Ciclismo

Froome, contra el mundo

Chris Froome comprueba su bici antes de salir a entrenar, en Saint-Mars-la-Réorthe./AFP
Chris Froome comprueba su bici antes de salir a entrenar, en Saint-Mars-la-Réorthe. / AFP

El líder del Sky es el máximo favorito para ganar el Tour y entrar en la aristocracia de los pentacampeones de la mejor carrera del mundo El británico se enfrenta desde mañana al mayor desafío de su carrera deportiva

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Chris Froome (Sky) se enfrenta desde mañana al mayor desafío de su carrera. Nunca se ha sometido a una prueba tan difícil como este Tour de Francia, en la que tendrá que correr solo contra el mundo. Las carreteras del Hexágono serán un campo de minas para el británico.

Sufriendo una presión poco menos que insoportable durante nueve meses, Froome ha ganado el Giro -firmando una etapa mítica en la corsa rosa, la de su cabalgada a lo Fausto Coppi en la Finestre- y ha mantenido un pulso de hierro con todos los centros de poder del ciclismo, la UCI, el Tour y la Agencia Mundial Antidopaje. No solo lo ha soportado, sino que ha salido triunfante logrando la absolución en su caso por su resultado adverso en un control antidopaje en la última Vuelta a España. Ahora le toca pagar la factura

5 Tours.
Froome ha ganado cuatro veces el Tour de Francia y desde mañana busca el quinto, que le igualaría con las grandes figuras históricas de la carrera, los pentacampeones Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Es el máximo favorito.

El Tour, alarmado por el ambiente negativo, pide al público que no amenace la seguridad de Froome

En 2018, Froome ha elegido su calendario con la misma exactitud que sus abogados han llevado su defensa. Solo ha corrido en España y en Italia, donde sabía que contaría con la indulgencia y el cariño acrítico de los aficionados. Confiaba en que la tradición católica del sur de Europa, donde casi todo se perdona con un padrenuestro y tres avemarías, jugaría de su parte. Acertó.

Pero ahora se enfrenta a la intransigencia laica y republicana de un sector de la afición francesa. Tanta, que el Tour, aún rabioso por su derrota en los tribunales antidopaje, se ha alarmado y ha pedido a la gente que no amenace la seguridad física de Froome. El asunto es serio y el Tour, contrario a la presencia del británico mañana en la salida, ha tenido que extremar la precauciones para evitar un incidente que no se puede permitir, aunque el ciclismo se corre a campo abierto, a lo largo de más de tres mil kilómetros, cientos de pueblos y decenas de montañas donde la cercanía entre ciclistas y aficionados es absoluta. Incontrolable. El aficionado francés no escatimará muestras de descontento, no debería superar esa línea.

El británico ha demostrado que no es vulnerable a la presión, pero Francia no es España ni Italia

Hasta ahora, Froome no ha demostrado ser vulnerable a la presión externa. Posiblemente, ningún otro corredor habría podido ganar el Giro en sus circunstancias. Su todopoderoso Sky y él jugaron a todo o nada y ha sido todo.

Los rivales

Tampoco Froome va a encontrar en sus compañeros de pelotón un apoyo monolítico, más bien al contrario. Su gran rival, Tom Dumoulin (Sunweb), ya ha dicho que todo el caso le parece «increíble» y «desafortunado», y que puede perjudicar al ciclismo y alejar a la afición. El holandés también llega al Tour después de disputar el Giro y su favoritismo para este edición genera alguna incógnita.

El motivo principal es que tanto Vincenzo Nibali (Bahrain), como Richie Porte (BMC), el trío Quintana-Landa-Valverde (Movistar) y Romain Bardet (AG2R) no estuvieron en Italia y llegan frescos.

El italiano se erige como una fenomenal amenaza para Froome. Como el británico, ha ganado el Tour. Son los únicos que lo han logrado. Los únicos también que tienen en su palmarés las tres grandes, Giro, Tour y Vuelta. El siciliano tiene clase para ganar y esta vez cuenta con el respaldo sólido de Ion y Gorka Izagirre. Hasta que Froome hizo lo que hizo en la Finestre, Nibali había sido el autor de la mejor carrera de la temporada, su victoria en la Milán-San Remo.

Los demás, no pasan de aspirantes, aunque Nairo Quintana y Alejandro Valverde ya saben lo que es ganar una grande, Giro y Vuelta el colombiano, Vuelta el murciano. Dumoulin es vencedor de un Giro. El resto no ha vencido en una prueba de tres semanas.

Bardet lleva la bandera

Especial mención merece Romain Bardet. Excelente escalador y fondista regular, no se ha bajado del podio en las dos últimas ediciones y eso, soportando el peso de todo su país. Porque Bardet es Francia. Lleva la bandera y asume no solo la misión imposible de ser el primer francés que gana el Tour después de Hinault en 1985, sino también la gestión política de la carrera.

Ha sido severísimo con Froome y ha adoptado un discurso ortodoxo, exigente de mantener mientras al mismo tiempo hay que competir al máximo nivel. Se erigirá en el faro moral de la carrera, pero la crono de Iparralde le puede hacer pedazos.

Froome se enfrenta al mundo. Y el mundo es grande. ¿O no tanto?

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos