Vuelta a España

Alex Aranburu completa el máster

Gilbert celebra la victoria señalando sus diez etapas en vueltas grandes, con Alex Aranburu tras él./EFE
Gilbert celebra la victoria señalando sus diez etapas en vueltas grandes, con Alex Aranburu tras él. / EFE

12ª ETAPA Circuito de Los Arcos Bilbao 171,4 KMS. El ezkiotarra pelea la etapa de Bilbao al gran Philippe Gilbert, que muestra el camino a seguir en el gran ciclismo

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Philippe Gilbert hizo primero y segundo en la etapa de Bilbao. Primero, el maestro valón; segundo, el discípulo de Ezkio. Alex Aranburu (Caja Rural), que ya ha ganado varias carreras como profesional, quizá logró el mejor resultado de su carrera deportiva en la meta de la Gran Vía, por la dificultad de la empresa. Solo fue sometido por un grande del ciclismo, que se encontró un final de etapa perfecto para él. En esa clase de terreno, todo el mundo sabe desde hace años que Philippe Gilbert (Deceuninck) es imbatible. Ahí le plantó cara el guipuzcoano, respaldado por un valiente Fernando Barceló (Euskadi-Murias). El belga manejó el final con maestría y solvencia.

A sus 23 años, Alex Aranburu completó ayer su máster como corredor. Ya no es un aprendiz. Philippe Gilbert le mostró el camino a seguir en el gran ciclismo. El belga ofreció ante los ojos del ezkiotarra un cursillo rápido de lo que es el profesionalismo de primer nivel. Provocó la escapada después de 120 kilómetros de escaramuzas, la gobernó como un general y declaró con transparencia su intención de ganar la etapa. Puso a trabajar a uno de esos gregarios que impresionan, Tim Declerq. Especialistas puros. Cotizadísimos. El gigante de Leuven -el pueblo de donde sale la Flecha Brabanzona- dio un recital desde El Vivero hasta Arraiz. Cazó a Grmay (Mitchelton) y a Grossschartner (Bora) justo al pie del último puerto, ni un centímetro antes ni uno después. Por eso le pagan una fortuna. Vía libre para Gilbert.

Todo el mundo sabía que el valón atacaría en el muro de Arraiz, dos kilómetros al 12% de media y una marea humana. Su terreno. Atacó y nadie tuvo forma de seguir su rueda. Barceló y Aranburu fueron los únicos que aceptaron el reto. Unos segunditos al coronar. Gilbert dejó que los dos chavales, ambos de 23 años, soñaran con cogerle. Fue parte del aprendizaje. Se jugaron la vida cuesta abajo y se acercaron al belga, que parecía bajar despacio pero tenía todo controlado.

Ya en la Gran Vía, en un gesto de rabia y honor, Alex Aranburu lanzó un sprint lejanísimo, a base de arrestos. Llegó con un cabreo monumental. Segunda vez segundo, tras la etapa de Igualada. Segundo día consecutivo en la fuga buena después de Urdax y otra vez con la miel en los labios. Rabia de competidor feroz. Nada más cruzar la meta felicitó a Gilbert con una palmada en la espalda. Fin del máster, el gran ciclismo espera a Aranburu, un rematador, un flandrien, un finisseur, un passista veloce... todas esas palabras mágicas. Que nadie le intente convencer de que puede ganar vueltas. Gilbert le mostró el camino.

El 'quinto monumento'

El ciclista belga, de 37 años y que acaba de firmar por tres con el Lotto, entró en meta con las palmas de las manos abiertas, señalando las diez victorias de etapa que suma en las tres grandes: seis en la Vuelta, tres en el Giro y una en el Tour.

Pero tras ganar también dijo de ayer es su primera victoria en carreteras vascas, a lo que casi dio rango de su 'quinto monumento' tras Flandes (2017), Roubaix (2019), Lieja (2011) y Lombardía (2009 y 2010). Una lectura interesante, si no fuera porque se le olvidó que en 2011 ganó la Clásica de San Sebastián.

«El ambiente que había en la parte final me recordó a las grandes clásicas. El País Vasco es como Flandes», dijo. No es un asunto menor, en boca de una de las personalidades más respetadas de Bélgica, por sus dos comunidades. Francófono, Gilbert corre en el gran equipo de Flandes y habla un neerlandés perfecto. Él mismo llamó a Patrick Lefevere para correr en su equipo. No quería completar su carrera sin dar ese paso. El día que ganó el Tour de Flandes, sus primeras palabras fueron en neerlandés. El gesto fue ampliamente valorado por esa comunidad. Es una figura aglutinadora, que difunde los valores de la tolerancia y del espíritu deportivo. Y es un tótem en el pelotón.

Más que un deporte

La victoria de Gilbert en Bilbao vino a confirmar que el ciclismo es más que un deporte. Quizá no una religión -como muchos estarían dispuestos a defender contra cualquiera en un duelo al amanecer-, pero sí una expresión de cultura popular de primer rango.

Aranburu no es Gilbert, pero solo llegó tres segundos detrás del maestro en Bilbao. No es Gilbert pero también puede llevar la bandera de una tradición, puesto que pertenece a una de las grandes y viejas escuelas. No es una tarea sencilla. Su destino es uno de los equipos internacionales que dominan el pelotón global.

El ciclismo vasco necesita corredores de nivel mundial como el ezkiotarra, pero también equipos. La Vuelta abandona hoy Euskadi después de una victoria (Iturria), una exhibición (Aranburu) y una marea de público. Gilbert lo dijo bien alto: el ciclismo vasco es un asunto importante. ¿Había alguien escuchando?

Más