Tour de Francia

La última bala de un héroe crepuscular

Nairo Quintana en su cabaldaga hacia la victoria./AFP
Nairo Quintana en su cabaldaga hacia la victoria. / AFP

Nairo Quintana se hace a sí mismo un homenaje en el Galibier, donde resiste Alaphilippe

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Nairo Quintana (Movistar) se despidió del Tour de Francia como candidato al triunfo final con una victoria tan grande como melancólica. Fue la última bala de un héroe crepuscular. Cansado, en decadencia y consciente de que su grandeza no volverá, dio un golpe teatral en un escenario grande. A la altura del Nairo Quintana que fue. El Galibier vio su último vuelo. El primer colombiano ganador del Tour se retirará sin ganarlo. Tiene 29 años, pero su tiempo ya pasó. Esa constatación le ha dado a su ciclismo un aire crítico, amargo. Pero los años, los golpes y las derrotas le han aportado la claridad de juicio de quienes ya lo han visto todo y están de vuelta. Pero no se marchan del escenario sin dejar un último golpe de su genio, un último destello de su vieja grandeza, ya oxidada. Eligió para ese gesto el Galibier, que le concedió ese último privilegio.

Con la probable excepción de Raymond Poulidor, Quintana quizá sea el mejor especialista en vueltas de tres semanas que nunca ha ganado el Tour. Todo en su carrera llevaba a lo más alto del podio de París. Cuando ganó la Vuelta al País Vasco de 2013 se creó un consenso en torno a él: tiene el Tour en sus piernas. Pudo conseguirlo ese mismo año, pero Froome aguantó milagrosamente el amarillo en Alpe d'Huez. Si ese día desbanca al británico, quizá la historia se habría escrito de otra manera.

Pero Quintana es un héroe crepuscular porque su ciclismo ha sido decadente. Nunca fue mejor que al principio. La historia ha sido injusta con él. Porque nunca ha sido mejor que al principio pero ha sido un excelente ciclista que ha ganado el Giro de Italia y la Vuelta a España, que ha sido un fijo en el podio de las grandes, especialmente en el Tour, pero ha ido a menos y ha sido el destinatario de la antipatía de un sector amplio de la afición y de la crítica. De carácter fuerte y discurso individualista, su imagen exterior no le ha ayudado. En este mismo Tour ha sido tratado como un paria.

Su cabalgada de ayer por los Alpes tuvo aire de despedida. El gran ciclismo se acaba aquí, pareció decir. Ahora, fichará por el Arkea, con un sueldo en consonancia con el valor de la invitación para el próximo Tour que el equipo francés logrará gracias a su incorporación. Un retiro dorado y un favor a su hermano Dayer, al que se lleva con él.

El gran ciclismo se acaba aquí, pareció decir, pero el gran ciclismo es así, pareció decir a Romain Bardet (Ag2r), su compañero de fuga. Se deshizo del francés silbando, como en los buenos tiempos. Ese era Quintana. Este es hoy, metido en una fuga con una minutada. Pero guardaba su última bala. Es su tercera victoria de etapa del Tour, tras una en 2013 y otra el año pasado.

Bernal, Thomas, el líder...

Quintana está fuera porque su ciclismo ya no existe. El ciclismo colombiano de pequeños escaladores pasó a la historia y el relevo es Egan Bernal (Ineos), un ciclista moderno, europeo. Que podía ser belga. Que caza los abanicos y mete cuneta, es buen contrarrelojista -Quintana se manejó bien en esta especialidad en sus inicios, pero ha perdido totalmente esa cualidad con la madurez, al revés de lo que suele ocurrir- y no comete errores tácticos. Ayer atacó en la parte final del Galibier y sacó medio minuto. Que parece poco, pero en un Tour que se está corriendo al segundo, es mucho. Bernal avanza al segundo puesto de la general.

Al poco del ataque de Bernal, que abrió hueco con cierta facilidad, arrancó Geraint Thomas. El Ineos lo quiere todo. Las dos carreras de las que habla su jefe, Dave Brailsford. Eliminar a Alaphilippe y luego ganar la guerra de guerrillas de los clasificados del segundo al sexto puesto, todos en 44 segundos. El maillot amarillo cedió ante la arrancada del colombiano. Medio trabajo hecho. Thomas atacó a los demás. El otro medio. No salió, porque el galés fue atrapado por Landa (Movistar), Kruijswijk (Jumbo), Pinot (Groupama) y Buchmann (Bora). Pero la idea estaba clara.

Ineos ha detectado que el Movistar le puede hacer la carrera. El equipo de Unzue quiere jugar al ataque, pero no sabe, le falta práctica, tantos años jugando a otra cosa, y los ingleses ayer hicieron el mejor ajedrez. Fueron flexibles. Jamás metían a nadie en escapadas y ayer lanzaron a Van Baarle. Lograron escalonar a Castroviejo y al holandés en el Galibier, cuando los demás ya iban sin equipo. Hay carrera.

Bernal y Thomas fueron los únicos que atacaron. No pudo lanzarse Mikel Landa en el Izoard, pese al trabajo de Marc Soler, que redujo el pelotón a escombros. El alavés dijo en meta que «en el Izoard vimos a alguno que iba sufriendo y aceleramos, luego cambiamos la estrategia. No se movió nadie hasta el final. En la fuga estaba Nairo y por eso estaba nerviosa la gente, había que respetar».

Alaphilippe sufrió en el último kilómetro del Galibier, cuando el Ineos atacó. Le costó un horror llegar a la cima. Llegó con medio minuto cedido. Pero tranquilo. Quedaba toda la bajada y dio un recital. Atrapó al resto de favoritos en apenas cuatro o cinco curvas y si no es porque el descenso del Galibier solo es técnico en la primera parte, les deja bajando. Llegó junto a los demás y a 32 segundos de Bernal.

Conserva 1:30 en la general con el colombiano. Si pierde medio minuto por etapa, como hasta ahora en la montaña, le sobrarán 30 segundos para ganar el Tour porque solo quedan las jornadas de hoy y de mañana antes de París.

La etapa de ayer resultó muy dura y el Iseran puede cobrar alguna factura hoy a sus 2.770 metros de altitud. Se han corrido 18 etapas y se puede decir que la carrera todavía no ha empezado. Solo hay una cosa segura: Quintana no ganará el Tour.

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