Tour de Francia

¿Qué sabe Thomas de los gigantes?

Tom Dumoulin y Geraint Thomas se cruzan en la salida de ayer en Trie-sur-Baïse/ AFP
Tom Dumoulin y Geraint Thomas se cruzan en la salida de ayer en Trie-sur-Baïse / AFP

El líder, Dumoulin y Roglic miden su estatura en la etapa de los puertos míticos de los Pirineos. ¿Y Froome? |

Iñaki Izquierdo
IÑAKI IZQUIERDO

A Geraint Thomas (Sky) solo le separa de su victoria en París la historia. Y Chris Froome (Sky) es un animal peligroso. Porque conoce la historia.

Más que una etapa, el Tour afronta hoy una peregrinación por sus más santos lugares, de obligado cumplimiento para cualquier campeón ciclista, con el paso por esa sucesión mítica, poética, de Aspin, Tourmalet y Aubisque.

Desde el fondo de los valles pirenaicos sube una voz y es la voz de Eddy Merckx. Sube por la suave ladera del Aspin. Sube por las terribles rampas del Tourmalet. Sube por el desierto, por esa tierra de nadie que lleva al Soulor y al Aubisque. Es una voz que escucha Chris Froome, porque Chris Froome ya solo habla con la historia.

En estas mismas carreteras, Merckx protagonizó en 1969 su primera gran hazaña en el Tour, la que aún hoy se recuerda. «Hasta aquel día, no empezamos a saber quién era el verdadero Merckx», explicaba Raymond Poulidor, tercero en aquel Tour. En el grupo perseguidor de Merckx aquel 15 de julio ladera arriba ladera abajo Aspin, Tourmalet y Aubisque. En aquel grupo perseguidor que llegó a meta a 7:56. En aquel grupo que vio irse al belga en el Tourmalet sin poder hacer nada.

Froome sabe que Merckx no necesitaba atacar aquel día, porque era líder con 8:21 de ventaja sobre Roger Pingeon. Y sabe que un subalterno se le rebeló y que por castigarle arrancó. Y que, aunque faltaban 140 kilómetros, siguió solo hasta la meta. «Creo que he hecho algo que la gente recordará», dijo al llegar.

'L'Equipe' tituló: «Merckx supera a Merckx». Música celestial para Froome, que tiene imposible ganar el Tour y por eso es el único que puede ponerlo patas arriba hoy en los caminos de la historia.

Porque la posición táctica de Thomas se aclaró en el Portet y ahora es muy sencilla. Con el retraso de Froome, adelantado por Tom Dumoulin (Sunweb), ahora, el segundo clasificado es un rival. Antes lo era una sutileza.

Un compañero. Un cuádruple ganador del Tour de Francia. El hombre que ganó el Giro de Italia con un ataque en un camino para carros de bueyes a 80 kilómetros de meta. Uno que no se rinde nunca. Uno que cuanto peor parece que va más corre. Uno que habla el idioma de Merckx y quiere sentarse a cenar en la mesa de los campeones con él, con Anquetil, con Hinault, con Indurain. De todos esos Froome, ¿cuál es el verdadero? ¿El que dice que «Thomas se merece ganar y me pongo a su servicio»? ¿Un campeón de 33 años que ha ganado las tres últimas grandes vueltas que ha corrido se va a conformar? ¿Uno que de las ocho últimas grandes que ha terminado ha ganado seis y ha sido segundo en las otras dos entrega una carrera con una etapa como esta por correr?

¿Cómo maneja Thomas, uno de Gales, el realismo mágico de estas montañas? ¿Sabe algo de los gigantes de los Pirineos?

¿Cómo? Los maneja con realismo, sin tanta ensoñación, tanta alucinación. Con sus piernas, que generan más vatios que las de los demás y zanjan el asunto como lo haría un notario.

Dumoulin contra todos

La situación táctica salida del Portet facilita la vida a Thomas, enfrentado a una situación real y no a los sueños insensatos de alguien como Froome. El galés solo debe sujetar a Dumoulin, a 1:59, y a Primoz Roglic (Lotto-Jumbo), a 2:47. El único problema del líder son sus piernas, porque si no funcionan como hasta ahora esa situación aclarada también lo es para sus perseguidores. Hasta el Portet corría escoltado. Ahora corre sin red. Tiene que ganar él.

Dumoulin es un adversario fenomenal, un prodigio, el hombre llamado a dominar los próximos años. Necesita forzar a Thomas para ver si flaquea. En su caso, un ataque épico desde el Tourmalet parece inviable. Porque si se marcha, le perseguirá un ejército, el Sky, encabezado por Egan Bernal. El colombiano es el elegido por el mánager del equipo, Dave Brailsford, para dar continuidad a la saga Wiggins-Froome-Thomas.

El holandés no puede aspirar a devolverle la moneda del Giro al Sky. Allí se fue Froome y Dumoulin estaba solo. O peor que solo, con el peor bajador del pelotón, Reichembach (Groupama), que le hizo perder un minuto (¿y el Giro?) en el descenso de la Finestre. Si él se va hoy, le perseguirán Bernal, Castroviejo, Poels, Kwiatkowski y, si la cosa se pone mal, también Froome. ¿A dónde va así? Un ataque postrero en el Aubisque para ganar unos segundos y estirarlos en la bajada a meta es su mejor opción. Acercarse en la general y desafiar al líder, un buen contrarrelojista, en la crono de mañana en Euskadi.

La tesitura de Roglic es similar, pero está más lejos y tiene a Froome en medio. El esloveno va muy suelto y es valiente. Atacará. ¿Dónde? ¿Con quién? A lo mejor, en el camino llano desde Lourdes hasta Arreau, donde empieza el Aspin, Froome aprovecha para contarle la historia de Merckx. Y que es en estas carreras donde se construyen las leyendas. Que aquí empezó todo. Que si por un camino puede pasar un oso, puede pasar un ciclista. Que los herreros de estas montañas saben arreglar bicicletas desde 1910. Y si el esloveno entiende algo de lo que le dice, a lo mejor se lanza de cabeza. Porque Roglic no tiene miedo.

Más

 

Fotos

Vídeos