Tour de Francia

El Tourmalet nunca se pasa de moda

Elie Gesbert recibió el calor del público en su escapada. / AFP
Elie Gesbert recibió el calor del público en su escapada. / AFP

La afición vasca dio colorido a la gran etapa de los Pirineos y pudo ver al alavés Mikel Landa codeándose con los mejores del Tour

LUCA CORSI

Estación de Barèges, a diez kilómetros de la cima del Tourmalet. Mediodía. Los gendarmes ya han cortado el paso. Incluso a las bicicletas. Prima la seguridad. La cumbre pirenaica más mítica para el ciclismo dispone de un espacio reducido para albergar la infraestructura que requiere una etapa del Tour. Equipos, organización, firmas anunciantes...

Los últimos kilómetros de la ascensión, por una carretera estrecha en la que asoman unos barrancos cada vez más profundos a medida que se aproxima la cima, están protegidos. Solo aquellos aficionados que adelantaron varios días su llegada al Tourmalet pudieron situarse en los pocos espacios disponibles en la parte final de la subida.

La afición vasca no falla a su cita anual con los Pirineos, su montaña. En bici, en autocaravana o en automóvil hasta donde lo permitan. Saben lo que se van a encontrar. Los más valientes y aquellos aficionados a los que no les importa caminar durante una hora, dos, tres o cuatro atacan el Tourmalet para encontrar la mejor posición desde la que animar a Mikel Landa, la esperanza blanca, su corredor más capacitado para intentar la hazaña.

Esperan al alavés. Una hora, dos, tres, cuatro... Las que hagan falta. Ikurriña en mano. Para que se les vea. Para que sepan de dónde llegan. Durante el mes de julio esa bandera forma parte del paisaje del Tourmalet, del Aubisque, del Peyresourde, del Aspin, del Port de Balés.

No era fácil encontrar huecos libres en el Tourmalet. Una multitud convirtió las laderas de la montaña en una espectacular tribuna abierta al cielo de los Pirineos. Había hambre de Tour.

Las esperanzas de los vascos se depositaban en Mikel Landa y el alavés no decepcionó. Subió con los mejores hasta el final, cuando solo quedaron seis ciclistas en cabeza. No tuvo ese punto extra para atacar, pero está bien. Reconoció que los ánimos de los aficionados euskaldunes le dieron un plus para resistir con los mejores.

El Tourmalet nunca se pasa de moda. Es eterno.