muy chulo», cuenta 'Buru'. Se enamora fácil de las crestas. «Tengo muchos amigos en Euskadi y me contaron lo que es Oiz para ellos. Es un sitio muy especial. Así que me puse a la tarea. Yo ni sabía que la Vuelta iba a pasar por ahí», apunta el autor. Ahora ya tiene una fresadora en su taller. Talló las letras del monte, Oiz, y su altitud, 1.019. También, claro, la altimetría, que es cruel en este puerto: por la ladera de Munitibar, la elegida por la Vuelta, hay tres kilómetros iniciales más o menos suaves. Los cinco últimos son brutales, con rampas que rondan el 20% sobre piso de cemento. Una pared del paraíso.

Cuando 'Buru' talló el cartel de Abantos escuchaba a Lou Read, Police, La Cabra Mecánica, Manu Chao... Y un disco de Josele Santiago. Se quedó con una estrofa: 'De tu estampa han salido tres nubes que me encantan'. Para llenar el cartel de Oiz eligió una frase en euskera: 'Errespetua ta maitasunaz gain, mendi honek dakarsun besterik ez du behar'. 'Respeto y cariño es lo único que este monte necesita'. Eso va escrito por arriba. Abajo hay un recuerdo a un amigo fallecido, Rafael Goyanes, 'Xixon', otro loco de las altimetrías. Dice así: 'Na Te Sei'. «Rafa era asturiano. Es bable, o más bien, vaqueiro, que es más cerrado. Quiere decir 'Y yo qué sé'. Él lo decía mucho», explica 'Buru', que deja un hueco para su firma: una raspa de pescado, copiada del grupo musical 'Los enemigos', y la pisada algodonosa de un gato. «Es un símbolo de amor. Los gatitos, al mamar, aprietan así la patas sobre su madre, con las almohadillas, sin uñas». Cabe de todo en este trozo de madera de Oiz.

A finales de 2017, este periódico desveló la intención de la Vuelta de clavar una meta de la edición 2018 en Oiz, la montaña de la tragedia aérea de 1985, la cima que domina Bizkaia, moja la vista en los arenales de Urdaibai y se asoma a los Picos de Europa. Desde que se supo que la carrera iba a pasar por allí, muchos cicloturistas se han atrevido con las rampas. Y desde hace algo más de un mes tienen un cartel para fotografiar su gesta. Hecho con las dos manos de 'Buru', la madera y el viento.

 

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