Ciclismo | Vuelta a España

Etapa de castigo

Simon Clarke supera a Bauke Mollema y a Alessandro de Marchi en la meta de Roquetas. Por detrás llega Rudy Molard, primero por la derecha, nuevo líder de la Vuelta. / AFP
Simon Clarke supera a Bauke Mollema y a Alessandro de Marchi en la meta de Roquetas. Por detrás llega Rudy Molard, primero por la derecha, nuevo líder de la Vuelta. / AFP

Vuelve a llegar la escapada, el australiano Clarke gana la etapa y Molard es el nuevo líder

IÑAKI IZQUIERDO

Días como el de ayer son los que hacen duras las vueltas de tres semanas. Una etapa intrascendente en la que los ciclistas deciden castigarse a sí mismos, vuelan bajo un sol de justicia y llegan a la meta con 40 minutos de adelanto. Para hacerlo, atraviesan el mar de plástico de los invernaderos de Almería entre El Ejido y Roquetas del Mar. Un infierno de calor y trabajo malo. Un infierno blanco.

Ganó un australiano, Simon Clarke (Education First), veterano de mil batallas. Tiene 32 años y en 2012 ya se había anotado una etapa de la Vuelta a España, con meta en Valdezcaray. Desde entonces solo había ganado dos carreras en su país y el GP Industria e Artigianato en Italia. Se puso de líder el francés Rudy Molard (Groupama-FDJ), el mejor clasificado de los 25 protagonistas de la escapada del día, en la que se metió el urnietarra Mikel Iturria (Euskadi-Murias).

El elogio del trabajo duro es un lujo burgués de la sociedad contemporánea. La realidad es que todo el mundo, en cuanto puede, se lo deja a los demás. Eso sí, luego canta en voz alta sus virtudes. Hay que ir a Almería, a sus invernaderos, y atreverse a entrar ahí abajo y cantar entonces las bondades del trabajo duro. Eso no lo hace nadie... a no ser que sea ciclista.

En una jornada que podía ser de paseo, los 176 corredores de la Vuelta, desde el primero (Clarke) al último (Bouhanni), decidieron meterse una paliza de impresión. En vez de un día de charla con los colegas, un festival de hachazos, malas caras y agonía. Falta de aire.

Y un recorrido engañoso, como si fuera un espejismo en el desierto. Porque donde en el libro de ruta pone «etapa llana», el cuentakilómetros de los ciclistas registra casi 3.000 metros de desnivel acumulado. Una broma, a más de 30 grados de temperatura.

En esas condiciones, el Sky no echó el resto por mantener el maillot rojo de Kwiatkowski. Pudo perderlo la víspera, pero la dureza de la Sierra de la Alfaguara diluyó la ventaja de los fugados y, aunque llegaron a la meta, Ben King (Dimension Data) no pudo ponerse de líder. Algo que sí consiguió ayer Molard. El Sky tiró solo al final, pero el terreno llano de Almería no era propicio para recortar grandes distancias y el francés -ganador de una etapa de la París-Niza de este año- saldrá de rojo hoy, ya en tierras murcianas.

Partió de Granada 28º de la general a 3:46 de Kwiatkowski y ahora aventaja al polaco en 41 segundos, después de ser sancionado con 20 por avituallamiento irregular. Tiene a 48 a Emanuel Buchmann (Bora), a 51 a Simon Yates (Mitchelton) y a 53 a Alejandro Valverde (Movistar).

En teoría, Molard puede mantener el liderato hasta el domingo en La Covatilla, pero parece que los equipos grandes no están por la labor de amarrar la carrera y dejan ir a las fugas, así que el Groupama tendrá que asumir la responsabilidad si quiere mantenerlo. No le van a hacer el trabajo.

Un escapada de libro

La de ayer es la segunda escapada que llega a meta en menos de una semana, lo que no suele ser habitual en las grandes vueltas por etapas. Pero si lo de la víspera en la Sierra de la Alfaguara sí fue una sorpresa, que ayer sí iba a llegar era de libro, lo sabían todos los corredores y directores.

Quizá por eso costó que se hiciera. «Las dos primeras horas han sido de locura, no se paraba», resumió Omar Fraile (Astana). El vizcaíno reconoció que tenía la etapa marcada en su cuaderno, que quería coger la fuga, pero que le fue imposible. No está a tope y se volaba. En el kilómetro 65, por fin, 25 hombres, muchos de ellos perros viejos en el máximo nivel, se fueron para adelante. Todos los equipos estaban representados, menos Sky y Quick-Step. Los belgas no vieron clara la opción del sprint con Viviani.

De los 25, Clarke, Bauke Mollema (Trek) y Alessandro de Marchi (BMC) se marcharon a 51 kilómetros de meta, en Las Alpujarras. Coronaron en cabeza el alto del Marchal y se encaminaron hacia el triunfo de etapa.

Llegaron con ventaja suficiente a Roquetas del Mar para jugar la clásica partida de ajedrez por la victoria. Fue para la galería. Mollema no le gana a nadie un sprint y De Marchi no iba fino. La victoria era segura para Clarke, salvo error monumental.

Esta semana se cumplen 30 años del famoso sprint del Mundial de Seraing entre Bauer, Criquielion y Fondriest. Solo una caída del canadiense y el belga podía hacer campeón al lento italiano. Y Bauer tiró a Criquielion. Ayer no pasó nada de eso. Y Mollema no pudo ser Fondriest.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos