Ciclismo

Thomas vence el Tour más difícil

Thomas, nada más terminar la contrarreloj, en Ezpeleta. / EFE
Thomas, nada más terminar la contrarreloj, en Ezpeleta. / EFE

El galés subirá hoy a lo más alto del podio de París tras superar una gran oposición

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Geraint Thomas ha ganado el Tour de Francia más difícil desde 2013, cuando un tremendo Nairo Quintana tuvo contra las cuerdas a Chris Froome en Alpe d'Huez, a tres días del final. El galés confirmó ayer en la contrarreloj entre Senpere y Ezpeleta que es un ganador de altura para la mejor carrera del mundo, porque ha derrotado al dominador del último lustro y a su delfín, que han opuesto una resistencia soberbia las dos últimas semanas. El ojo clínico de Thomas para ser el único favorito capaz de salvar la primera semana de carrera (que hoy parece el siglo pasado) sin incidentes le permitió acceder al corazón de la carrera, las dos semanas de concatenación de Alpes y Pirineos, en posición de ventaja. La ha defendido con autoridad y ha logrado un triunfo inapelable.

No ha sido una victoria de las que levantan de sus asientos a los aficionados, pero ha sido un triunfo de peso. De enorme dificultad por el nivel de la oposición que ha tenido que afrontar. No es cualquier cosa derrotar a Chris Froome y a Tom Dumoulin, protagonistas de la gran carrera de la temporada, el Giro de Italia, donde, allí sí, mantuvieron un mano a mano que pasará a los anales de la historia.

Los dos llegaron bien al Tour, de esta forma, elevaron el nivel de dificultad de la carrera hasta el máximo. El sexto puesto de Romain Bardet (AG2R), fijo en el podio los dos últimos años dando la sensación de que podía ir a más, es significativo. Como el séptimo de Mikel Landa (Movistar), limitado por su dura caída en Roubaix. Los dos corredores que el año pasado se disputaron el tercer escalón del podio de París, no han estado en la lucha por la victoria. No lo han alcanzado, por el incremento de nivel que ha experimentado la carrera este año. Con Kruijswijk (Lotto-Jumbo) han formado el 'podio' de los que han estado un peldaño por debajo de los mejores. Kruijswijk-Bardet-Landa sería un podio de lujo para cualquier carrera, incluido el Tour otro año.

Geraint Thomas ha ganado un Tour de un nivel extraordinario, donde las fuerzas centrífugas que se generan ante un cambio de ciclo han sido terribles. La generación que se va (Froome, de 33 años y Thomas, de 32) que no deja paso a la que llega (Dumoulin, Roglic, ambos de 28), que no se resignan y empujan con una fuerza descomunal. Ese choque, un clásico de la historia del deporte, ha provocado un Tour de máxima dificultad. Y Thomas ha sido un ganador a la altura.

El año pasado, Froome estuvo escoltado en el podio por Rigoberto Urán (Education First) y Romain Bardet. La víspera de llegar a París se sinceró y desveló que en Peyragudes pasó un día crítico. Admitió que si ese día alguno de sus rivales le hubiera atacado, habría perdido el Tour porque estaba muy mal. Pero nadie atacó. Ganó el Tour por menos de un minuto. Thomas no ha tenido ese margen. Todos los días ha tenido que responder a los ataques de sus rivales. Todos los días se ha tenido que mostrar como el más fuerte. Esa constancia implacable en la presión de sus adversarios forma parte del valor de la victoria del que, quizá, pueda ser su único Tour, su obra maestra. Lleva corriendo en Francia desde 2007 y tendrá que decidir si ha cumplido con su destino o quiere seguir sometido a la exigencia de esta carrera.

Froome estará en el podio

La mejor muestra de ese choque brutal en el que nadie ha dado su brazo a torcer se vivió ayer en la crono entre Senpere y Ezpeleta, en la que Dumoulin ganó y Froome se subió al podio final. No ha habido concesiones ni el último día.

El holandés del Sunweb ofreció un gran espectáculo a la afición vasca, que le adora. El sentimiento es recíproco. En un recorrido precioso por las carreteras más pintorescas de uno de los viejos países de ciclismo de Europa, Dumoulin se encontró en casa y, no sin suspense, batió a Froome por un segundo. El británico verá los Campos Elíseos desde el tercer escalón. Desde 2012, cuando fue segundo, solo había llegado a París vestido de amarillo.

La víctima fue Primoz Roglic (Lotto-Jumbo), que también corría en casa tras su triunfo en abril en la Vuelta al País Vasco. El esloveno, el cuarto en discordia en este Tour, no pudo con el último día de competición. En una crono que le favorecía, falló. Las piernas que le han hecho volar montaña arriba las dos últimas semanas y la aerodinámica privilegiada que le hizo bajar sin red el Aubisque el viernes, ayer le abandonaron. Pero su Tour ha sido de importancia. En once meses, se presentará en la salida de Bruselas y será favorito. Con argumentos.

Thomas, hasta Pinodieta

Geraint Thomas es el tercer Sky que gana en París desde 2012 y es más Wiggins que Froome. Seguramente, el momento en que más ha peligrado su Tour fue ayer en una curva a la entrada de Ustaritz. Se le fue la rueda trasera y pudo haberse caído. Y cuando un ciclista, puro hueso y pellejo a estas alturas del Tour, se va a suelo se puede romper cualquier cosa.

Se mantuvo en pie el galés pero tras marcar el mejor tiempo en le primer paso cronometrado fue perdiendo pujanza. Seguía al frente en el segundo pero le empezaban a recortar las fieras, Froome y Dumoulin. Y faltaba el muro de Pinodieta, lo más duro de la etapa. Y hasta allí le duró el aliento. Con la victoria de etapa más que comprometida, prefirió no arriesgar en la bajada a Ezpeleta. Quizá pensó que ganaba Froome. Ganó Dumoulin. Los dos rivales que han engrandecido su triunfo.

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