Ciclismo

El Tour, bien, tan cruel como siempre

Chris Froome corre junto a Jasper De Buyst para reincorporarse a la carretera tras su caída. El británico tuvo mucha suerte porque evitó chocar de frente con el poste que aparece a la izquierada de la imagen por milímetros. / AFP
Chris Froome corre junto a Jasper De Buyst para reincorporarse a la carretera tras su caída. El británico tuvo mucha suerte porque evitó chocar de frente con el poste que aparece a la izquierada de la imagen por milímetros. / AFP

Froome se cae y pierde un minuto, Quintana pincha y cede 1:15 y solo se ha disputado una etapa llana

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

¿Cómo ha empezado el Tour? Bien, tan cruel como siempre.

Llegan los grandes puertos, y cuando alguien saca un minuto al resto de favoritos se habla de hazaña. Después de cuatro, cinco, seis horas agónicas, media docena de subidas tremendas, el ganador consigue abrir un hueco mínimo y recibe merecidísimos elogios por su valentía y talento.

Pues bien, ayer, Chris Froome (Sky) cedió 51 segundos y Nairo Quintana (Movistar), 1:15. ¿Cuál fue la gran dificultad que abrió semejantes diferencias? Una etapa llana como un plato. La primera del Tour, que sigue fiel a su crudeza. La carrera francesa no ahorra disgustos a nadie. Quien diseñó la primera semana de esta edición buscaba el caos, el ruido y la furia del viento, la velocidad, los codos y las rotondas. Y eso tuvo ayer el pelotón, en generosa ración.

Los protagonistas

Froome ganó el Tour del año pasado por 54 segundos. Después de tres mil y pico kilómetros y de superar todas las cordilleras de Francia: Alpes, Pirineos, Vosgos, Jura y Macizo Central. Ayer perdió 51 segundos, tres menos que toda su ventaja de 2017 en un paseo de doscientos kilómetros por la costa con la 'terrible' dificultad montañosa de la Côte de Vix, 700 metros al 4,2% de desnivel.

La comparación sirve para entender a los directores cuando avisan del peligro de la primera semana y son tachados de alarmistas. Un minuto se pierde en un momento; recuperárselo a rivales de este nivel cuesta tres semanas de agonía, si se consigue.

Froome se vio envuelto en una caída, que también cortó a otros dos favoritos, Richie Porte (BMC) y Adam Yates (Mitchelton). Quintana pinchó a poco más de tres kilómetros de meta. Por muy poco, pero fuera de la zona de seguridad. Un ciclista parado en la cuneta con la rueda en la mano esperando al coche es un hombre desamparado. Solo contra su destino, desarmado, no puede hacer nada más que esperar, justo lo único que no tiene permitido un ciclista: dejar pasar el tiempo.

El que mejor salvó el día fue Vincenzo Nibali (Bahrain), undécimo en meta. También llegaron en el primer grupo Geraint Thomas (Sky), Tom Dumoulin (Sunweb), Mikel Landa (Movistar), Romain Bardet (AG2R), Alejandro Valverde (Movistar), Rigoberto Urán (Education First) y Primoz Roglic (Lotto-Jumbo). Igual que el ormaiztegiarra Gorka Izagirre (Bahrain).

Brillante Gaviria

Por delante de las caídas y los percances, en el mundo de los grandes rodadores y la velocidad, se disputaba otra carrera. Colombia tiene un sueño amarillo, que se llama Nairo Quintana, pero el líder del Tour no es el pequeño escalador de Boyacá sino Fernando Gaviria (Quick-Step), el misil de Antioquia. No le gusta que le llamen misil, «porque soy un hombre de paz y me desagrada que se identifique a Colombia con la violencia», pero con su velocidad el apodo era casi inevitable.

Ganó con brillantez, rematando un recital de su equipo, que gobernó la etapa con mano de hierro. Primero anuló la fuga en el momento justo, cerca de meta para que no se le revolucionase el pelotón, y en el momento de la verdad llevó al colombiano arropado hasta que faltaban 200 metros para la meta. Y Gaviria no falló.

Es la primera vez que un ciclista gana en su etapa debut en el Tour de Francia desde que el suizo Fabian Cancellara lo hiciera en el prólogo de Lieja en 2004 y es el segundo colombiano en vestir el maillot amarillo, después de Víctor Hugo Peña en 2003. Es la decimoséptima victoria del país cafetero en el Tour y la primera al sprint. Ni siquiera Cochise Rodríguez, doble ganador en el Giro de Italia, lo había logrado. Gaviria tiene 23 años y el futuro de la velocidad lleva su nombre, con permiso de sus compañeros Álvaro Hodeg y Fabio Jakobsen, los dos de 21. Es su octava victoria de la temporada. El año pasado ganó cuatro etapas del Giro y ha sido dos veces campeón del mundo en pista.

Pocos conocen mejor al primer maillot amarillo de este Tour que Matxin, hoy director del UAE pero en su día ojeador de nuevos talentos para el Quick-Step. No ahorra elogios para él. «Gaviria es una persona muy tranquila y normal. Hablas con él y no es agresivo, es prudente. Pero en carrera es un killer».

Una vez, Francesco Moser dijo que puede ser el nuevo Sagan. El técnico vizcaíno matiza: «Sí y no. Gaviria va a tener su propia línea. Me recuerda en carácter a Freire, que a los dos les he tenido en casa. Freire era más despistado y éste, más espabilado, detallista y preciso. Es vivo. Pero muy intuitivo, como Freire, que con menos esfuerzo sacaba máximo rendimiento. Gaviria abarca un poco más. Está obsesionado con las clásicas. Tener ese abanico amplio sí le empareja más con Sagan».

Cree Matxin que «tiene poco de colombiano porque viene de la pista. Las carreras en Colombia se hacen en carreteras nacionales, por donde circulan los camiones internacionales. Son rutas muy anchas y cuando llega un puerto no hace falta colocarse ni buscarse la posición. No hay estrecheces. Todo eso que aquí es vital, allí no existe pero Gaviria lo tiene de la pista. Además es listo en carrera».

Hoy defenderá el amarillo en una etapa de similares características a la de ayer. Es decir, otra encerrona para los líderes. Otro sinvivir. Otro día de angustia para intentar llegar con el pelotón y enteros.

Es verdad que la vez anterior que a Chris Froome se le vio correr a pie, en el Mont Ventoux, ganó en París, pero empezar el Tour pateando un prado con la bici al hombro no es el mejor punto de partida. Y hasta los adoquines de Roubaix todavía faltan ocho días. Virgencita, virgencita..., pensará alguno.

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