Vuelta a España

Diccionario ciclista: puncheur

Gallopin celebra su victoria en Pozo Alcón, con el pelotón al fondo. / AFP
Gallopin celebra su victoria en Pozo Alcón, con el pelotón al fondo. / AFP

Tony Gallopin da una clase de en qué consiste ser un rematador el día que Kwiatkowski cae y se levanta |

IÑAKI IZQUIERDO

El 3 de enero de 1971, Pier Paolo Pasolini escribió un artículo en el 'Il Giorno' con el título de «El fútbol es un lenguaje con sus poetas y sus prosistas». Ponía algunos ejemplos. Había poetas realistas como Gigi Riva, mientras el juego de Gianni Rivera era prosa poética. El debate, por supuesto, no ha terminado.

Tan vieja como esa es la discusión en el ciclismo italiano, donde consideran imprescindible distinguir entre el passista veloce y el passista scalatore. El primero no es un velocista ni el segundo un escalador, naturalmente.

En Francia distinguen entre el sprinter, el finisseur y el puncheur, que podrían parecer lo mismo pero no lo son. En Italia se aclaran con su lío y en Francia con el suyo, pero cuando salen fuera lo mejor es poner un ejemplo para que se entienda. Ayer se encargó del asunto Tony Gallopin (Ag2r), que abrió el diccionario en la palabra puncheur y dio una clase práctica de su significado.

Salió al contraataque dentro de los tres kilómetros finales, quitó las pegatinas a Jesús Herrada (Cofidis) y se marchó hacia la meta con un puñado de segundos. Le perseguían todos los lobos, con Peter Sagan (Bora) y Valverde (Movistar) al frente, pero no les dio opciones. Una mezcla de vatios, inteligencia y clase le condujo a la meta y a levantar los brazos como sueña todo rematador, con el pelotón encima. Impotente.

Gallopin, hijo y sobrino de ciclistas y directores, es un amante de este ciclismo salvaje de clásicas, repechos, carreteras malas, peligro y emoción. Por eso tuvo que emigrar a Bélgica y correr en el Lotto, donde no tuvo que justificar por qué prefiere las victorias de un día a las clasificaciones generales. «En Francia no se lleva eso de los clasicómanos. La influencia del Tour es demasiado grande. Las estrellas son Peraud, Pinot y los que pueden hacer una buena general. Yo empecé a aficionarme a las clásicas viendo a Sylvain Chavanel», decía hace unos años en una entrevista en estas mismas páginas.

«Es una de las razones por las que estoy en Lotto-Soudal. Aquí las clásicas son tan importantes como una gran vuelta. Tanto en Cofidis o Radioshack me ha tocado ir a estas carreras porque había que ir, sin mucha intención de nada. Pero otra razón importante de estar aquí es que se trata de un equipo donde puedo buscar mi lucimiento personal. En los equipos anteriores aprendí mucho, pero siempre tenía que estar al servicio de otros».

En 2013 ganó la Clásica de San Sebastián, una carrera con la que tiene un idilio. Acumula puestos de honor. «Ganar en San Sebastián fue un sueño. Creo que el público vasco es, después del belga, el que más entiende de ciclismo. Pero creo que la carrera más hermosa es el Tour de Flandes».

Este año ha vuelto a Francia, al Ag2r, y parecía que los duendes del ciclismo le estaban castigando por su 'traición' al mundo de las clásicas y su regreso al redil. Empezó como un tiro, ganó su primera carrera con el nuevo maillot, la Estrella de Besseges. En febrero. Ni una más hasta ayer, en un año de lesiones, caídas y calamidades. Fue al Tour y se retiró en la etapa de Alpe d'Huez. Ahora entrará en todas las quinielas para el Mundial.

Etapa de nervios

Gallopin ganó una etapa preciosa, enrevesada, arriesgada, criminal para los hombres de la general. Se podía perder la Vuelta en cualquier curva del precioso, árido y salvaje paisaje granadino. A 40 grados. Subidas tremendas, asfalto descarnado, bajadas de alto riesgo, caminos estrechos y codos afilados.

Pagó el pato Kwiatkowski, que se cayó cuando iba en cabeza. Pudo hacerlo Quintana, que pinchó en la misma zona pero se encontró con que Andrei Amador iba pasando la escoba a cola de pelotón y le cambió la bici.

No suele ganar una gran vuelta quien se cae como se cayó Kwiatkowski, en un momento clave de una etapa y yendo en cabeza. A menos de diez kilómetros de meta. Los líderes, por no hacer no suelen ni pinchar en las tres semanas. El polaco se fue al suelo y fue un mal presagio, pero se levantó de forma estupenda. Convincente. Le dio tiempo a recortar casi todo lo perdido, a organizar lo poco que quedaba de su equipo, a tirar en persona y a tejer una alianza con Zakarin (Katusha) y Mollema (Trek). Perdió 30 segundos con Gallopin, 25 con el pelotón de los favoritos.

La etapa volvió a mostrar a un magnífico Ion Izagirre (Bahrain), apoyado por su hermano Gorka. Su posición es sólida. También Quintana se mostró más de lo necesario en la subida al alto del Ceal, lo que podría interpretarse con que esta muy bien y quiere que se sepa. Lotto-Jumbo parece que ha venido para quedarse como equipo serio y el líder, Rudi Molard (Groupama), superó el día en cabeza sin dificultades. Mañana todo el mundo deberá confirmar lo suyo en La Covatilla.

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