Ciclismo

Ese maillot no lo quiero

Chavanel, en el etapa de ayer en la que su equipo corrió en casa./AFP
Chavanel, en el etapa de ayer en la que su equipo corrió en casa. / AFP

Sagan gana y sucede en el liderato a Gaviria, cortado en una caída en la preparación del sprint

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

Con tal de no correr con un maillot como el de los demás, Peter Sagan (Bora) es capaz de no dejar ganar el campeonato de Eslovaquia a su hermano. Sabe que no volverá a adjudicarse el Mundial, porque este año es muy montañoso en Innsbruck, así que en 2019 no llevará el arco-iris, como las tres últimos temporadas. Llevará el de campeón de su país, aunque eso signifique dejar a su hermano Juraj sin su única victoria segura del año. Si es capaz de eso, cómo no va a ganar una etapa del Tour para vestirse con el maillot amarillo.

En la primera etapa, el campeón del mundo derrotó a todos los sprinters puros, salvo a Fernando Gavi-ria (Quick-Step). Ayer, el colombiano se cayó en una curva a poco más de un kilómetro de la meta y Sagan no dejó pasar la oportunidad. Ganó con facilidad el sprint del grupo de diez que libró la caída y se quedó en cabeza. Muchos velocistas no pasaron, pero los que quedaron no eran una banda: ahí estaban Démare (Groupama), Greipel (Lotto), Kristoff (UAE), Degenkolb (Trek) y Colbrelli (Bahrain). Sagan batió bien al italiano y gracias a los 10 segundos de bonificación es el nuevo líder del Tour. Es su novena etapa del Tour.

Con los grandes motores del pelotón en ebullición, quemando vatios y kilos hacia la meta, despreciando el riesgo y cortando curvas a base de potencia, una presencia extraña. Fino como un cuchillo, ágil como un leopardo, un viejo de 38 años: Alejandro Valverde (Movistar) fue el único grande de la general que entró en cabeza. Es tan bueno, anda tanto y está tan liberado de responsabilidad, que allí se coló, como si no costase, mientras 160 ciclistas se quedaban atrapados en la caída de Gaviria, Matthews (Sunweb) y compañía. Por supuesto, Froome (Sky), Quintana (Movistar) y Porte (BMC) no vieron el hueco. Lo mismo que Adam Yates (Mitchelton), que lleva un pleno. Dos caídas en dos días.

Sagan batió a Colbrelli y Démare y logró su novena victoria de etapa en el Tour

Chavanel protagonizó la fuga del día, una de esas aventuras que tanto gustan en Francia

El corte no tuvo ninguna trascendencia en la clasificación, ya que se produjo dentro de la zona de seguridad. Mismo tiempo para todo el mundo. Pero Valverde ya parece uno de esos viejos leones del Serengueti, que cazan casi con la mirada. Los antílopes se les caen a sus pies. Algún rival de Valverde haría bien en preocuparse.

Más tensión

La caótica llegada a La Roche-sur-Yon fue el desenlace lógico de otra etapa marcada por la tensión. El Tour no ha cubierto aún 400 kilómetros y el parte de guerra es tremendo. La mitad de los favoritos ya ha perdido un minuto, casi todos han rodado por el suelo y los que no, han visto el miedo de frente. Han oído el chirriar de los frenos, han tocado la rueda del de delante o les han tocado la trasera y su estómago ha escuchado (esas cosas las oye el estómago) el inconfundible ruido de las caídas.

Así que medio pelotón está de los nervios. Peor está Luis León Sánches (Astana), en el hospital tras una durísima caída a 50 kilómetros de meta con el codo izquierdo roto. También abandonó Tsagabu Grmay (Trek), enfermo.

El único que se lo pasó bien ayer fue Sylvain Chavanel (Direct Energie), que se fugó con un grupo pero como no le gustaban los compañeros se marchó solo y cruzó la región de la Vendée saludando. Es la sede de su equipo y se dio un baño de masas a la antigua usanza, cuando el pelotón permitía al ciclista local adelantarse para saludar a la familia en la puerta de casa.

El ciclista de turno, siempre un modesto, acudía a donde el jefe de la carrera y le preguntaba, monsieur Bobet, signor Bartali, monsieur Anquetil, que vivo en Saint-André Treize Voies y acabo de ser padre, a ver si puedo saludar al pequeño Fabien. Vaya usted, vaya. Y el modesto iba y saludaba. Así se pasó el día Chavanel, saludando, saliendo en la tele y haciendo feliz a su jefe, el incombustible Jean-René Bernaudeau, veinte años con su equipo de la Vendée en marcha.

La etapa volvió a correrse entre una multitud, que cubrió los 180 kilómetros de recorrido. Con la 'grandeur' enterrada en las profundidades de la historia, el Tour es el gran escaparate de Francia en el mundo y la gente sabe que es parte fundamental de ese engranaje. Sale a las cunetas y transmite la imagen de un pueblo volcado con su carrera y sus campeones. Francia como baluarte de la vieja cultura.

El Tour es la Francia tradicional, la de sus pueblos. Ha tenido que ajustarse a la tiranía del Mundial de fútbol, en el que la selección gala está haciendo un gran papel y puede resultar campeona. Es otra Francia. La de las grandes ciudades y la 'banlieue', sus gigantescos barrios de la periferia con ciudadanos de orígenes diversos. Con sus carencias sociales, sus tensiones y el potencial que genera el mestizaje.

Si algo tiene el Tour es que recorre Francia casi casa por casa. Eso significa atravesar el Hexágono por sus carreteras locales, con lo que el riesgo para los ciclistas aumenta. La primera semana de esta edición es de libro en ese sentido. Hasta que el domingo termine la etapa de Roubaix no habrá tanquilidad en los corazones de los favoritos.

La CRE, casi una liberación

En este estado de nervios, la llegada hoy de la contrarreloj por equipos es casi vista como una liberación para los corredores, cuando antes de la salida era una jornada temida por casi todos, por las diferencias que se pueden abrir en 35 kilómetros en esta disciplina.

La locura de las dos primeras etapas hace que los equipos de los favoritos vayan a ser los primeros en salir. Abrirá el fuego el Mitchelton de Yates y le seguirán Sky y Movistar. El BMC será el quinto en salir.

La inclusión de la crono por equipos y la reducción de nueve a ocho corredores por escuadra han obligado a los directores a afinar su selección para el Tour. La teoría de la manta de Xabier Azkargorta explica que si te tapas la cabezas los pies quedan al descubierto, y viceversa. Si un equipo apuesta por la crono por equipos se puede quedar corto en montaña y al revés. Solo el Sky, con su poder infinito -dentro y fuera de la carrereta, como se ha visto en el caso Froome- parece tener una manta del tamaño necesario. Los demás, algún dían van a pasar frío.

Movistar, con sus tres tenores, puede convertir las etapas de montaña en un festín, pero antes hay que salir de este atolladero con meta en Roubaix dentro de seis días. La crono por equipos puede estabilizar la clasificación por un tiempo, pero mañana la carrera volverá al mar y, con el salitre, volverán el viento, la velocidad y el miedo.

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