FERMOSELLE DE ERRENTERIA

TXOMIN PERURENA

Lanzado perfecto el que realizó Quick-Step a Viviani ayer en Fermoselle. El primer lanzador, Morkov, podía haber hecho unos metros más en cabeza y el segundo, Sabatini, iba sobrado. Dejaron al campeón italiano a la distancia ideal. Para valorar lo bien que lo hicieron basta un dato: un sprinter de la categoría de Sagan ni siquiera salió de la estela de Viviani. Eso significa mucha superioridad.

Un par de ciclistas del Caja Rural y Aberasturi, del Euskadi-Murias, asomaron en las posiciones de cabeza. Sin opción real de victoria, pensará más de uno. Donde no hay ninguna, salvo que se caigan todos los demás, es en cola. Siempre está bien meterse en esas llegadas. Siempre hay alguna posibilidad, aunque sea de lograr un buen puesto, y es interesante para aprender cómo se mueve la gente importante.

Por lo demás, vi algo sorprendente: numerosos pinchazos en un tramo corto. Con un piso tan bueno, lo primero que te viene a la cabeza es que alguien ha puesto tachuelas. Pues no. Debió ser a causa de unas bolitas de hierbajos con púas que corresponden a la vegetación de ese lugar y que el viento arrastra a la carretera.

Por lo demás, seguimos contando historias. La etapa acabó en Fermoselle, pueblo que no he tenido el gusto de visitar. Sin embargo, mis primeros viajes en bicicleta fueron precisamente a Fermoselle, el nombre del almacén-tienda de Errenteria en el que hacía las compras para nuestro bar. Iba en la primera bici que tuvimos en casa, una mixta que lo mismo servía para chicas que para chicos. Se llamaba así porque su dueño, zamorano, era de Fermoselle.

También en Zamora corríamos en el Trofeo Iberduero. Participábamos profesionales. Yo lo conocí con ese nombre, no con el de Iberdrola. Me acuerdo de la pasada que Fulgencio Sánchez, que era figura y muy querido en Colombia, nos pegó a todos en una llegada en un repechón. En teoría, yo era especialista en esas llegadas. No tuve nada que hacer. Se lo recuerdo cada vez que lo veo. Le gusta. El murciano nos sacó de rueda a todos en una demostración para enmarcar. De hecho, la tengo enmarcada en mi cerebro cincuenta años después.

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