Vuelta a España

Ni las caídas se atreven con Roglic

El errenteriarra del Euskadi Murias Aritz Bagües se levanta tras verse implicado en la caída que hubo en el pelotón durante el último kilómetro. / RAMÓN CASTELLS
El errenteriarra del Euskadi Murias Aritz Bagües se levanta tras verse implicado en la caída que hubo en el pelotón durante el último kilómetro. / RAMÓN CASTELLS

Bennett gana en Oviedo un sprint que tira a Valverde y Pogacar antes de la etapa del Acebo |

JESÚS GÓMEZ PEÑAOVIEDO.

«La vida de un ciclista es como la de un soldado». La frase es del etíope Tsgabu Grmay, que ha dormido feliz en el 'Chateau La Roca', en Sancibrián, cerca de Santander y no muy lejos de San Vicente de la Barquera y de las arenas de Oyambre, donde está la salida. Grmay, dorsal 103 de la Vuelta, supo de noche que había sido padre de Mary. «Ya la veré cuando acabe la carrera». Al finalizar la guerra. Como los soldados.

Desde las dunas de Oyambre se ven como telón de fondo los Picos de Europa. Agrandan este paisaje perfecto. Buen lugar para ser padre aunque sea a distancia. Consuelo para el guerrero en esta batalla por etapas que es la Vuelta. En la decimocuarta jornada cayeron bombas. Una. En el último kilómetro. Se besaron, rueda con rueda, un corredor del Mitchelton y otro del Education First. Dos bicicletas salieron volando. El grupo, voraz en busca del sprint, saltó en pedazos. El esloveno Mezgec quedó conmocionado, con una clavícula en duda. Acabó en la ambulancia.

A su compatriota Pogacar, tercero en la general, le corría un reguero de sangre del codo zurdo. El andaluz Cubero se dolía de la muñeca; la giraba para descartar fracturas. El líder, Roglic, también puso pie a tierra. Pero se libró del golpe. Valverde, en cambio, se sacudía el polvo del maillot arcoíris tras revolcarse en el suelo de Oviedo, donde ganó el sprint el irlandés Sam Bennett.

Como el tropiezo fue en el kilómetro final, las diferencias no cuentan en la clasificación. «Es que se veía venir», repetía Valverde. Tiene casi 40 años. Las intuye. «Había un repecho que podía cortar el grupo. Por eso todos queríamos estar delante», explicó. Le dio tiempo a frenar y amortiguar el impacto. «Me he caído casi en parado». Aun así, algo le molestaba en una muñeca. «Espero que no sea nada», deseó mientras a su lado, vendado, pasaba Cubedo. También confiaba en pasar una buena noche que remendara las heridas para «seguir adelante en esta guerra». Así es la jerga bélica.

Así, bombardeado, fue el sprint en la habitualmente apacible ciudad de Oviedo. Un sálvese quien pueda. Bennett supo de la caída de oídas. «La he escuchado detrás. Yo iba concentrado en lo mío». En ganar por segunda vez en esta Vuelta. Quiso sorprenderle el belga Van der Sande. Richeze y Bennett le mantuvieron a distancia, dejaron que se consumiera y le pisotearon. Bennett, que no deja de crecer como velocista, es un valor seguro. Por él había apostado el equipo Bora, que nunca permitió espacio para soñar a la fuga.

En esa escapada iban Vanhoucke, Pibernik, Puccio, Dillier, Rossetto y Rubio. Soldados de avanzadilla. Destinados a caer en el campo de batalla, que lucía espléndido en esta etapa sobre acantilados. En la playa desde donde partió la etapa aterrizó de urgencia en 1929 el 'Pájaro Amarillo', un avión que trataba de unir sin escalas Estados Unidos y París. No llegó por poco. Cayó en blando, en los arenales de Oyambre.

El pelotón, que ametralló a la fuga a cuatro kilómetros de Oviedo, cayó en duro. Cortó a Valverde, Pogacar y Quintana. Roglic evitó el golpe. Parece inmune. Ahora le toca afrontar la montaña asturiana. No la conoce. Se la han contado. «Dicen que la subida al Acebo es dura y que la Cubilla es como el Galibier. Bueno, espero que me vayan bien». Con dos minutos y medio de margen sobre Valverde y más de tres sobre Pogacar, López -afectado por problemas gástricos- y Quintana, duerme tranquilo. «Me atacarán desde el inicio», supone. «Estoy listo , como mi equipo», responde. Firme. Soldado acorazado.

Bennett, «creciendo»

Quien puede estar tranquilo hoy es el ganador de ayer. Bennett reconoció que tuvo que «mantener la concentración» tras la caída que se produjo por detrás en el sprint. «La caída no me ha afectado directamente, pero he intentado mantenerme concentrado. Además el Deceuninck seguía muy organizado y he podido celebrar la victoria», se felicitó.

Aunque su triunfo fue claro y con buena ventaja, aseguró que «no lo he podido disfrutar hasta que he pasado la meta», cuando «he visto que los auxiliares celebraban la victoria». A Bennet la victoria le supo «exactamente igual» y le hizo vivir «la misma sensación» que la vivida con su triunfo en la tercera etapa. Ya sobre su futuro, apuntó que seguirá «centrado en el sprint», porque es su «especialidad» y está «creciendo mucho en los dos últimos años» en las llegadas masivas. Y tanto.